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GUÍA
DE LECTURA
En este tiempo que nos toca vivir, umbrales del tercer milenio, los Obispos de
la Argentina nos ofrecen una meditación esperanzada. ¿De qué hablan? Nos
hablan de Jesucristo. Nada menos.
Podemos
preguntarnos: ¿para qué? Y el texto nos responde: "para ayudar a vivir
el sentido de este tiempo particular con una mirada impregnada de fe y
esperanza" (punto 2).
Porque
la persona de Jesucristo vivo, quien nos acompaña en el camino de la vida
como lo hizo con los discípulos de Emaús, nos ofrece su ayuda y cercanía
para que lleguemos a vivir mejor.
El
documento está dividido en una introducción, tres partes y una reflexión
final.
La
primera parte nos habla sobre nuestro origen en el amor del Padre Dios y sobre
nuestra identidad como personas y como comunidad (puntos 3 al 6): el pasado.
La
segunda parte nos habla de la venida de Jesucristo y cómo esa venida ilumina
el tiempo que nos toca vivir (puntos 7 al 13): el presente.
La
tercera parte nos habla de la esperanza que Jesucristo nos propone (puntos 14
al 19): el futuro.
A
continuación ofrecemos una Guía de Lectura como ayuda para reflexionar y
asimilar su contenido. Esta Guía puede facilitar la reflexión personal,
aunque su finalidad principal es que constituya una ayuda para que
"Jesucristo, Señor de la historia" sea leído en familia y en las
diversas comunidades donde se congregan los bautizados.
INTRODUCCIÓN
La introducción nos presenta el motivo fundamental del Gran Jubileo con el
que iniciamos el tercer milenio: recordar y celebrar que "hace 2.000
años nacía Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios hecho hombre" (punto 1).
Pero
esto también nos invita a escuchar una vez más a Jesús que nos habla a
través del Evangelio y de la Iglesia "para emprender el camino del
tercer milenio" (punto 1). Por eso, el punto 2 de esta introducción nos
ofrece tres textos bíblicos, el testimonio del papa Juan Pablo II, y la
invitación de los Obispos de la Argentina para que juntos llevemos a la
práctica la nueva evangelización.
Reflexión con el texto
1.
Leamos el primer párrafo del punto 2 y prestemos atención a los tres textos
bíblicos que nos presenta.
2.
Preguntémonos ahora: ¿Cuáles son las cosas que más nos agobian, nos
fastidian, nos desalientan? Y luego: ¿Qué nos proponen los tres textos
bíblicos que leímos?
3.
Leamos el segundo párrafo del punto 2 y preguntémonos a qué nos está
invitando el Papa Juan Pablo II y con qué gestos y acciones concretas podemos
responder a esa invitación como personas y como comunidad.
4.
Leamos el tercer párrafo del punto 2, donde se nos recuerda que los Obispos
argentinos nos han invitado a una "nueva evangelización".
5.
Tratamos de recordar qué nos proponían las "Líneas Pastorales para la
Nueva Evangelización". ¿Cuáles eran los desafíos que nos planteaban,
el contenido de la nueva evangelización y el espíritu que ha de animarnos?
6.
Nos preguntamos: ¿De qué manera hemos puesto en práctica lo que nos pedían
las Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización? ¿Qué nos queda por
hacer?
7.
Recordemos, por ejemplo, un párrafo de las Líneas Pastorales para la Nueva
Evangelización que nos invita a acercarnos a los pobres:
"En
la Argentina se le presenta a la Iglesia el desafío de su atención
espiritual. Por eso cuando la Iglesia no vive y actúa entre los pobres, desde
ellos y con ellos, aparece identificada con un sector (Iglesia = clase media);
más aún, la omisión o falta de una buena distribución de los agentes y
recursos evangelizadores, significa dejarlos a merced de las sectas"
(LPNE 32c).
¿Qué
pasos hemos dado para responder a este pedido? ¿Qué podríamos hacer a
partir de ahora, más concretamente?
PRIMERA PARTE: "EN EL PRINCIPIO DEL TIEMPO…
"Esta primera parte del texto nos recuerda
que estamos en una época de muchos cambios. En medio de tantos cambios a
veces nos cuesta saber quiénes somos en realidad, para qué estamos viviendo,
qué sentido tiene lo que hacemos. Por eso hoy, que todo se transforma, nos
preguntamos por nuestra identidad como personas (punto 3), pero también como
familia, como comunidad y como país.
Para
que podamos plantearnos mejor quiénes somos y qué sentido tiene nuestra
vida, el texto nos dice que "nuestro origen está en un Dios que
ama" (punto 4). Este mensaje vale para todos, sin excepción; vale
también para los que han nacido y crecido en medio del desprecio y del
desamparo. Y vale de una manera especial para los que han nacido mediante el
Bautismo como hijos de Dios.
Luego
se nos recuerda que Dios nos ha creado sociales, porque nos hizo a su imagen y
semejanza, y Él mismo es una comunidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por
eso, "el existir con otros y el vivir juntos no es el fruto de una
desgracia a la que haya que resignarse, ni un hecho accidental que debamos
soportar" (punto 5). Es más bien un llamado del Dios que nos ama y nos
llama a vivir "la unidad en la diversidad".
Por
último, se nos invita a descubrir que también nuestra patria es un don de
Dios que debemos amar, cuidar y mejorar.
Reflexión con el texto
1.
Leamos el punto 4 (Nacidos del amor), tratando de aplicarlo a nuestra propia
experiencia.
2.
Preguntémonos cómo podemos ayudar a otros para que puedan tomar
conciencia de esta verdad. ¿Cómo podemos transmitir esta convicción
mediante nuestro trato personal y nuestra forma de vivir en comunidad?
3.
Nos ayudamos en esta reflexión con un párrafo de las Líneas Pastorales para
la Nueva Evangelización: "No podemos olvidar, o desconocer, que todos
los bautizados tienen derecho a encontrar en su Parroquia una comunidad que
los acoja, y les brinde una efectiva y afectiva ayuda fraterna…" (LPNE
44b).Las Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización varias veces nos
indican la necesidad de crear en nuestras comunidades una atmósfera de
"acogida cordial" ¿Qué pasos podríamos dar para llegar a ser
signos más luminosos del amor de Dios? ¿Cómo hacer para que la gente pueda
recibir a través de la comunidad cristiana la presencia de Dios que los ama y
respeta? ¿Cómo podemos desarrollar mejor esta acogida en la entrada de
nuestros templos, antes de iniciar nuestras reuniones? ¿Cómo recibir mejor a
quienes se acercan para pedir el Bautismo, la catequesis, a los novios que
desean casarse, etc.? ¿Cómo podríamos facilitar que puedan integrase y
sentirse cómodos en nuestra comunidad quienes aún están alejados?
4.
Leamos ahora el punto 5 (Una convivencia…), tratando de aplicarlo a nuestra
forma de vivir en la sociedad y en la familia.
5.
¿Realmente podemos decir que en nuestro medio se valora la diversidad; que
sabemos dialogar; que en la práctica nos enriquecemos los unos a los otros?
¿Aceptamos con respeto y gozo esta diversidad en nuestra vida familiar y
comunitaria? Para ser bien concretos: ¿podríamos hacer una lista de las
dificultades que encontramos para vivir de esta forma y preguntarnos cómo
podemos superarlas?
6.
¿Esa diversidad refleja también la unidad que hay entre el Padre, el Hijo y
el Espíritu Santo? Una manera de vivirla es apreciar de corazón nuestra
pertenencia a la Iglesia e irradiar el deseo de acrecentar la unidad y la
comunión fraterna.
7.
¿Esta unidad está abierta a la evangelización? Recordemos que las Líneas
Pastorales para la Nueva Evangelización nos indican que el impulso misionero
es indispensable "para que la comunidad eclesial no quede cerrada sobre
sí misma" (LPNE 30f). ¿Cómo podemos acrecentar nuestras acciones
misioneras?
8.
Leamos el punto 6 (La patria…).
9.
Si la patria es un "don de Dios" para nosotros ¿cómo podemos
expresar mejor que los cristianos no nos desentendemos de nuestra patria, que
realmente la amamos, trabajamos para cuidarla, desarrollarla, valorando
nuestra identidad como argentinos?
SEGUNDA PARTE: "EN LA PLENITUD DE LOS
TIEMPOS…"
Aquí se nos ofrece una confesión de fe en
Jesucristo, indicando cómo Él ilumina la historia de las personas, las
comunidades, los países y el mundo entero. Porque "no basta afirmar que
nuestro origen está en un Dios que nos ama. Creemos que ese amor del Padre
Dios llegó a un extremo incomprensible" (punto 7).
Al
hacerse hombre, Jesús vivió una historia en todo semejante a la nuestra,
pero sin cometer pecado. Se entregó en la cruz por nosotros, mostrando así
cuánto nos ama. Resucitó y por eso Él comparte nuestra historia. "Su
presencia también es una realidad para nosotros" (punto 7).
Esto
nos invita a meditar sobre el tiempo, a preguntarnos cómo lo vivimos (punto
8), para descubrir que Jesús tiene que ver con nuestro tiempo y nuestra
historia. Su nacimiento, su vida y su muerte, su resurrección y el envío del
Espíritu Santo, renuevan nuestro interior pero también iluminan la propia
historia personal y cambian nuestra forma de caminar por el tiempo de esta
vida (punto 9).
Por
eso no podemos despreciar nuestra historia o escapar de ella; tampoco tenemos
que aislarnos para encontrar al Señor y salvarnos. Al contrario, dentro de
nuestra propia historia y en nuestro propio mundo hemos de encontrarnos con el
Señor. Así todo se convierte en un desafío para mejorar esta historia.
Porque el Espíritu Santo que Jesús nos da quiere estar dentro de este mundo
y empujar la historia hacia delante (punto 10).
Descubriendo
a Jesús entre nosotros, reconocemos que hay muchas cosas que no están de
acuerdo con su presencia y su Evangelio. Los Obispos ponen de relieve la
inequidad: el que algunos tengan tanto en esta vida mientras la mayoría
recibe tan poco y muchos casi nada. Y aquí se nos invita a revisar de qué
modo estamos aportando para desanudar esta red de egoísmo y de injusticia.
Finalmente,
esta segunda parte del texto nos propone reconocer la presencia de Jesús en
este mundo, entre nosotros. Sobre todo su presencia en la Eucaristía, que
alimenta nuestra caridad (punto 12) y que nos invita a un encuentro de amistad
(punto 13). Pero también las otras formas de presencia del Señor que
iluminan nuestro camino por esta historia y nos invitan a la conversión
(punto 13).
Reflexión con el texto
Ya
que esta segunda parte es la más extensa, conviene que la dividamos en dos
secciones para poder asimilarla mejor. Sería recomendable tomar primero los
puntos 7, 8, 9 y 10 y en otro momento, luego de un breve repaso, los puntos
11, 12 y 13.
1.
Leamos el punto 7, que nos presenta una síntesis de nuestra fe en Jesucristo.
2.
Al final de ese punto se mencionan tres testimonios de personas que "han
reflejado en su vida la presencia luminosa de Jesús". ¿Podríamos
recordar otros modelos que más nos hayan impactado?
3.
Leamos el punto 8 procurando identificar, mediante algunos ejemplos, los
tiempos de frustración, de rutina, de amanecer, de promesas, etc.
4.
¿Qué tiene que ver el tiempo con Jesús? ¿Cómo se relaciona Dios con el
tiempo?
5.
Leyendo el punto 9 procuremos reconocer cómo Jesús ilumina nuestras
historias personales con su propia historia. El nacimiento de Jesús, su vida,
su muerte, su resurrección ¿qué relación tiene con nuestras vidas?
6.
¿Qué sucede por la acción del Espíritu Santo?
7.
¿De qué manera la familia de Jesús ilumina nuestra vida familiar?.
8.
Leamos ahora el punto 10. Luego hagamos una lista de cosas que están
sucediendo, de cambios y novedades que a veces nos preocupan o nos asustan. Y
preguntémonos ¿qué desafíos nos está proponiendo el Señor, a través de
esos cambios que acontecen?
9.
Al comienzo del punto 11 se nos habla de los atentados a la vida, los ataques
a la familia, la carencia de valores en la educación, etc. ¿Podríamos
concretar, bien en detalle, las distintas maneras como se manifiestan estas
preocupaciones de los Obispos en nuestro propio ambiente. Por ejemplo:
¿podemos descubrir una falta de amor a la vida no sólo en la multiplicación
de abortos, sino también en el estado de la salud pública, en la crueldad de
los crímenes que proliferan en todas partes?, etc.
10.
Más adelante, el mismo punto 11 destaca un desafío especial: el de la
inequidad. Al final invita a que cada uno de nosotros se interrogue. Leamos
detenidamente esta exhortación y preguntémonos: ¿qué tiene que cambiar en
nuestras opciones y formas de actuar para que podamos construir un mundo más
justo y solidario?
11.
En el mismo punto 11 se mencionan unos párrafos de las "Líneas
Pastorales para la Nueva Evangelización" que relacionan la fe cristiana
con la dignidad humana. ¿Podemos explicar cómo es esa relación? ¿Cómo nos
ayuda nuestra fe cristiana para comprender y valorar la dignidad de las
personas humanas?
12.
Los Obispos de la Argentina han pedido tres Gestos Jubilares: respecto de los
indocumenta-dos, los aborígenes y los encarcelados. Los Obispos han querido
ser voz de los que no tienen voz, aún sabiendo que estos Gestos no serán
aplaudidos ni aprobados por muchos. ¿Qué gestos podríamos realizar nosotros
para acercarnos a los pecadores, a los excluidos, a los débiles y a los
sufrientes?
13.
En el punto 12 y en el primer párrafo del punto 13 los Obispos nos recuerdan
la real presencia de Jesús en la Eucaristía. Esta presencia nos invita a una
actitud con los hermanos y a un encuentro con el Señor. ¿Cuál es esa
actitud con los hermanos? ¿Y cómo es el encuentro con Jesucristo en la
Eucaristía?
14.
Al final del punto 12 se nos recuerda el sentido que tiene para los cristianos
el domingo y la Misa como asamblea que lo celebra. ¿Estamos dando testimonio
de respeto por el "día del Señor"? ¿Qué pasos podríamos dar
para ayudar a otros a valorar la Misa del domingo y para que sea vivida en
familia? ¿Nuestras celebraciones dominicales están dignamente preparadas?
15.
Leamos el segundo párrafo del punto 13 y procuremos recordar las distintas
formas de presencia de Jesús que allí se enumeran.
16.
El tercer párrafo del punto 13 nos habla de una conversión que no es sólo
personal sino también comunitaria; es un camino que queremos recorrer
"como Pueblo de Dios". Es más, tenemos que intentar que el rostro
de Cristo se refleje mejor "en las estructuras de su Iglesia amada".
Preguntémonos entonces con sinceridad: ¿Qué cosas deberían cambiar en
nuestras comunidades cristianas (receptividad y acogida, formas de
participación y de encuentro, organización, economía, etc.) para que la
Iglesia pueda reflejar mejor el rostro de Jesús? Nos ayudará volver a
considerar los números 43 y 44 de las "Líneas Pastorales para la Nueva
Evangelización".
TERCERA PARTE: "EN EL FINAL DE LOS TIEMPOS…"
Esta tercera y última parte nos propone mirar hacia el futuro para no olvidar
que Jesús nos sostiene en la esperanza. En primer lugar nos recuerda que Dios
respeta nuestra libertad, esa libertad enferma que muchas veces se opone a su
plan de salvación (punto 14). Luego enumera algunas falsas ideas acerca del
futuro y nos hace ver la originalidad de nuestra fe: nuestro origen en Dios y
también su plenitud final en Dios (punto 15).
Hacia
esa plenitud vamos caminando con nuestra libertad, trabajo y amor, porque
"encontramos en nuestra fe un motivo para trabajar en la edificación de
un mundo más humano" (punto 16). Los cristianos creemos que vamos
preparando el reino de los cielos mediante nuestra forma de vivir cotidiana,
asistida y transformada por la gracia.
El
futuro no podrá construirse sin Dios. No son suficientes los proyectos, los
esfuerzos y los progresos científicos. Nada de ello por sí mismo nos asegura
un futuro mejor: necesitamos abrirnos a la novedad de Dios. Es más, nosotros
creemos que Jesucristo volverá y transformará este mundo "de una manera
insospechada" (punto 17).
En
el mundo de hoy se perciben numerosos signos de que hay una esperanza. Uno de
esos signos es la fe del pueblo sencillo, que confía en Dios y prosigue
caminando cuando parece que no hay ninguna salida imaginable (punto 19).
Reflexión con el texto
1.
Reconocimos que nuestra vida y todo el universo proceden del amor de Dios, que
Jesús resucitado está presente en este mundo, y el Espíritu Santo está
impulsando esta historia hacia delante. Sin embargo, el mundo actual no se
encuentra en un estado maravilloso. ¿Por qué? Leamos la respuesta que nos
ofrece el punto 14.
2.
El primer párrafo del punto 15 enumera varias ideas falsas acerca del futuro
¿Podríamos dar algunos ejemplos de falsas concepciones que hayamos escuchado
o leído?
3.
Leamos el segundo párrafo del punto 15 y tratemos de mostrar concretamente
cómo cambian la vida, la paternidad, la educación, el amor, el trabajo, si
al final de esta vida no existe nada o si nos está esperando el abrazo
misericordioso del Señor.
4.
Leamos el punto 16 y luego preguntémonos como personas, como familia y como
comunidad: ¿qué posibilidades tenemos, qué ocasiones se nos presentan, para
mejorar este mundo, para dejarlo un poco mejor de como lo hemos encontrado?
5.
¿Cómo nos explican los puntos 17 y 18 el sentido de la "parusía"
que esperamos? ¿Qué hará Jesús al final de los tiempos?
6.
Leamos el punto 19, y luego hagamos una lista de los signos de esperanza que
podamos valorar a nuestro alrededor.
7.
Al final del punto 19 se destaca la fe del pueblo sencillo. ¿Podemos dar
algunos ejemplos de esa fe? Recordemos que las "Líneas Pastorales para
la Nueva Evangelización" nos decían que el pueblo pobre "está
potencialmente hambriento y sediento de la Palabra y de la salvación de
Dios", que los sencillos "están más necesitados de Dios y, muchas
veces, se hallan más abiertos, como María, para recibir la Buena Nueva en su
corazón" (LPNE 32c.d.).
REFLEXIÓN FINAL
Finalmente, nuestros Obispos presentan una síntesis del mensaje (punto 20),
nos exhortan a seguir caminando como Iglesia (punto 21), y recuerdan
afectuosamente la compañía y el ejemplo de María, la Madre de la Iglesia
(punto 22).
Reflexión con el texto
1.
Leamos el punto 20, que nos ayuda a recordar el contenido de las tres partes
del texto.
2.
El primer párrafo del punto 21 nos indica que "la Iglesia es el Pueblo
de Dios peregrino", y por eso "debe estar dispuesta a pedir perdón
y a renovarse permanentemente". Podemos preguntarnos como personas, como
familia y como comunidad: ¿Qué errores y pecados tendríamos que reconocer,
para pedir perdón? ¿Qué tendríamos que cambiar y renovar? ¿Estamos
dispuestos a hacerlo, para ser en verdad "peregrinos"?
3.
El segundo párrafo del punto 21 nos exhorta en primer lugar a recibir
"el Espíritu Santo que brota del Corazón de Cristo resucitado".
Varias veces se nos ha invitado a tener presente que el Espíritu Santo nos
impulsa hacia delante, que necesitamos su fuerza y su luz. Por eso, podríamos
hacer una oración invocándolo, para que con su presencia y acción interior
podamos renovar nuestra vida personal, familiar, y nuestra comunidad eclesial
y social.
4.
Leamos el punto 22. Luego coloquémonos delante de una imagen de María que
nos ayude a reconocer su presencia materna entre nosotros, y pongamos en sus
manos nuestros deseos de construir un mundo mejor, donde Jesucristo sea el
único Señor. Podemos rezar una decena del Santo Rosario pidiendo la
intercesión de la Virgen Santísima para que nuestra fe en "Jesucristo,
Señor de la historia" pueda reflejarse con mayor coherencia en las
actitudes y opciones concretas de nuestras vidas.
Este
documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2269, del 7 de junio de
2000 |