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ante el doloroso drama en
tierra santa
Comunicado de los
obispos reunidos en la 83ª Asamblea Plenaria de la
Conferencia Episcopal Argentina, de solidaridad con los pueblos que
padecen el drama de tierra Santa - San Miguel, 26 de abril de 2002.
1. Los Obispos de la
Conferencia Episcopal Argentina nos sentimos solidarios con el dolor
y el sufrimiento de los pueblos que padecen el gravísimo drama
de Tierra Santa, que involucra a judíos, cristianos y musulmanes.
2. Con todo el Pueblo de Dios,
nos hacemos eco del insistente llamado del Papa Juan Pablo II,
expresado en forma reiterada por la Santa Sede, referente a la condena
de todo tipo de terrorismo, y al rechazo de la injusticia y
humillación impuestas al pueblo palestino.
3. Estamos convencidos de que
el empleo de métodos de represalia y extorsión sólo logra acrecentar
los rencores, resentimientos y formas de venganza y violencia.
4. Deseamos y pedimos que las
autoridades de las Naciones Unidas urjan la aplicación inmediata de
sus resoluciones para que, tanto el Estado de Israel como la Autoridad
Nacional Palestina, busquen sin ambigüedades los medios más adecuados
para crear un nuevo orden de paz, fundado en un diálogo sincero sobre
la base de la verdad, en justicia y equidad.
5. Esto implica también asumir
el compromiso de tutelar los Santos Lugares, de enorme valor para
judíos, cristianos y musulmanes, las tres grandes religiones
monoteístas, y patrimonio religioso y cultural de toda la humanidad.
6. Exhortamos al pueblo
cristiano a sentirse profundamente cercano a la tierra de Jesús y a
los pueblos que la habitan. Nos duele enormemente la situación
inhumana a la que, desde hace casi un mes, está sometida la comunidad
religiosa y muchas otras personas, en la Basílica de la Natividad, en
Belén.
7. Tenemos la íntima
convicción de que "Cristo es nuestra paz" y vino a derribar "el muro
de la enemistad" para restablecer la reconciliación y la paz con Dios
y entre los pueblos (Cf. Ef. 2,14ss.),
dándonos así un auténtico testimonio de amor y de perdón.
8. Rogamos a la Virgen
María, Reina de la Paz, para que este deseo de Jesús, que nos debe
impulsar a destruir la cultura del odio y de la muerte, se haga muy
pronto realidad en Tierra Santa.
Este documento fue publicado
como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2367 del 1 de mayo de 2002
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