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BALANCE DE LA GESTIÓN DE MONS. KARLIC
Homilía de Mons. Estanislao Esteban Karlic, en la misa de apertura de la 84ª Asamblea Plenaria
- 11 de noviembre de 2002
1.
Cuando hace seis años empezábamos nuestra función en la Conferencia
Episcopal como Comisión Ejecutiva, recordando que el Concilio
Vaticano II había enseñado que la Iglesia tenía como misión
evangelizar a todo el hombre y su cultura, a los individuos y a los
pueblos, salimos a visitar a los diversos sectores de la sociedad
para manifestarles nuestro espíritu de servicio y nuestro deseo de
comunión en nombre de Nuestro Señor. Empezamos con visitas a
comunidades de cristianos, hebreos y musulmanes, continuamos con los
poderes políticos nacionales -ejecutivo, legislativo y judicial- y
nos acercamos a los enfermos en una institución que atiende
discapacitados.
Quisimos ser un eco de lo que Juan Pablo II dijo al empezar su
Pontificado: "Abran las puertas a Jesucristo".
Centrada en el mismo Señor, conforme a lo expresado en "Líneas
Pastorales para una Nueva Evangelización", nuestra vida de Iglesia
tuvo su momento culminante en el Año Jubilar, cuyo acto central fue el
"Encuentro Eucarístico Nacional" en Córdoba, en el que
intentamos por los sacramentos de la penitencia y de la eucaristía,
alejarnos del pecado y llevarnos a la vida de la gracia de Nuestro
Señor Jesucristo.
Para confesar la fe, sostener la esperanza y enriquecer la caridad del
Pueblo de Dios, elaboramos un documento que acompañase el ingreso al
tercer milenio. "Jesucristo Señor de la historia" es ese
escrito que nos expresó como episcopado y como pueblo, porque la
cultura argentina ha sido sellada por el Evangelio del Señor, aunque
haya en nuestro territorio otras cosmovisiones con las cuales debemos
dialogar.
Últimamente, con motivo de la profunda crisis económica, política y
cultural, volvemos a confesar a Jesucristo en la Oración por la
Patria, cuando decimos: "Jesucristo, Señor de la Historia, te
necesitamos. Nos sentimos heridos y agobiados. Precisamos tu alivio y
fortaleza". Así el Señor Jesús presidió nuestro ministerio todos
estos años.
2.
Hemos querido servir al Reino de Dios. Así lo hace cada Diócesis en
sus parroquias, capillas, comunidades religiosas, asociaciones y
movimientos laicales, a lo largo y a lo ancho del país, en la pastoral
ordinaria, que tiene la importancia del alimento cotidiano de verdad y
de gracia, cuyo centro es la Misa Dominical, cuya iluminación es la
catequesis y cuya acción de promoción y asistencia se ha desarrollado
por modos institucionales, como es Cáritas o por medio de redes
solidarias.
Hemos servido al Reino de Dios también con hechos extraordinarios como
han sido los encuentros de laicos, de catequesis, de liturgia, de
educación, de familia, etc., que han suscitado entusiasmo en muchos y
han enseñado la verdad del Evangelio con la fuerza del testimonio y el
gozo del compromiso.
3.
Importa destacar la presencia episcopal en el campo doctrinal de lo
temporal, que ha constituido un verdadero magisterio social, aunque
haya sido desarrollado con ocasión de hechos concretos. Por su
profundidad y definición en las ideas, por su capacidad iluminadora de
los acontecimientos y por su coherencia con los principios, por su
espíritu caluroso y comprometido, ha sido un modo estupendo de
evangelización de la cultura y de educación del Pueblo de Dios,
sirviendo también a muchos que no se confiesan miembros de la Iglesia.
La
presencia de la Iglesia en el Diálogo Argentino fue sin duda un
hecho fuera de la pastoral ordinaria. Ella constituyó una decisión
riesgosa, que fue tomada con madura reflexión y que, aún reconociendo
que sus frutos son limitados, ha tenido un resultado muy valioso: ha
contribuido a profundizar el diálogo como instrumento para construir
el tejido social.
Es
que el deseo del diálogo está en las entrañas del hombre, que sólo se
comunica como hombre, cuando con el propósito de relacionarse con los
otros y entrar en sociedad, les manifiesta a ellos por gestos y
palabras, sus ideas y sentimientos, y espera ser creído y recibir de
ellos una manifestación semejante. Así nace la auténtica amistad
social, por la cual se reúne la sociedad, en el marco de una confianza
mutua.
Haber contribuido a que el diálogo entre más hondamente en el corazón
argentino nos llena de gozo. El diálogo, que es anterior a la
sociedad, y debe ser una actitud permanente en ella, ha de ayudar a
hacer una comunidad más transparente, confiada y pacífica.
Nuestro servicio en el Diálogo Argentino ha sido un servicio
pastoral en el ámbito de la ética social, que no nos sacó de nuestro
ministerio, sino que nos permitió entrar en el corazón de la vida
social de nuestro pueblo con la luz del Evangelio y el calor de la
fraternidad.
También importa señalar la actividad generosa, incansable de Cáritas
en toda la Nación. Sola o con organismos oficiales, Cáritas y otras
instituciones de la Iglesia han ofrecido sus brazos y su corazón, para
que los pobres y necesitados, reciban ayuda de sus semejantes.
No
podemos dejar de recordar, para felicitarlos, a todos aquellos que por
las redes solidarias, han mostrado una capacidad extraordinaria de
servicio.
Todo esto muestra que existe en el pueblo un tesoro moral escondido,
silencioso pero real, que está buscando canales confiables para
manifestarse y comunicarse para bien de todos.
4.
La profunda y firme unidad episcopal ha sido uno de los mayores
regalos del Señor a la Iglesia en la Argentina. Ella es fruto de la
caridad fraterna de los Obispos, vivida y madurada a lo largo de
muchos años. Hemos sido herederos de una comunión real que nos
permitió servir a nuestro pueblo con mayor verdad y riqueza. Las
dificultades nunca faltan, pero el Señor nos ha bendecido con su
gracia y seguimos adelante con serenidad y confianza. Reconocemos
también nuestras faltas y pedimos perdón por ellas.
Sabemos que el Episcopado es un misterio de comunión con el Papa y,
bajo su autoridad, de los Obispos entre sí. El afecto profundo al Sumo
Pontífice ha sido garantía de nuestro afecto colegial auténtico. Y
ésta, nuestra comunión, debe ser, frente a nuestro pueblo, garantía de
la autenticiedad de nuestra conducta y motivo de esperanza y de paz.
5.
Inspiradas en Novo Millennio Ineunte, quiera el Señor que
nuestras comunidades sean escuelas de oración, de santidad y de
comunión.
Que
desde la Eucaristía, sacramento de la Pascua, fuente y cima de la vida
de la Iglesia, y con la fuerza del Espíritu de amor de Cristo
resucitado, anunciemos y hagamos presente el misterio de la redención.
Somos deudores de nuestro pueblo, como pastores. Somos deudores del
mundo, como pueblo argentino. El mundo esperó en nosotros. Debemos ser
otra vez motivo de esperanza para todos los hombres de buena voluntad
que quieran habitar nuestra tierra.
El
Papa nos invita y nos dice: "Duc in altum": Navega mar
adentro.
Para tener ese coraje, cada uno de nosotros le dice a María, nuestra
madre: "Totus tuus": Soy todo tuyo. Amen.
San
Miguel, lunes 11 de noviembre de 2002, conmemoración de San Martín de
Tours
Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2397 del 27 de noviembre de
2002 |