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LA PAZ: ORACIÓN Y COMPROMISO
Declaración de la Comisión Permanente del Episcopado
13 de marzo de 2003
El pueblo argentino ha rezado mucho por la paz del mundo. Queremos
alentar y acompañar la oración perseverante de todos por este don
precioso. La invitación del Papa nos urge hoy, ante el riesgo
inminente de un ataque a Irak, que puede convertirse en un inmenso
conflicto de consecuencias imprevisibles. “Los cristianos, en
particular, estamos llamados a ser centinelas de la paz, en los
lugares donde vivimos y trabajamos; es decir, se nos pide que
vigilemos para que las conciencias no cedan a la tentación del
egoísmo, de la mentira y de la violencia” (Juan Pablo II, Angelus 23-II-03).
La paz
es responsabilidad de cada uno. La tragedia de la guerra lleva consigo
lutos y graves males para todos: destruye vidas y arrasa bienes;
difunde el miedo que atenaza el corazón de los hombres; y echa por
tierra sueños e ilusiones. La guerra quiebra la esperanza y oscurece
la historia de los pueblos.
La
guerra no es un simple hecho fatal. “Es siempre una derrota de la
humanidad. El derecho internacional, el diálogo leal, la solidaridad
entre los Estados, el ejercicio tan noble de la diplomacia, son los
medios dignos de los hombres y de las naciones para superar sus
contiendas” (Juan Pablo II al Cuerpo diplomático, 13-I-03, 4).
Para que
los individuos y los pueblos utilicen estos medios y no otros, oremos
junto con el Papa y los hombres de buena voluntad, para que Dios tenga
piedad de nosotros. Que con Su gracia elijamos libremente la vida y el
derecho, la justicia y la solidaridad, y rechacemos con fuerza, la
muerte, el egoísmo, el terrorismo diabólico y la guerra que siempre es
fraticida.
Es
posible cambiar el curso de los acontecimientos, cuando prevalece la
buena voluntad, la confianza en los demás, la fidelidad a los
compromisos adquiridos y la cooperación entre los dirigentes
responsables. Hoy es posible la paz, porque Dios nos ama y es fiel;
porque somos libres y capaces de enderezar nuestras decisiones por el
sendero de la verdad y la justicia.
Trabajar
y orar por la paz del mundo en la Argentina de hoy nos enriquece y
capacita para ser buenos ciudadanos de nuestra patria y contribuir al
bien de todos.
Que los
argentinos oremos con humildad, intensidad y esperanza, ofreciendo el
sacrificio espiritual de nuestra vida y nuestro servicio, construyendo
desde nuestra paz interior, la paz social.
El rezo
del santo Rosario, camino de Cristo que hacemos junto a María, sea el
camino de la paz para nuestro mundo.
134ª reunión de la Comisión Permanente
de la Conferencia Episcopal Argentina
Buenos Aires, 13 de marzo de 2003
Este
documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2413 del 19 de marzo de 2003 |