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DIALOGAR PARA RECONSTRUIR LA PATRIA


Mensaje de los obispos dado al concluir la reunión extraordinaria de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina, celebrada en su sede de Suipacha 1034, Buenos Aires, los días 7 y 8 de enero de 2002.


1.
El pueblo cristiano está inmerso en este tiempo en las alegrías de la Navidad. El Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo es garantía de que la vida humana en sociedad, basada en el respeto a la Ley de Dios, es posible. Por ello, la incertidumbre provocada por los acontecimientos políticos, económicos y sociales que se han sucedido vertiginosamente en estos días, no nos desespera. Y deja paso a la confianza de que vale la pena trabajar por salvar a la Argentina y construir en ella una Patria de hermanos. Una vez más, nos acercamos a todos los argentinos para fortalecernos mutuamente en este propósito y llevarlo a término.


2. Que la Patria está gravemente enferma por una larga afección moral, reflejada en los diversos órdenes - económico, político, cultural -, es innegable. Pero es cierto también que el momento de gran humillación de un pueblo, puede convertirse en el comienzo de su resurgimiento. Para ello basta que reconozcamos la situación con honestidad, aunemos las fuerzas y no perdamos el tiempo en echarnos las culpas por lo acaecido, sin obviar por esto el papel de la justicia. Y, especialmente, que todos los ciudadanos y los diversos sectores sociales nos pongamos a trabajar con empeño por la reconstrucción espiritual y material de la Patria, aportando la cuota de sacrificio que nos corresponde.

Los dirigentes que no se sintiesen capaces de hacer los renunciamientos y esfuerzos necesarios para levantar al País deberían dar un paso al costado.


3. Los argentinos nos equivocaríamos si considerásemos este momento crítico como uno más, y no pusiésemos los remedios morales e institucionales necesarios. Sería lamentable, pues perderíamos una ocasión providencial para crecer como Nación. La crisis terminal que vivimos indica una claudicación grave en la moral social; es decir, en la responsabilidad de la conducta con respecto a la sociedad y a sus diversos componentes.

Sobre esto han de examinarse con sinceridad no sólo las personas sino también las instituciones, privadas y públicas. Sugerimos que todas abran un espacio de deliberación, dispuestas a reconocer graves errores y a adoptar cambios profundos de mentalidad y de comportamientos. Ningún sector e institución puede decir que no es responsable de la situación que sufre la Patria. Este examen han de hacerlo muy especialmente los partidos políticos y los sindicatos, pero también las cámaras empresariales y las entidades financieras. Y, a no dudar, lo han de hacer los tres poderes del Estado y las entidades que dependen de él.


4. La superación de la crisis que sufre el País exige el cultivo de los valores morales. En especial: la austeridad, el sentido de la equidad y de la justicia, la cultura del trabajo, el respeto de la ley y de la palabra dada. Y, en orden a ello, es preciso: elevar la calidad de la educación basándola en los inclaudicables valores puestos por Dios en el corazón del hombre; transformar la orientación de fondo de los medios de comunicación pues muchos de sus programas degradan al pueblo; modernizar el aparato productivo de modo que multiplique las fuentes de trabajo real; promover la reforma del Estado y de la política; afianzar la justicia, erradicando todo tipo de corrupción, privilegios y prebendas, y evitando el despilfarro de los fondos y bienes públicos.


5. También los pastores hemos de examinarnos. En un país que se profesa mayoritariamente cristiano no es fácil explicar la presente crisis sin una grave falla en la coherencia entre la fe y la vida, y en la catequesis y predicación de la moral social.


6. Este examen es premisa indispensable para que se entable un diálogo fecundo entre todos los ciudadanos y sectores de la sociedad argentina, que nos lleve a acuerdos fundamentales, conforme a los cuales conducirnos en el futuro.

Para cultivar este diálogo es preciso buscar sinceramente el bien común, formular con honestidad la propia proposición y escuchar atentamente la del prójimo.

Repetimos el ofrecimiento que ya hemos formulado: en circunstancias excepcionales como ésta, la Iglesia, dentro de su propia misión, respetando plenamente las instituciones de la República, y buscando sólo la paz y el progreso integral del pueblo argentino, está dispuesta a alentar iniciativas de diálogo entre los diversos sectores sociales y políticos.


7. La vida en sociedad se basa en un diálogo permanente, y excluye toda forma de violencia física o moral. Por ello deploramos los hechos violentos acaecidos en los días pasados, en especial las muertes y los saqueos. Recordamos que la violencia no es humana ni cristiana, ni es camino para la solución de nuestros problemas.


8. Jesús el Señor, que se hizo hombre y hermano nuestro en María Virgen, y amó entrañablemente a su gente y a su tierra, nos auxilie con su fuerza y sabiduría en la reconstrucción de nuestra Patria.


Reunión extraordinaria
de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina Buenos Aires, 7 y 8 de enero de 2002.


Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2353 del 23 de enero de 2002


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