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COMUNICADO
La Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina, admirada
por la cantidad y la perseverancia de los ataques con los que, en este
último tiempo, se pretende desdibujar la imagen de la Iglesia, se hace
un deber recordar:
1. La
Iglesia, que es la reunión de todos los bautizados, tiene conciencia
de estar constituida por hombres y por tanto también sujeta a la
tentación del pecado. Ello le exige constante conversión y penitencia,
pidiendo cada día a Dios la gracia para poder superarlo. Pero no le
tiene miedo a la verdad, ni pretende ocultarla. El Señor nos ha dicho
que "no hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que
no deba ser conocido" (Mt. 10,26). El mal que pueda existir en
cualquiera de sus miembros, amerita la correspondiente purificación
para el bien del cuerpo entero.
2.
Esto, sin embargo, no es excusa para que se emitan juicios
condenatorios acerca de individuos o instituciones antes que, probado
el caso, se expida el poder que corresponda. Lo contrario sería fundar
exclusivamente en presunciones el agravio al buen nombre y a la fama
de las personas, además de herir su honor, también hiere el
sentimiento de una gran parte de la comunidad. Jesús nos dice en el
evangelio de San Lucas: "el malo saca mal de su maldad, porque de la
abundancia del corazón habla la boca" (Lc. 6,45).
3.
Puede ser que el lado oculto de esta campaña sea la voluntad de que la
Iglesia pierda la confiabilidad que le reconoce la sociedad, o que
deje de exponer las consecuencias morales y sociales de sus
principios. La Iglesia jamás dejará de cumplir su cometido de ofrecer
a la comunidad la verdad que surge de la doctrina de Cristo, aunque
esto pueda no gustar a quienes, olvidados de la dignidad del ser
humano y de la necesaria solidaridad que ha de regir sus relaciones,
sólo buscan crecer en riqueza o en poder.
Nos alienta recordar lo que Cristo
respondió a los que le exigían acallar a sus discípulos cuando,
entrando en Jerusalén, lo aclamaban por su enseñanza y sus obras: "Les
aseguro que si ellos callan gritarán las piedras" (Lc. 19, 39-40).
Buenos Aires, 5 de noviembre de 2002 |