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SOBRE LA DIMENSIÓN RELIGIOSA 
DE LA EDUCACIÓN


"Ante la decisión de las autoridades educativas de Catamarca, relativa a la supresión de la enseñanza de la religión en los planes escolares de la Provincia, la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina declara su asombro por esta actitud inconsulta, promovida seguramente por presiones indebidas.


"1.  La religión es una dimensión fundamental de la cultura, que ofrece valores espirituales a la persona y a la comunidad, para conformar los principios y el modo de vivir de la sociedad. Esa cultura debe realizar al hombre en su trascendencia, impedir que se disuelva en el materialismo o en el consumismo, o que sea destruido por una tecnología puesta al servicio de la codicia y de la violencia (cf. S.S. Juan Pablo II, A los hombres de cultura, Río de Janeiro, 1-7-80).

"Como la cultura constituye la soberanía fundamental de cada Nación, debemos cuidar que no sea presa de cualquier interés político o económico, ni objeto de dominación por parte de alguna hegemonía o imperialismo (cf. S.S. Juan Pablo II, UNESCO, 2-6-80).


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2. Tampoco hay que olvidar que la cultura de nuestro país ha tomado sus valores fundantes del cristianismo que la Iglesia católica trajo a estas tierras, desde mucho tiempo antes que comenzara nuestra organización nacional.


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3. Es derecho inalienable de todo ser humano tener una educación que responda a su cultura y a sus propias creencias y tradiciones. En ello va incluida la concepción religiosa. La educación tiene el deber de trasmitir conocimientos y facilitar que se inserten en una concepción ética de la existencia (cf. S.S. Juan Pablo II, A jóvenes e intelectuales, Kinshasa, 4-5-80).

"La Escuela busca madurar las facultades intelectuales y por otra parte desarrolla la capacidad de juicio, pone al alumno en contacto con el patrimonio cultural de las generaciones pasadas y presentes, y potencia la percepción de los valores.

"De aquí surge la maravillosa vocación al Magisterio (cf. S.S. Juan Pablo II, A profesores de enseñanza media, Vaticano, 16-3-81).


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4. Para construir en el educando una conciencia sólida, es obvio que la religión no puede ser ajena al planteo educativo que tiene por fin humanizar y personalizar, para producir el desarrollo armónico de todas las condiciones del ser humano: físicas, morales, intelectuales y religiosas.


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5. Corresponde a los padres de familia la elección de la educación de sus hijos, conforme a sus convicciones morales y religiosas. Ellos deben determinar la enseñanza religiosa que prefieran para los mismos, y no el Estado, que ha de procurar, en todo el sistema educativo, lo necesario para que esto se cumpla.

"Sería del todo injusto privar a los padres de este derecho, sólo por la circunstancia de que sus hijos no asistan a los colegios confesionales.


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6. Respetuosos de los principios que los católicos hemos sostenido siempre y que son parte de nuestra doctrina, reafirmamos una vez más que la libertad de conciencia es uno de los derechos humanos fundamentales. Por ello, la enseñanza de la religión católica no se imparte al alumnado cuyos padres no la elijan.

"Asimismo, deseamos vivamente que todas las confesiones cristianas, de igual manera que las otras religiones, especialmente la judía y la islámica, con su creencia en un sólo Dios, creador de todas las cosas y razón última de la moral humana, tengan la oportunidad de ofrecer a sus propios fieles, también en los colegios de gestión estatal, los principios doctrinales y morales que sustentan.


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7. De este modo se produciría el ejercicio de un sano pluralismo y se respetaría el derecho inalienable de los padres en la formación de sus hijos. No hay peor discriminación que la prohibición de elegir, cada familia, la enseñanza religiosa que considere propia y conveniente para ellos.


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8. La dimensión religiosa dignifica a la persona y crea una profunda función crítica ante las propuestas con que suele aturdirnos la época actual, en la que han sido desplazados los valores más profundos que conforman nuestra identidad. Se los contradice abierta o subliminarmente, con el peso de una propaganda mediática que resulta abrumadora. Parece que se pretendiera impulsar a la comunidad a obrar como si Dios no existiera. Confesar la propia fe enriquece la vida plural de la sociedad.


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9. Si aspiramos a vivir una democracia real y no solamente declamada, tenemos que llenarla de valores, porque vaciada de ellos puede convertirse en una tiranía.

"Además, no son los funcionarios quienes deben decidir sobre temas de tanta importancia, sino el pueblo, al que se ha de consultar como corresponde. Ni tampoco son las eventuales razones de orden económico las que deben primar en el planteo educativo, sino la más completa formación del alumnado".


Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina, Buenos Aires
5 de junio de 2001



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