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RECREAR LA VOLUNTAD DE SER
NACIÓN
Declaración de la Comisión Permanente del Episcopado
14 de marzo de 2003
La Cuaresma nos enseña a superar las tentaciones
1.
El tiempo de Cuaresma nos pone ante la imagen de Jesús tentado en el
desierto. Él mismo nos enseñó a pedir a su Padre: “no nos dejes caer
en la tentación” (Lc. 11, 4) y nos exhortó hacia el final de su vida:
“vigilen y oren para no caer en la tentación” (Mt. 26, 41).
La
experiencia nos enseña que también los pueblos enfrentan tentaciones.
Una de ellas es la del desaliento que lleva a pensar que no vale la
pena permanecer en el camino del bien, de la justicia y de la verdad.
Otra
puede ser el encantamiento que produce la magia de creer que basta un
golpe de suerte para cambiar el cauce de las cosas y alcanzar el
éxito.
2.
Los Obispos de la Comisión Permanente reunidos en estos primeros días
de Cuaresma, teniendo presente los innumerables sufrimientos del
pueblo, y en particular el dolor de los más pobres, hemos reflexionado
sobre las tentaciones a las que todos estamos sometidos.
3.
Detectamos el desaliento como tentación que conforma el estado de
ánimo de muchos ciudadanos. Lamentablemente durante estos años la
democracia, recibida con tanto entusiasmo, no ha logrado aún realizar
la justicia tan largamente esperada, ni ha podido resolver problemas
tan vitales como el trabajo, la alimentación, la salud y la educación
para todos. El desaliento cunde también frente a los violaciones de
las leyes y de la misma Constitución. Ciertos acontecimientos como por
ejemplo el de la provincia de Catamarca donde la violencia impidió las
elecciones, menoscaban hondamente el sistema representativo. Sin
embargo sucumbir al desaliento sería nefasto.
4.
La tentación contraria es la del falso optimismo basado en el sentido
ilusorio de la vida. Sea esto porque la economía aparentemente mejore,
sea porque se siga creyendo que el país es tan rico que nada lo puede
destruir, sea por cualquiera de los falsos mitos en los cuales hemos
creído a lo largo de nuestra historia
5.
Aunque pareciera que individualmente no podamos hacer grandes cosas
por la Patria, debemos ayudarnos unos a otros, con realismo, a
realizar el bien posible en cada momento. Lo que concretamente ahora
debemos hacer bien es cumplir con nuestra obligación de acudir a las
urnas.
Las elecciones: ocasión para crecer como ciudadano
6.
Por débil que sea nuestra democracia, por inútiles que a algunos
pudieran parecerles estas elecciones, conviene sin embargo que estas
se realicen de la mejor manera posible. Si bien no se puede depositar
una confianza excesiva en ellas, pueden ser un instrumento para seguir
cultivando la esperanza de que somos capaces de construir una
Argentina más allá de la magia y del desánimo.
7.
Los candidatos deben fundar sus aspiraciones en la probidad moral
demostrada a lo largo de sus propias vidas, en el valor de sus
proyectos, en el compromiso por el bien común, y no en suscitar
emociones engañosas.
Quienes
acudamos a las urnas el 27 de abril hemos de aspirar a ser ciudadanos
responsables de cumplir los propios deberes antes de reclamar los
propios derechos. Respetuosos del vecino, capaces de realizar bien el
propio trabajo, contribuyentes honestos de tributos y servicios,
exigentes de la buena administración de los mismos, incapaces de
doblegarnos ante las dádivas partidarias, incrédulos ante las vanas
promesas de los políticos, críticos de nosotros mismos y de las
autoridades que elijamos.
Debemos
ser ciudadanos que nos rebelemos ante la mentalidad mágica que ha
paralizado por decenios al pueblo argentino, y nos resistamos a caer
bajo la tentación del desánimo.
Responsabilidades de las autoridades electas
8.
Las autoridades nacionales que serán elegidas, afrontarán la
ineludible responsabilidad de recrear la voluntad de ser Nación, de
modo tal que la sociedad argentina, que tanto ha sufrido en esta
crisis, encuentre caminos para expresarse políticamente por medio de
una dirigencia renovada, representativa y creíble.
¿Serán
capaces los nuevos gobernantes de implementar las necesarias reformas
que faciliten esos caminos, muchas de ellas enunciadas en las “Bases
para la reformas” del Diálogo Argentino?
Sin duda
las alternativas a enfrentar son realmente desafiantes:
-
Sustentar la vida pública sobre valores morales firmes o permitir que
sigamos conviviendo con hechos de flagrante corrupción.
-
Reafirmar el cumplimiento de la ley o legitimar una velada anarquía.
-
Encarar a fondo las reformas institucionales pendientes que
fundamenten una democracia real, o respaldar una supuesta “legalidad
democrática” que privilegia los intereses de las distintas
corporaciones.
-
Implantar una cultura del trabajo o seguir cultivando la cultura de la
dádiva y del clientelismo.
-
Delinear una política educativa y socio-económica que revierta el
dinamismo de la pobreza creciente o pretender calmar el hambre de los
pobres con la sola distribución de planes sociales.
-
Integrar federalmente la Nación o persistir en caudillismos que aíslan
y fracturan.
A María
de Nazaret, que obedeció la ley y fue a Belén a empadronarse con José
y con su hijo Jesús por nacer, imploramos que interceda ante Dios
nuestro Señor por nuestra Patria, sus autoridades y ciudadanos.
134ª reunión de la Comisión Permanente
de la Conferencia Episcopal Argentina
Buenos Aires, 14
de marzo de 2003
Este
documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2413 del 19 de marzo de 2003 |