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APOSTEMOS SIEMPRE POR LA VIDA
Declaración de la Comisión Permanente del Episcopado
15 de
marzo de 2005
En estos días previos a la Pascua, en los que una vez más celebraremos
el triunfo de Cristo, quien al resucitar vence la muerte y nos
devuelve la vida para que la tengamos en abundancia, nos dirigimos a
todos los argentinos para reafirmar:
1.
La defensa
de los derechos humanos fundamentales debe ser preocupación de todos
los ciudadanos. El primero de ellos es precisamente el derecho a la
vida, que debe ser protegida desde la concepción hasta la muerte
natural. En cuanto ciudadanos y en cuanto cristianos, nos sentimos
urgidos a dar testimonio de esta verdad.
2. La
ciencia nos enseña que la concepción genera una nueva vida humana con
su propio código genético, distinto al de los padres. Si hay código
genético distinto, hay una vida humana distinta que tiene la misma
dignidad que la de sus progenitores. La creatura humana que se
desarrolla en el seno de la madre no es una parte de su cuerpo, de la
cual pueda disponer a voluntad. Cortar ese proceso natural por medio
del aborto equivale a destruir una vida cuyo desarrollo es autónomo,
continuo y progresivo. Por lo tanto su destrucción voluntaria
constituye un crimen.
3. La
ley argentina, que establece las pautas básicas de convivencia entre
los ciudadanos, fundamenta con claridad la defensa de la vida y
considera al aborto un delito. Nuestro ordenamiento jurídico establece
también las responsabilidades correspondientes.
4.
Los argumentos esgrimidos para legalizar el aborto reflejan los
lineamientos neocolonialistas que algunos organismos internacionales
intentan imponer a nuestro país y a toda América Latina. No podemos
dejar de pensar en el célebre “Informe Kissinger”, que ya en la década
de 1970 advertía sobre las “consecuencias del crecimiento mundial de
la población para la seguridad de los Estados Unidos y sus intereses
de ultramar”. Por lo demás, nuestro compromiso a favor de los derechos
de la mujer no puede depender de acuerdos o recomendaciones que
pretenden garantizar la práctica del aborto como un servicio público.
A este propósito advertimos particularmente a nuestros legisladores
sobre el peligro de dependencia cultural que entrañaría la inminente
ratificación del Protocolo Facultativo de la CEDAW1.
Invitamos a todos a
no dejarse engañar por argumentaciones y estadísticas nunca
comprobadas que respaldan las tendencias abortistas. La muerte
provocada no puede ser camino de solución para nuestros problemas.
Defendamos la vida,
cuidemos la vida, apostemos siempre por la vida.
Buenos Aires, 15 de marzo de 2005.
140ª Reunión de la Comisión Permanente del Episcopado
Nota:
(1)
CEDAW,
“Comité sobre la eliminación de toda forma de discriminación contra
la mujer” (...). “El Comité recomienda que el Estado garantice el
acceso a los servicios de aborto en los hospitales públicos”
(recomendaciones en el informe anual de 1998 hechas a algunos de los
países miembros). |