“Querido hermano/ hermana:
En estos días intensos de Adviento, nos
preparamos con fe y esperanza para celebrar el nacimiento del
Salvador. Como Obispos de la Argentina te escribimos esta carta, para
compartir la alegría de ser Iglesia evangelizadora, llamada a
proclamar la Buena Noticia, y a procurar que Jesús siga naciendo en el
corazón de todos.
Mucho se hace en favor de la evangelización. Es
verdad. Pero, ¡cuánto más se haría si cada uno en su interior tomara
conciencia y creciera en su compromiso de sostenerla con su trabajo y
su aporte económico.
Este es un tema que generalmente nos cuesta
tratar, pero que no podemos dejar de lado, porque todos somos Iglesia
y todos somos responsables del sostenimiento de su obra
evangelizadora.
A nadie escapa el hambre de Dios que sufre
nuestro pueblo, necesitado de una evangelización más intensa, y la
ayuda solidaria que esperan tantos hermanos nuestros marginados y
excluidos. Sin embargo, no siempre somos conscientes de que esta
situación nos compromete a todos, y que aguarda también una respuesta
tuya.
Existe una forma de pensar y de hablar sobre este
tema que fomenta una actitud pasiva: “a la Iglesia la sostiene el
Estado”, “... a los curas les paga un sueldo el gobierno o el
obispado”, “... hay grandes tesoros en el Vaticano”. Así, subsiste la
falsa creencia de que “la Iglesia tiene mucha plata”, y que no
necesita de tu aporte. Y la verdad es muy otra: muchos sacerdotes,
religiosos, religiosas y laicos, además de sus tareas de
evangelización, promoción y caridad, deben dedicar parte importante de
su esfuerzo a conseguir los recursos económicos necesarios para la
vida de sus parroquias y capillas. Muchas son también las obras que
quedan sin terminar o sin realizar.
Algunos se incomodan cuando escuchan hablar de
este tema. Pero como Obispos no podemos dejar de hacerlo. Por eso te
invitamos a una sincera reflexión sobre lo que estás haciendo para
sostener tu comunidad.
Con este propósito queremos llegar a cada fiel
católico en este domingo de Adviento, y así provocar la reflexión y el
diálogo sobre esta responsabilidad de nuestra vida cristiana. Y lo
hacemos con verdad y transparencia. Sin miedos ni dobles intenciones.
Te invitamos a que te preguntes: