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SALUDO A SU SANTIDAD JUAN PABLO II


Texto del saludo a Su Santidad Juan Pablo II
 de S.E.R. Mons. Eduardo Vicente Mirás, pronunciado en nombre de los integrantes del primer grupo de obispos de la República Argentina, durante la visita ad limina Apostolorum (12 de febrero de 2002)


Beatísimo Padre:

Este primer grupo de Obispos de la República Argentina, ha venido "ad limina apostolorum" para encontrarse con Su Santidad y con sus colaboradores, con quienes ha discurrido los temas propuestos en las relaciones quinquenales.

Nos sentimos reconfortados con la deferencia que el Papa ha tenido con cada uno, al recibirnos primero en audiencia privada para ofrecernos un encuentro personal; al invitarnos luego a compartir su mesa, donde pudimos tratar temas pastorales e interesarlo en los problemas que hoy aquejan a nuestro país; y especialmente, al reunirnos esta mañana en la Eucaristía que acabamos de concelebrar.

Incorporados al Colegio de los Obispos en virtud de la ordenación episcopal, cada uno de nosotros ha recibido el ministerio de presidir una iglesia particular, para guiarla y ser en ella fundamento de unidad, en comunión con la Cabeza del Colegio, principio visible de la unidad de la Iglesia entera.

Por los muchas vínculos que nos unen al ministerio de Pedro, como la Eucaristía, la enseñanza de la Palabra en fidelidad al Magisterio, el resguardo de la disciplina eclesiástica, la solicitud por todas las iglesias y la participación en su dimensión misionera, la visita "ad limina" se nos convierte en un momento privilegiado para manifestar nuestra unión con el Santo Padre.

La Iglesia en la Argentina siempre ha sido fiel a esta unión. Sus enseñanzas y manifestaciones guardan correspondencia con el magisterio del Papa, tanto en fa proclamación de la verdad revelada, como en la propuesta irrestricta y clara de todas las consecuencias morales que se derivan de ella, especialmente frente al subjetivismo y al rechazo actual del contenido material y universal de la ética.

También quiere esforzarse cada vez más en el empeño misionero, ante las nuevos desafíos que propone el tiempo, intentando despertar en el laicado el compromiso responsable con el mundo a evangelizar, y promoviendo especialmente la defensa de la familia, minada por las costumbres de la modernidad.

Coma la Iglesia universal se encarna en las iglesias particulares, constituidas por una porción concreta de la humanidad, tributaria de su propia herencia cultural y de sus propios problemas cotidianos, intentamos auscultar la realidad, a fin de promover la planificación pastoral que más convenga en cada caso. Y padecemos la común realidad de carecer de clero suficiente y de vocaciones.

Estas urgencias nos llevan a agradecer, una vez más, su llamado a la esperanza en la "Tertio Millennio Ineunte" y, al mismo tiempo, a esperar vivamente el documento post-sinodal sobre las obispas, con la seguridad de que hallaremos en él, reflexiones y líneas de acción que habrán de sernos muy útiles para nuestro ministerio.

Santidad: nuestro país está pasando por un momento difícil que lo acerca a la disolución social. Ante este peligro y la confusión reinante, el Episcopado Argentino se sintió en la obligación de ofrecer un ámbito al que pudieran acercarse los distintos estamentos de la sociedad a convenir juntos, en diálogo y sin disputas estériles, los caminos de solución para reorganizar la República y para atenuar la pobreza y las necesidades de la gente. Desde hace bastante tiempo, en distintos documentos y declaraciones, la conferencia episcopal y los obispos individualmente, venían advirtiendo al gobierno y a la sociedad, que el país se iba disolviendo a causa de la enorme corrupción pública y privada y la falta de credibilidad que ostentaban sus dirigentes. Hoy, un país que no puede ser definido como pobre, gracias a sus potencialidades naturales, tiene, sin embargo, a un altísimo porcentual de su población sumida en el desempleo y en 1a extrema pobreza, mientras permanecen rotos los vínculos sociales.

Llamamos a la cordura, a la renuncia de privilegios irritantes y a la no violencia; y creemos estar haciendo, junto con los laicos que se han incorporado a este empeño, todo lo que aparece a nuestro alcance para ayudar a que la Argentina vuelva a ser Nación. Le pedimos Beatísimo Padre, que nos tenga presente de forma especial en su plegaria, para que Dios ilumine a los responsables de nuestro ansiado renacimiento.

Gracias por su paternal acogida, por su gesto siempre comprensivo y bondadoso y por la fuerza espiritual que nos deja su palabra señera.


Roma, 12 de febrero de 2002

Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2357 del 20 de febrero de 2002


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