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libertad y dignidad humana
Guía resumen
Nº
3 de los Ciclos de Cultura y Ética Social 2001
Expositor:
Pbro. Dr. Ignacio Andereggen -
8 de
mayo
Santo Tomás de Aquino nos presenta en la Suma Teológica, un lúcido
análisis acerca de la naturaleza del libre albedrío, que sigue la
tradición patrística de San Agustín y de San Juan Damasceno.
El libre
albedrío es la misma potencia de la voluntad humana, en cuanto,
según la estructura de su racionalidad, posee la capacidad de elegir
los medios que conducen al fin.
El fin último de
todos los hombres es uno solo, y a él se tiende por naturaleza.
No es por tanto
objeto de elección, sino de intención natural. La libertad es una
cualidad de la voluntad o libre albedrío para autodeterminarse. Es,
en la naturaleza humana, muy limitada e imperfecta y siempre
subordinada a la búsqueda del Bien que es el fin. Este bien es
conocido por la inteligencia, y así, es una especie de verdad, así
como la verdad es una especie de bien.
La libertad no
tiene sentido sin el conocimiento de la verdad del fin y de las
acciones humanas que a él conducen. Por esta razón, las posiciones
morales fundadas sobre la doctrina kantiana y su pretensión de
autonomía absoluta, conducen a la desconexión entre la verdad y el
bien, y a la pérdida de ambos.
La doctrina
católica sin embargo, especialmente en el Concilio Vaticano II,
reconoce el valor de la libertad humana en cuanto el hombre, por ser
imagen de Dios, es dueño y señor de sus propios actos y, en este
sentido, autónomo.
La pérdida de la
referencia a Dios termina implicando, pues, la destrucción de la
imagen del Creador y de su débil libertad, que pende como de un hilo
del Bien y de la Verdad divina.
La sociedad
construida sobre la absolutización de la libertad humana contiene
las bases de su disolución nihilista como ejercicio de elección sin
objeto. Especialmente, como nota el Concilio Vaticano II, porque el
libre albedrío humano está por naturaleza subordinado al apetito
natural de la búsqueda de la verdad, base de la obligación de acoger
– con un acto libre interior y exteriormente – la verdadera
religión, cuando es conocida.
Magisterio de la Iglesia
Juan Pablo
II, Veritatis Splendor (nº 84):
«Según la fe cristiana y la doctrina de la Iglesia, solamente la
libertad que se somete a la Verdad conduce a la persona humana a su
verdadero bien: El bien de la persona consiste en estar en la Verdad
y en realizar la Verdad. (...) La cultura contemporánea ha perdido
en gran parte este vínculo esencial entre verdad-bien-libertad y,
por tanto, volver a conducir al hombre a redescubrirlo es hoy una de
las exigencias propias de la misión de la Iglesia, por la salvación
del mundo. La pregunta de Pilato: ¿Qué es la verdad?, emerge también
hoy desde la triste perplejidad de un hombre que a menudo ya no sabe
quién es, de dónde viene, ni adónde va. Y así asistimos no pocas
veces al pavoroso precipitarse de la persona humana en situaciones
de autodestrucción progresiva (...) Y lo que es aun más grave: el
hombre ya no está convencido de que sólo en la verdad puede
encontrar la salvación. La fuerza salvífica de la verdad es
contestada y se confía sólo a la libertad, desarraigada de toda
objetividad, la tarea de decidir autónomamente lo que es bueno y lo
que es malo. Este relativismo se traduce, en el campo teológico, en
desconfianza en la sabiduría de Dios, que guía al hombre con la ley
moral. A lo que la ley moral prescribe se contraponen las llamadas
situaciones concretas, no considerando ya, en definitiva, que la ley
de Dios es siempre el único verdadero bien del hombre».
(nº 86):
«La reflexión racional y la experiencia cotidiana demuestran la
debilidad que marca la libertad del hombre. Es libertad real, pero
contingente. No tiene su origen absoluto e incondicionado en sí
misma, sino en la existencia en la que se encuentra y para la cual
representa, al mismo tiempo, un límite y una posibilidad. Es
libertad de una criatura, o sea, una libertad donada, que se ha de
acoger como un germen y hacer madurar con responsabilidad (...) La
razón y la experiencia muestran no sólo la debilidad de la libertad
humana, sino también su drama. El hombre descubre que su libertad
está inclinada misteriosamente a traicionar esta apertura a lo
verdadero y al bien, y que demasiado frecuentemente, prefiere, de
hecho, escoger bienes contingentes, limitados y efímeros. Más aun,
dentro de los errores y opciones negativas, el hombre descubre el
origen de una rebelión radical que lo lleva a rechazar la Verdad y
el Bien para erigirse en principio absoluto de sí mismo.»
Esta guía resumen fue publicada en el
Boletín Semanal AICA Nº 2316 del 9 de mayo de 2001
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