Documentos
 

¿TIENE LÍMITES LA LIBERTAD?


Guía resumen  Nº 4 de los Ciclos de Cultura y Ética Social 2001
Expositor:
Pbro. Dr. Ignacio Andereggen - 15 de mayo


Una paradoja contemporánea

Nuestra cultura contemporánea, mayoritariamente es proclive a considerar, por una parte, que la libertad es un poder, una capacidad de construir el mundo y al hombre mismo. En este sentido, se la caracteriza como «irrestricta», «ilimitada» y «absoluta»: ¿cómo puede tener límites la libertad si, precisamente libertad, según la opinión de algunos, significa obrar lo que uno quiere? ¿Si somos libres, por qué debemos obrar conforme con normas y leyes morales que parecen limitar y reprimir nuestro ejercicio de la libertad? Por otra parte, se considera la libertad como «liberación» de condicionamientos personales o de estructuras sociales, cuya superación permitiría al hombre alcanzar cada vez más una mayor independencia. Esta «libertad-liberación» también entraña la pretensión de desligarnos de toda norma o ley moral objetiva, librándonos en el plano individual a una «moral a la carta», teniendo como único imperativo la «autenticidad» con uno mismo, y en el plano social, sometiéndonos a pseudo-normas, reglas procedimentales que garantizan la «tolerancia» como imperativo básico para una supuesta «sana» convivencia. Paradójicamente esta misma cultura moderna pone radicalmente en duda esta misma libertad, al punto de negar la realidad misma de la libertad humana.


Libertad irrestricta y pecado original

Por su misma naturaleza el hombre está llamado a trascender el mundo y aun a autotrascenderse. Sería absurda esta tendencia si no encontrara su satisfacción; la respuesta a la misma está en Dios, bien infinito y absoluto, capaz de colmar toda necesidad y aspiración del hombre. La soberbia, pecado original del hombre, le ha llevado a buscar en sí mismo y por sí mismo la infinitud y la trascendencia; a pensarse y quererse desligado de todas las cosas y aun de Dios. Aquí encontramos la raíz de la pretendida libertad irrestricta del hombre, una consecuencia de la vanidad del pecado.


Precursores de las libertades modernas

El telón de fondo de las libertades modernas es una exagerada exaltación del «yo» frente al orden creado y aún frente a Dios (autonomía). Esto es consecuencia de un proceso histórico, filosófico y teológico.

Lutero: Partiendo de la concepción de la corrupción intrínseca de la naturaleza humana, producto del pecado, no admite que el hombre sea capaz de un mínimo bien, ni capaz de descubrir un mínimo de verdad. «Sólo en la fe el alma encuentra alimento, alegría, paz, luz, arte, justicia, verdad, sabiduría, libertad» (Lutero, La libertad Cristiana, III). La fe en Cristo es camino suficiente para obrar la propia redención. El encuentro del hombre con Cristo por la fe, es una experiencia individual, sin necesidad de mediaciones entre Cristo (rechazo de la autoridad doctrinal del magisterio y de la tradición como criterios normativos de la Sagrada Escritura) De aquí se sigue la libre interpretación de las Escrituras, el despojamiento de toda base metafísica en la comprensión de la fe, reducida a sentimiento (autonomía religiosa), y el subjetivismo moral, dado que la inutilidad de las obras del hombre en orden al mérito, nos «libera» de una moral objetiva (no importa cómo se obre, bien o mal, de forma honesta o deshonesta: cree fuerte y peca fuerte)

Kant: Continuando el proceso iniciado con Descartes, contribuye a la negación de la verdad objetiva (autonomía del hombre frente a la verdad). La ética, se reduce a una imposición de la razón práctica del deber y sus normas (imperativo categórico - autonomía moral). La libertad, entendida como capacidad moral de elección, es un absoluto, un «hecho» de la razón práctica dependiente solo de ella y sus leyes.

Rousseau: El concepto de «voluntad popular» y de libertad inviolable e irrestricta provocará el rechazo de todo fundamento objetivo de la autoridad y, finalmente, llevará a un rechazo de la misma autoridad frente a la autonomía del individuo (predominio de la libertad del individuo frente a toda norma particular o social). El liberalismo, se nutrirá de estas ideas (y también, en un grado extremo, el pensamiento de Marcuse, inspirado en Marx, Hegel y Freud, propiciador ideólogo del hippismo, con su «gran rechazo» a todo orden social, político y económico establecido).

Sartre: Lleva la autonomía de la libertad a un plano metafísico y existencial: el hombre es libertad pura; está «condenado» a ser libre y a realizarse a sí mismo.


¿«Libertades modernas» o «esclavitud moderna»?

La libertad entendida como poder ilimitado, ha terminado por confundir la verdad con las propias pretensiones; ha llevado a concebir la realidad y al hombre mismo como cosas disponibles para su uso, a fin de satisfacer sus propios deseos. Pero obrar bajo la influencia de los propios impulsos, sin que medie la inteligencia iluminada por la verdad objetiva, no nos libera, sino que nos esclaviza, reduciéndonos a pura animalidad, dado que obrar a merced de los impulsos, es propio del animal y no del hombre.


Libertad, deber, vocación

La libertad no es ilimitada. La libertad no es un absoluto; la libertad es un medio, no un fin, y como tal, se ordena al fin propio del hombre, respecto del cual estamos obligados por necesidad. Por lo tanto, no puede comprenderse adecuadamente la libertad, si no es inscripta en el marco del deber y de la ley. La moral, no nos esclaviza, sino que verdaderamente nos «libera» al orientarnos en el camino hacia la verdadera felicidad. La libertad nos ha sido participada para que, dueños de nuestros actos, con plena conciencia y pleno consentimiento, cumplamos con nuestra vocación. La libertad no es «hacer lo que quiero», sino «entender y querer hacer lo que debo».

Esta guía resumen fue publicada en el
Boletín Semanal AICA Nº 2317 del 16 de mayo de 2001


Bolívar 218, 3° Piso, C1066AAF Buenos Aires, tel. (54-11) 4343-4397 lin. rot.
info@aica.org