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LIBERTAD y familia
Guía resumen
Nº
5 de los Ciclos de Cultura y Ética Social 2001
Expositor:
Dr. Cristián Conen -
22 de
mayo
NATURALEZA, LIBERTAD Y COMPROMISO
Naturaleza,
libertad y compromiso son las tres claves fundamentales para
entender la identidad de la familia matrimonial natural.
Naturaleza
La sexualidad
humana es una realidad natural, es decir, es una estructura personal
dada al ser humano. Lo dado de la sexualidad humana no es algo
estático sino dinámico. Se manifiesta a través de inclinaciones o
tendencias, que desvelan su sentido o finalidad, puesto que la
sexualidad no constituye un absurdo. En efecto, la modalización
masculina y femenina de la persona humana tiene una razón de ser,
una finalidad. Y esa finalidad se infiere a partir de sus
inclinaciones o tendencias, que iluminan el deber ser de la
sexualidad. Una primera inclinación evidente, que se infiere del
hecho de la atracción general existente entre varón y mujer, es la
tendencia a la unión. Asimismo, las tendencias del sentimiento
amoroso de enamoramiento, revelan a qué tipo de unión inclina la
naturaleza, o más precisamente, su Diseñador: la propuesta natural
no es a una unión relacionalmente abierta, temporalmente pasajera e
infecunda; sino por el contrario, la naturaleza inclina a una unión
exclusiva, permanente y fecunda, para hacer posible el sólo con vos,
el siempre con vos y el deseo recrear todo con vos (fecundidad, cuya
máxima expresión es dar vida a un ser humano) al que invita el
enamoramiento. Por lo tanto, el deber ser de la sexualidad y lo
auténtico y natural en el amor varón -mujer, es una unión
indisolublemente fiel y fecunda, y no una unión abierta, pasajera e
infecunda. El deber ser de la sexualidad, en otras palabras, son los
tradicionales bienes identificatorios de la esencia de la unión
matrimonial: el bien de la unidad y su correlato de la fidelidad; el
bien de la indisolubilidad, categorizados ambos como propiedades del
matrimonio; y el bien de la apertura a la prole, categorizado como
fin del matrimonio.
Libertad
Afirmar la
existencia de un deber ser de la sexualidad humana, implica sostener
que la relación amorosa varón - mujer está llamada a desarrollarse o
madurar según un determinado orden, y también, que ese desarrollo o
maduración no se impone necesariamente, sino que puede no
concretarse en la historia personal de un hombre y una mujer; es
decir, depende de su libre decisión. Efectivamente, a diferencia de
lo que ocurre en el mundo animal donde la naturaleza determina, en
el ser humano la naturaleza no determina sino propone, invita; y
depende de la libertad de un varón y una mujer concretos, asumir y
concretar mediante un acto de amor voluntario motivado por el amor
afectivo, la propuesta de las tendencias naturales de la sexualidad
y el sentimiento amoroso, a una unión plena y total según el deber
ser de la sexualidad. Ese acto es precisamente el casamiento.
Compromiso:
El pacto conyugal, consentimiento matrimonial o casamiento, consiste
entonces en asumir con un acto de amor voluntario libre de entrega
de sí esencialmente total (para responder al sólo con vos) y
existencialmente total (para responder al siempre con vos), ese
deber ser de la sexualidad y de su inclinación natural. La medida
existencialmente total de esa entrega, exige el compromiso. Pro es
una preposición de futuro. Con-pro-meter, significa literalmente:
meterse en el futuro con otro(a). La vida matrimonial será luego dar
lo entregado en ese acto. El pacto conyugal es pues causa de un
efecto: el matrimonio.
EL PACTO CONYUGAL NO ES UN SIMPLE CONTRATO
La
categorización jurídica del matrimonio como un contrato, fue
inicialmente un vehículo técnico-jurídico para defender, en el siglo
XII, el válido principio consensual como causa eficiente del
matrimonio, o prevalencia de la voluntad marital por encima de los
planes o pactos esponsales de las familias. Hubo luego un proceso de
subjetivización del matrimonio en las legislaciones civiles, cuando
con la reforma protestante, se afirmó el carácter exclusivamente
temporal de las nupcias, acercando el contrato matrimonial al resto
de los contratos. El pacto conyugal o casamiento es algo más que un
contrato. Es una realidad amorosa y jurídica de origen natural y de
existencia consensual. Dios origina la dimensión de justicia de la
sexualidad humana, manifestada por la recíproca atribución del varón
a la mujer y viceversa, a través de la atracción. Dios origina,
asimismo, el contenido de ese vínculo: la inclinación natural de la
complementariedad sexual a la procreación y al bien de los cónyuges.
Pero este vínculo jurídico con su contenido: el deber ser de la
sexualidad, permanece en potencia hasta que es actualizado por la
entrega comprometida total en tanto varón y mujer de dos personas
concretas. Esta entrega comprometida, es la que existencializa la
realidad jurídica del matrimonio respecto de los contrayentes. En
esto consiste el pacto conyugal consentimiento matrimonial, que es
en consecuencia, un acto amoroso y jurídico bilateral (y sacramento,
si los que contraen son bautizados). Naturaleza, libertad y
compromiso son pues las tres claves fundamentales de la familia
matrimonial natural. La madurez para la vida matrimonial plena,
supone la posibilidad de conocer y entender la relación entre estos
conceptos. Ser buen cónyuge implica vivir en plenitud estos tres
elementos.
Esta guía resumen fue publicada en el
Boletín Semanal AICA Nº 2318 del 23 de mayo de 2001 |