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Ciclos
de Cultura Católica y Ética Social-2001
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Expositor: Cr. Daniel Passaniti
Por las características de este nuevo ordenamiento mundial, posterior a la Guerra Fría, pareciera ser que tales derechos y libertades no están garantizados, aún más, que el pragmatismo económico y político –fundamento ideológico prevaleciente de este nuevo orden- pone seriamente en peligro la existencia y viabilidad de muchas naciones, configurando todo ello renovadas formas de colonialismo. Entre otros, destacamos los siguientes aspectos: 1) dimensión global: derrumbe de fronteras, reducción del tiempo y del espacio, revolución tecnológica mediante, hacen de este mundo un mundo global; en el siglo XXI –afirma Robert Reich- no habrá ni productos ni tecnologías nacionales, no habrá ni economías ni estados nacionales (El Trabajo de las Naciones, 1993); 2) dimensión financiera: este nuevo ordenamiento global se articula sobre una base economicista en la que se destaca la hegemonía del capital financiero, cuya magnitud no registra precedentes: 300 billones de dólares frente a un producto mundial de alrededor de 40 billones, burbuja especulativa gigantesca no asociada a la economía real ni al trabajo, con una alta volatilidad que afecta el equilibrio global del sistema y la autonomía de decisión de muchos Estados; 3) concentración económica-inequidad distributiva: el avance tecnológico y el mayor potencial productivo debieran hacer más viable la meta del desarrollo para todas las naciones, sin embargo, "pese a los enormes progresos del siglo XX, el mundo hace frente a un retraso enorme de privación y desigualdad que deja disparidades inmensas dentro de los países y regiones" (PNUD, 1999); 4) brecha científico-tecnológica: brecha en materia de conocimiento y de acceso a la información, nuevas formas de propiedad; brecha comunicacional, brecha digital: el mundo se está dividiendo rápidamente entre ricos y pobres en información, amenazando la libertad personal y las posibilidades de desarrollo para gran parte de la humanidad; 5) paradigmas absolutos: economía de mercado y democracia: con la caída del régimen socialista, mercado y democracia son verdades dogmáticas, sin embargo, no existe soberanía del consumidor ni soberanía del pueblo: las cuestiones más importantes que hacen a la vida social, política y económica de la mayoría de los países, están subordinadas y condicionadas por los intereses de los grandes operadores económicos, quienes tienen el poder de decisión, el mercado no es democrático (Paolo Savona); "la globalización convive con una nueva estirpe de mercantilismo que se ejerce en nombre de la libertad y de la competencia" (Marcelo Lascano); asimismo, el mercado y el espíritu de lucro que lo anima ha llegado a dominar el ámbito de la ciencia y de la investigación: "Nos encontramos aquí ante un aumento prometeico del poder sobre la naturaleza, hasta el punto de que el mismo código genético humano se mide en términos de costos y beneficios" (SS Juan Pablo II, Academia Pontificia de Ciencias Sociales, 27-IV-01); 6) economía, política y cultura: afirma Jeremy Rifkin que así como la Economía colonizó la Política en la década de 1980 comercializando las funciones del Estado y reduciendo a éste a su mínima expresión, de igual forma, a partir de la última década del siglo pasado, la Economía invadió la Cultura comercializando experiencias de vida, en la "nueva economía" la venta de cultura (venta de contenidos: películas, videos, música, literatura, turismo, parques temáticos, entretenimientos) es el principal negocio, lo que ocasiona inseguridad cultural, homogeneización o "proceso de Macdonaldización" (George Ritzer), tensión conflictual entre globalización e identidad, entre lo universal y lo particular; "esta forma aguda de imperialismo cultural se ve reforzada por los negocios internacionales, que consideran que se beneficiarán con la destrucción de la diversidad social y su reemplazo por una monocultura global hambrienta de productos de consumo occidentales" (James Goldsmith); 7) utilitarismo político y económico: inspiradores de agresivos nacionalismos, mediante los cuales se somete a los pueblos más débiles y pequeños a los intereses de las naciones poderosas, constituyendo esto una grave amenaza a la libertad (Juan Pablo II -ONU, 5-X-1995).
Un mundo globalizado, sin fronteras, no supone un mundo uniforme y homogéneo, muy por el contrario, la globalización debe respetar la autonomía decisional de los pueblos, debe fortalecer lo local, y debe garantizar la libertad y responsabilidad de las familias, instituciones, comunidades, regiones y naciones, para que cada una de ellas elija su propio destino y estilo de vida, según sus tradiciones e identidad (principio de subsidiariedad); los derechos de cada pueblo y nación se fundan en las exigencias de la universalidad, esto es, en el deber de respeto y de vivir en actitud de paz y colaboración con otras naciones (principio de solidaridad); por último, la globalización debe basarse en el valor inalienable de la persona humana (fin y no medio) y en el valor de las culturas humanas y de su diversidad. La globalización –dice SS Juan Pablo II- no debe ser una nueva forma de colonialismo: "las varias culturas no son en realidad sino modos diversos de afrontar el significado de la existencia personal … toda cultura es un esfuerzo de reflexión sobre el misterio del mundo y en particular del hombre: es un modo de expresar la dimensión trascendente de la vida humana"; por otra parte, afirma el Papa, "La globalización no es, a priori, ni buena ni mala. Será lo que la gente haga de ella. Ningún sistema es un fin en si mismo, y es necesario insistir en que la globalización debe estar al servicio de la persona humana, de la solidaridad y del bien común" (Academia Pontificia de Ciencias Sociales, 27-IV-01).
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Agencia
Informativa Católica Argentina
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