Ciclos de Cultura Católica y Ética Social-2001
El hombre y la libertad - ¿Fatalidad? ¿Destino? ¿Azar?


CIES - Centro de Investigaciones de Ética Social
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LIBERTAD y orden económico

Expositor: Lic. Agustín Cordero Mujica



EL ORDEN ECONÓMICO

El desarrollo del hombre para lograr su realización, requiere un orden económico orientado al Bien Común; esta tarea deberá estar a cargo de la Autoridad Pública, la que actuará sobre la base de normas que legislen conformes a la recta razón y al orden natural de las cosas. La Economía necesita encuadrarse en este orden que, respetando la naturaleza del hombre para el cumplimiento de sus fines inmanentes y trascendentes, permita su realización en el marco de la libertad y de la moral. El hombre está dotado de inteligencia y voluntad, como distinción de otros seres. La inteligencia permitirá establecer el orden y la voluntad perseverar en él. La Economía no es entonces una ciencia separada de la moral ni una fatalidad similar a las ciencias físicas. La Economía es una ciencia de la conducta humana enmarcada en el orden y la moral.

El Estado establece el marco y orienta pero la ejecución estará casi en su totalidad en manos de los particulares o las asociaciones intermedias. Este es el principio de subsidiariedad que, conjuntamente con la Solidaridad, que se expresa mediante las diversas formas de la justicia (conmutativa, distributiva, legal y social) permiten la equidad en la distribución de los bienes para atender las necesidades humanas y sociales.


LIBERTAD DE MERCADO

Por su naturaleza el hombre utiliza su inteligencia para desarrollarse y no estar sujeto a los dictados del Estado. Por ello la libertad de mercado y la competencia son necesarias para su mayor eficiencia y eficacia, siempre que el mismo funcione en el respeto al Bien Común y a las normas éticas.

El Capitalismo liberal y economicista se ha trasformado en los siglos XIX y XX en contrario a la adecuada competencia, con el predominio de los monopolios, generando la cuestión social por la explotación de los trabajadores y las actitudes hegemónicas de los países desarrollados sobre los emergentes. Este sistema nace de la concepción hedonista y utilitaria y pretende que la suma de los beneficios individuales hace al Bien Común, cosa que es inexacta. Al separar la ética de la economía, cree que el mercado lo resuelve todo, dejando al margen los problemas de la justicia social, la distribución del ingreso y la situación de los carentes. En este esquema de la lucha del más fuerte que devora al más débil, no existe la equidad en el intercambio y se generan las fuertes diferencias y exclusiones que caracterizan al mundo de hoy, no habiendo cumplido este sistema con el compromiso de alimentar a los pueblos, distribuir la riqueza puesta por Dios en la tierra y respetar a la naturaleza con un criterio de desarrollo sustentable sin destrucciones del medio ambiente. El panorama de los países en vías de desarrollo es desocupación, recesión y convulsión social. Este sistema alejado de la ética, viola los principios sustanciales de la misma, con falta de solidaridad afectando el desarrollo social y el del hombre.

Estas críticas sobre la realidad histórica del capitalismo liberal no invalidan los principios del libre mercado y de la competencia, útiles para el crecimiento de las personas y de la sociedad, siempre que funcionen en el marco de un orden económico justo y las normas morales que hacen a la naturaleza humana (cf. Juan Pablo II, Centesimus Annus, nº 34 y 42)


ESTATIZACIÓN DE LA ECONOMÍA

El fracaso del capitalismo liberal en la crisis de 1930 y la caracterización ideológica de los países europeos en esos tiempos, gestaron la aparición de corrientes de fuerte intervención estatal. La solución para estas teorías está en la destrucción del capitalismo, confiscando la propiedad de los bienes de producción en manos del Estado. Se nacionaliza el comercio exterior, la banca, se desarticula el mercado por precios establecidos por la Administración sobre la base de un planeamiento dirigista. El hombre pasa de ser un dependiente de las grandes empresas a ser un engranaje de la maquinaria estatal, en donde debe trabajar para la colectividad sin que se respeten sus valores y su dignidad humana trascendente. La caída del muro de Berlín y de la URSS en 1991, ha dado por tierra con gran parte de estas experiencias utópicas pero los partidos socialistas sobrevivientes intentan plantear la llamada "tercera vía" que implica una incompatible mixtura de capitalismo y socialismo.


APLICACIONES DE LA LIBERTAD ECONÓMICA

El caso de la República Federal Alemana de postguerra con una concepción social-cristiana, y el del Japón, conforman dos experiencias interesantes de lo que puede llamarse la "Economía Social de Mercado", que conjuga la libertad de mercado, la competencia, con las normas morales y el progreso social. El primer caso, que se denominó "el milagro alemán", implicó salir de la dictadura nacional-socialista hacia una democracia, con un Estado fuerte que garantiza el orden, un mercado flexible y dinámico, que gestó un gran crecimiento con progreso social, pues los beneficios alcanzaron a todos los sectores. El Estado interviene a favor de la competencia y en aquellos aspectos que le son propios, como el seguro social, el salario familiar, los subsidios por desempleo, las pensiones, etc., así como en las tareas político-sociales como inversiones en educación, salud, medio ambiente, urbanismo, vivienda, etc. Es importante señalar la fuerza del Estado para evitar los monopolios y la concentración de la riqueza, así como la creación de empresas sociales, con participación de los obreros en la dirección y ganancias de las mismas. Este modelo es una experimentación y aproximación a los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, que no son nada utópicos como se los ha criticado.


Esta GUÍA-RESUMEN Nº 11 fue publicada en el 
Boletín Semanal AICA Nº 2324 del 4 de julio
de 2001

 


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