Ciclos de Cultura Católica y Ética Social-2001
El hombre y la libertad - ¿Fatalidad? ¿Destino? ¿Azar?


CIES - Centro de Investigaciones de Ética Social
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LIBERTAD y religión

Expositor: P. Enrique Laje S.J.



El Concilio Vaticano II, en su declaración «Dignitatis Humanae» defiende la libertad religiosa como un derecho natural. Pero esta libertad no debe entenderse como «libertas a religione» (libertad respecto de la religión), sino como «libertas ad religionem» (libertad para practicar la religión). Todos los hombres, en efecto, tienen la obligación moral de buscar la verdad religiosa, y de adherirse a ella una vez conocida. La obligación moral de buscar la verdad y de adherirse a ella una vez conocida, plantea los siguientes problemas:


LA RELIGION CATOLICA Y LAS OTRAS RELIGIONES

La Iglesia Católica no rechaza nada de lo que hay de santo y verdadero en otras religiones, y respeta sus modos de obrar y de vivir, sus preceptos y doctrinas. Pero no puede considerarlas, por coherencia con su propia fe, como caminos de salvación paralelos, complementarios o equivalentes. Esto se debe al carácter sobrenatural de la economía de salvación elegida por Dios, en la que Je-sucristo ocupa el centro como mediador y redentor univer-sal. Si Dios no hubiera elevado al hombre al orden de la gracia, y no se hubiera revelado, y, por consiguiente, la existencia humana se desarrollara en un estado de naturaleza pura, su búsqueda de Dios y la forma de darle culto, hubiera podido darse por diferentes caminos, equivalentes e igualmente válidos, según las diversas culturas. Pero la realidad histórica de la condición humana es otra. El orden real en el que el hombre existe es el de naturaleza elevada, caída y redimida (Ef. 1, 3-14)


Naturaleza elevada

Dios creó libremente al hombre, y también libremente lo elevó al orden de la gracia. La elevación significa la vocación a la filiación divina en Cristo, y, consecuentemente, su participación en la naturaleza divina y su divinización. La creación produce el orden natural. Todo lo que el hombre es y tiene de acuerdo a su esencia. La elevación produce el orden sobrenatural que hace posible el acceso del hombre al mundo interior de Dios, a lo que es propio de Dios y no pertenece a ninguna naturaleza creada, ni como un elemento constitutivo de su esencia, ni como algo exigido por ella, o consecuente con ella. Por la creación Dios da el ser al hombre; por la elevación se da a sí mismo.


Naturaleza caída

El hombre elevado al orden sobrenatural pecó gravemente perdiendo así el estado de justicia original. Como consecuencia sus descendientes nacen en un estado de privación de la gracia que se llama pecado original, y que se propaga por generación (Cf. Concilio de Cartago XVI, Denz. 102; Concilio de Orange II, Denz. 174-175; Concilio de Trento, Denz. 788-795).


Naturaleza redimida

La revelación divina nos manifiesta la incapacidad del hombre caído para reparar el pecado y recuperar la justicia, pues la distancia infinita entre la creatura y el Creador, y la gratuidad del don perdido lo hacen imposible. Por eso es necesario el misterio de la Encarnación y de la Redención por Jesucristo, Dios y hombre, pues sus acciones humanas tienen un valor infinito debido a la dignidad de su persona divina.


Necesidad del Bautismo

Pero la salvación en Cristo requiere, de parte nuestra, la fe y el bautismo (Mc. 16,15-16; Jn. 3,3-5; ad Rom. 6,1-11). El Concilio de Trento define solemnemente la necesidad del Bautismo o su deseo para la salvación (Decreto sobre la Justificación, cap. 4). No es necesario un deseo explícito en el caso de ignorancia invencible (Carta del Santo Oficio a Mons. Cushing, Arzobispo de Boston, 8 de agosto de 1949) «La divina Providencia tampoco niega los auxilios necesarios para la salvación a quienes, sin culpa, no han llegado todavía a un conocimiento expreso de Dios y se esfuerzan en llevar una vida recta, no sin la gracia de Dios» (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 16)


EL PLURALISMO RELIGIOSO

La Declaración «Dominus Iesus» reconoce y respeta un pluralismo de facto, pero rechaza un pluralismo «de iure» (n. 4). Pues dado el misterio de la Encarnación y de la Revelación, no se puede poner en el mismo plano al Cristianismo y a las otras religiones. Además la Iglesia que Cristo instituyó como misterio salvífico subsiste en la Iglesia Católica.


RELATIVISMO RELIGIOSO

La Declaración «Dominus Iesus» rechaza asimismo el relativismo teológico contemporáneo, y reitera:

1) El carácter definitivo y completo de la Revelación de Jesucristo.

2) La distinción entre fe teologal y creencias religiosas.

3) La reserva de la calificación de textos inspirados a los libros canónicos.


CONCLUSIÓN

Todo hombre está obligado a buscar la verdad sobre Dios y la Iglesia, y, una vez conocida, a abrazarla y practicarla. Esta verdad subsiste en la Iglesia Católica, a la que el Señor Jesús dio el mandato de anunciarle a todos los hombres: «Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado» (Mt. 28,19-20)


Esta GUÍA-RESUMEN Nº 12 fue publicada en el 
Boletín Semanal AICA Nº 2329 del 8
de agosto de 2001

 


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