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Ciclos
de Cultura Católica y Ética Social-2001
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Expositor: Dr. Vytautas Jouzas Mikalonis
Vemos que respecto a esto se perfilan en general dos tendencias contrapuestas, una que afirma la espiritualidad del alma humana y otra que la considera como un principio de operación intrínseco a la materia, tendencia esta última predominante en la sicología contemporánea. Tenemos pues dos concepciones radicalmente opuestas de lo que es el hombre; una que nos permite vislumbrar razonablemente "el misterio del hombre" y a su libertad como el atributo de su esencia metafísica que nos pone de lleno frente a este misterio, y otra que nos presenta al hombre como "el ser más misterioso" de la creación, al punto de poder decir de él que "es una pasión inútil", "un absurdo entre dos nadas". Ahora bien, sabemos que los seres puramente materiales están absolutamente determinados en sus operaciones por las leyes físicas que las rigen, es decir, no pueden y de hecho no obran libremente, como es el caso de los vegetales y los animales; a no ser que se quiera considerar como libertad alguna indeterminación en el movimiento local pero, en tal caso, se plantearía la cuestión de fondo, es decir, ¿qué es la libertad? De cualquier manera la conclusión es clarísima, para que un ser pueda obrar libremente su principio de operación no puede ser material, o dicho de otro modo, debe ser inmaterial, más propiamente, espiritual. Que el hombre es libre es un hecho, lo atestiguan sus obras; no obstante también hay que afirmar que esta libertad de la que goza es la libertad de un ser finito y falible, que eso es el hombre, y por lo mismo ésta también lo será. Es en definitiva la libertad de una criatura que, aunque acotada por su condición de tal, no deja de ser real y efectiva. No es, por lo tanto, una potestad absoluta e ilimitada de decisión autónoma, sino que es una facultad ordenada a la perfección de su naturaleza, al bien de la misma. La doctrina es clara, pero no es suficiente si no se considera al hombre concreto y sus circunstancias, al hombre de carne y hueso sometido a las tensiones que permanentemente lo solicitan porque el hombre es un ser profundamente indigente y las necesidades que lo apremian pueden menguar en algunas circunstancias el ejercicio pleno de su libertad. Por eso también cualquier consideración sobre la misma será insuficiente si no las tiene en cuenta, del mismo modo que si no se considera la realidad del desorden en sus inclinaciones, presente desde su mismo origen a partir del pecado original. En efecto, el hombre es libre por naturaleza pero llega al ejercicio correcto de su libertad por un camino arduo que puede ser facilitado o dificultado por factores personales y culturales. Entre los primeros están las disposiciones de la propia naturaleza, entre los segundos toda la compleja trama de factores que configuran un determinado ambiente cultural. De cualquier manera no se los puede considerar como determinantes absolutos de la conducta humana sin incurrir en algún determinismo, ya sea psicológico, cósmico, social, cultural, económico, o cualquier otro, negándose así la libertad del hombre y por ende la responsabilidad que le cabe por sus actos. Algunas corrientes psicológicas contemporá-neas, apartándose de la verdad sobre el hombre, lo presentan como un animal evolucionado al que lo mueve, como a cualquier otro, sólo sus apetitos más primitivos, particularmente la omnipotente libido, negando así la libertad humana. No puede ser de otro modo porque una psicología de raigambre materialista, como la que predomina en la cultura actual, si quiere ser coherente consigo misma, debe negar la libertad del hombre por lo mismo que niega la espiritualidad del alma humana al afirmar que el entendimiento y la voluntad no son más que epifenómenos evolutivos de la materia, y por lo mismo también atributos de la materia. Se da así la paradoja en el pensamiento moderno, denunciada por S.S. Juan Pablo II en su encíclica "Veritatis Splendor", de exaltar por un lado la libertad hasta el extremo de considerarla como un absoluto y paralelamente, aduciendo los hallazgos de las disciplinas conocidas como "ciencias humanas", poner radicalmente en duda esta misma libertad.
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Agencia
Informativa Católica Argentina
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