Ciclos de Cultura Católica y Ética Social-2001
El hombre y la libertad - ¿Fatalidad? ¿Destino? ¿Azar?


CIES - Centro de Investigaciones de Ética Social
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la LIBERTAD de lOS HIJOS DE DIOS

Expositor: Padre Alfredo Sáenz S.J.



Si Dios nos ha creado para darse a nosotros en un intercambio de amor, fue necesario que nos creara libres, de modo que libremente eligiéramos amarle como a un padre. En latín la palabra «liber» significa «libre» e «hijo». La libertad es la condición del amor, y el amor es la única razón de ser de nuestra libertad. Es en nombre de la verdadera libertad y del verdadero amor que los santos llegaron a ser lo que son, del mismo modo que es en nombre de la libertad, pero de la falsa, y en nombre del amor, pero del amor engañoso, por lo que se cometen todas las arbitrariedades individuales y sociales.

Al término de los Ejercicios Espirituales nos ha dejado San Ignacio una plegaria donde se expresa cabalmente la oblación enamorada que el hombre puede hacer de sí mismo: «Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, todo mi haber y mi poseer. Vos me lo disteis; a Vos, Señor, lo devuelvo». Son dos decisiones, la del padre y la del hijo, que se encuentran y se fusionan.


La Teología de la Liberación

Con este nombre se designa una corriente promovida por algunos teólogos. En referencia a ella la Congregación para la Doctrina de la Fe promulgó dos instrucciones: Libertatis Nuntius y Libertatis Conscientia donde se expone el pensamiento de aquellos teólogos y el juicio crítico que merecen.

La expresión «teología de la liberación» es de por sí aceptable, porque el Evangelio de Cristo es un mensaje de libertad y una fuerza de liberación. Pero esta liberación es, ante todo, liberación de la esclavitud radical del pecado, en orden a alcanzar la libertad de los hijos de Dios. A partir de allí, cabe hablar de la conveniencia de liberarse de múltiples esclavitudes de orden cultural, económico, político y social, que en última instancia derivan del pecado. No lo consideran así los cultores de aquella reciente «teología».

Lo primero que señala el Cardenal Ratzinger, autor de ambas Instrucciones, es que en dicha corriente se advierte una inmanentización del cristianismo. Algunos de sus cultores no parten de los datos de la Revelación sino de la opción marxista. De este modo, también ellos acaban por encerrarse en la inmanencia, tan típica del marxismo, confundiendo por ejemplo la historia profana con la sagrada.

Observa, asimismo, que propician una cierta horizontalización de las virtudes teologales. Siguen hablando de fe, pero entendida como fidelidad a la historia; de esperanza, pero como confianza en el futuro; de caridad, pero como opción por los pobres, a través de la lucha de clases.

El rechazo de esta postura no significa desinteresarse del orden temporal, al contrario. Sólo aplicando la Doctrina Social de la Iglesia, iremos hacia una liberación auténtica, la liberación del pecado, y consiguientemente de todo el orden temporal. No será Marx quien salve el mundo. Ni será el capitalismo liberal o el globalismo quien lo salvará. Sólo Cristo tiene la clave de la salvación, y la Iglesia por El fundada. Solo la verdad nos hará libres.


Magisterio de la Iglesia

Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Libertatis Nuntius, X, nº 5: «La nueva hermenéutica inscrita en las teologías de la liberación conduce a una relectura esencialmente política de la Escritura. Por tanto se da mayor importancia al acontecimiento del Exodo en cuanto que es liberación de la esclavitud política. Se propone igualmente una lectura política del Magnificat. El error no está aquí en prestarle atención a una dimensión política de los relatos bíblicos. Está en hacer de esta dimensión la dimensión principal y exclusiva, que conduce a una lectura reductora de la Escritura»; nº 6: «Igualmente, se sitúa en la perspectiva de un mesianismo temporal, el cual es una de las expresiones más radicales de la secularización del Reino de Dios, y de su absorción en la inmanencia de la historia humana»


Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Libertatis Conscientia, nº 3
: «Cristo, por medio de su cruz y resurrección, ha realizado nuestra redención que es la liberación en su sentido más profundo, ya que ésta nos ha liberado del mal más radical, es decir, del pecado y del poder de la muerte».


Juan Pablo II, Veritatis Splendor, nº 85:
«Concretamente, en Jesús crucificado la Iglesia encuentra la respuesta al interrogante que atormenta hoy a tantos hombres: cómo puede la obediencia a las normas morales universales e inmutables respetar la unicidad e irrepetibilidad de la persona y no atentar a su libertad y dignidad. La Iglesia hace suya la conciencia que el apóstol Pablo tenía de la misión recibida: ´Me envió Cristo (...) a predicar el Evangelio. Y no con palabras sabias, para no desvirtuar la cruz de Cristo (...); nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios´ (1 Cor. 1, 17, 23-24) Cristo crucificado revela el significado auténtico de la libertad, lo vive plenamente en el don total de sí y llama a los discípulos a tomar parte en su misma libertad»


Esta GUÍA-RESUMEN Nº
20 fue publicada en el 
Boletín Semanal AICA Nº 2337 del 3 de OCTUBRE de 2001

 


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