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LA VERDAD LIBERA,
EL ERROR ESCLAVIZA
Guía resumen
Nº
1 de los Ciclos de Cultura y Ética Social 2002
Expositor:
Dr. Carmelo E. Palumbo -
9 de abril
Simbolismo de la esfera y
la cruz
(Lucifer y el enjuto monje Miguel navegaban por los cielos de
Londres; debajo de la navecilla se vislumbraba, entre nubes, la
cúpula de la catedral de San Pablo: una esfera redonda rematando en
una cruz. Entre ellos se produce el siguiente diálogo):
Lucifer:
“La cruz está en lo alto de la esfera. Es
un error, sin duda alguna. La esfera debía estar en lo alto de la
cruz. La cruz no es más que un sostén bárbaro, la esfera, la
perfección.”
El Monje Miguel:
“Bien, en tal caso, vería el efecto más singular, efecto a que
generalmente han llegado todos los sistemas potentes y hábiles que
el racionalismo o la religión de la esfera han producido para guía y
enseñanza de la humanidad (...) quiero decir que la esfera se
caería” (...) “empiezan ustedes rompiendo la cruz y concluyen
destrozando el mundo habitable” («La Esfera y la cruz»,
Gilbert K. Chesterton, Edit. Spasa Calpe S.A., págs. 15; 16 y 17).
Grados de alejamiento de la verdad
* La
ignorancia:
el hombre no tiene noticia sobre la Verdad. Hay algunas verdades que
influyen decisivamente en la programación de la vida de una persona,
de las cuales no se puede alegar ignorancia. Son “inexcusables”
–dice San Pablo- los que no aceptan a Dios como Creador de todas las
cosas (ad Rom. I, 9-20) pues la existencia y atributos de Dios
resultan visibles por la creación del mundo.
El ateísmo práctico
conduce a una vida “sin sentido” (Viktor Frankl), origen de neurosis
y esclavitudes a sustitutos terrenales: sexo, dinero, poder. La
cultura contemporánea al no aceptar a Dios como Creador y fin
trascendente, induce en las mentes creencias falsas que esclavizan y
dominan los espíritus: la influencia de los astros, la consulta al
horóscopo, el destino, la fatalidad, la implacable “libido sexual”,
la supremacía del número, de la cantidad en desmedro de la calidad,
etc.
* El Error:
no hay simple ausencia de verdad, sino un juicio equivocado acerca
de algo o de alguien.
Muchas veces el
error proviene de falsas concepciones filosóficas, teológicas o
culturales (fenomenologismo, materialismo, pansexualismo). Otras, en
cambio, se deben a la obnubilación de la inteligencia, consecuencia
del pecado original: «la inteligencia no se limita a los
fenómenos, sino que es capaz de alcanzar con verdadera certeza la
realidad inteligible, aunque a consecuencia del pecado se encuentre
parcialmente oscurecida y debilitada», (Gaudium et Spes nº 15.)
Por ello, en materia
de fe y moral, ambas imbricadas en el desarrollo y salvación de la
persona, la guía segura es la que instituyó el Divino Maestro: El
Magisterio Auténtico Eclesiástico “cum Petro et sub Petro” (Veritatis
Splendor nº 116). El error esclaviza al hombre a concepciones falsas
con apariencia de verdad y de bien. El católico sabe que para evitar
el error cuenta con la gracia santificante y sanante y con
los dones del Espíritu Santo que auxilian a la inteligencia y a la
fe: don de Sabiduría, Entendimiento, Ciencia y Consejo.
Los que rechazan la
cruz de Cristo son esclavos de la necedad, la que es auxiliada por
la molicie, la pereza, la adulación, la voluptuosidad, la demencia,
la modorra y el amor propio (Erasmo)
* La Mentira:
se da cuando las palabras y signos exteriores no se corresponden con
lo que piensa el locutor: dice “A” y piensa “B”.
No sólo personas
individuales sino también pueblos y “masas” populares son
engañadas y llevadas de aquí para allá con total o parcial falta de
“transparencia”. La corrupción de la inteligencia y de la fe
son las más graves de las corrupciones, pues se hallan como causa de
las mismas (Santo Tomás, Suma Teológica, II-II, q. 103, art. 11).
La mentira es un
vicio social. Es maquiavélica la creencia de que en Política es
lícito mentir.
* La Confusión:
es un comportamiento que mezclando el error con la verdad, conduce a
perder la orientación en la vida privada y pública. Cuando es usada
como sistema social de convivencia es “diabólica” pues Satanás,
padre de la mentira, al ser muy inteligente, pretende, bajo el
aspecto de bien y de verdad, introducir el mal en el corazón humano
y en la convivencia de los pueblos (Evangelio de las “tentaciones a
Jesús”).
Juan Pablo II
escribe: “Semejante testimonio (el de los mártires) tiene un
valor extraordinario a fin de que no solo en la sociedad civil sino
incluso dentro de las mismas comunidades eclesiales no se caiga en
la crisis más peligrosa que puede afectar al hombre: la confusión
del bien y del mal, que hace imposible construir y conservar el
orden moral de los individuos y de las comunidades (...) (los
mártires) hacen resonar con permanente actualidad las palabras del
profeta: “Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal; que dan
oscuridad por luz, y luz por oscuridad; que dan amargo por dulce, y
dulce por amargo” (Veritatis Splendor nº 93; Isaías V, 20).
Esta guía resumen fue publicada en el
Boletín Semanal AICA Nº 2364 del 10 de abril de 2002
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