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LA VERDAD Y EL ERROR SOBRE
EL FIN DEL MUNDO Y DE LA HISTORIA


Guía resumen  Nº 2 de los Ciclos de Cultura y Ética Social 2002
Expositor:
Padre Alfredo Sáenz S.J. - 16 de abril


Trátase de un tema central, el de la visión cristiana de la historia. O, en otros términos, si la historia tiene o no un sentido.


Tres concepciones

Para el pensamiento griego (Platón), lo divino es el mundo inmóvil y eterno de las ideas. Las leyes inmutables del cosmos y de la ciudad no constituyen sino el reflejo visible de esa eternidad del mundo inteligible. Por eso tanto el movimiento regular de los astros como el eterno retorno que rige el movimiento de la historia se reinician siempre de nuevo. Gracias a dicha reiteración, el movimiento participa en la eternidad del mundo de las ideas. Jamás un acontecimiento nuevo podrá intervenir para modificar aquel orden eterno. Siglos después, Nietzsche retomaría la concepción griega de la historia. La doctrina del eterno  retorno es clave en su filosofía.

La segunda concepción es la cristiana. Para nosotros la historia no es circular, como pensaban los griegos, sino un acontecer orientado, un proceso, por complicado que sea, de carácter lineal: tiene un inicio, un medio y un fin.

Cabe, sin embargo, una tercera interpretación. Y es la que sostiene la llamada «modernidad». Fue sobre todo Kant quien la desarrolló por primera vez en uno de sus ensayos. Allí señala que tres son las respuestas posibles al tema del significado de la historia: o se da un progreso constante y ascensional, o un permanente retroceso, o una suerte de estancamiento. En base a un acto de fe natural, el pensador alemán descarta las dos últimas conjeturas, asegurando que la historia, sí o sí, marcha decididamente hacia la felicidad sin fin. Detrás de esta visión de la historia se esconde un mito: el del progreso indefinido, en la suposición de que, siempre y a pesar de todo, el mundo avanza indefectiblemente. Luego de Kant vino Hegel, quien sostuvo que la historia progresa en forma dialéctica hacia su plenitud en la tierra. También el pensamiento marxista se apoderó de esta idea del «iluminismo». No en vano Marx habla del «paraíso en la tierra», mediante la victoria final de la clase universal que es el proletariado. Fue sobre todo Bloch el que mejor sistematizó las tesis del marxismo, en la afirmación de que ineludiblemente llegaremos a una época de «felicidad, libertad, inalienación, edad de oro, país donde fluye leche, miel...».


Fukuyama

Dentro de esta tercera interpretación debemos ubicar a un pensador actual, Francis Fukuyama, quien a ese respecto ha escrito un libro bajo el nombre de «El fin de la Historia y el último hombre». Tras las huellas de Kant, Hegel y Marx, señala que hemos llegado al fin de la historia. El aserto parece demasiado atrevido.  Pero lo afirma sin trepidar sobre la base de que merced al triunfo de la economía liberal, la política liberal y la democracia liberal, el hombre verá saciadas todas sus aspiraciones, al punto que ya no anhelará, como es obvio, cambiar la situación. Será la felicidad terminal en la tierra.


El pensamiento catolico

La teología cristiana de la historia supone, como lo dijimos, un comienzo (la creación), un medio o plenitud (la redención) y un término (la escatología). Como bien enseña Pieper, tanto el comienzo como el fin no los podemos conocer con el mero recurso a la filosofía de la historia. Se necesita la ayuda de la teología de la historia. En lo que se refiere al fin, que es lo que ahora nos interesa, la clave se encuentra en el libro del Apocalipsis.

Lo primero que aprendemos de dicho libro profético es que la historia de la humanidad no logrará su plenitud por un proceso inmanentístico, de desarrollo continuo, al estilo soñado por Kant, Marx o Fukuyama. Al contrario, habrá un ocaso de la humanidad, una época trágica, pero que será el preludio de la victoria final de Cristo, del nuevo cielo y la nueva tierra. No sabemos el cuándo ni los detalles del cómo. Sabemos, eso sí, que esos tiempos terminales serán dominados por “el anticristo”, personaje concreto que conducirá por un breve lapso las riendas de la historia. Así como Cristo recapituló la historia para el bien, de manera semejante “el anticristo” recapitulará todo el mal de la historia. Finalmente será derrotado por el “caballero del blanco corcel”, como describe el Apocalipsis al Cristo de la Parusía.

Es lícito, pues, hablar del fin de los tiempos, del fin de la historia, no en el sentido “moderno” de un fin de la historia pero dentro de la historia, sino de un fin que cierra la historia y se vuelve umbral de la eternidad.

Esta guía resumen fue publicada en el
Boletín Semanal AICA Nº 2365 del 17 de abril de 2002


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