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LOS PILATOS
CONTEMPORÁNEOS:
¿QUÉ ES LA VERDAD?
Guía resumen
Nº
3 de los Ciclos de Cultura y Ética Social 2002
Expositor:
Lic. Marcelo L. Imperiale -
23 de abril
La pregunta por la verdad
Frente a la pregunta
por la verdad, el hombre contemporáneo, en términos generales,
pareciera adoptar dos posiciones principales: el escepticismo y el
relativismo. Se constata en la experiencia diaria, en expresiones
del lenguaje común: “¿quién puede decir que conoce la verdad?”,
“nadie puede creerse dueño de la verdad” (queriendo decir que
nadie está en posesión de ella); “yo tengo mi verdad, esta es mi
verdad”, “esa es tu verdad”; estas expresiones, y muchas
otras similares, manifiestan la idea de que el peso de la verdad
descansa exclusivamente en el hombre; no hay una “verdad
objetiva”, extramental, confiable, cierta, segura, sino que la
verdad es “algo” relativo a cada sujeto. Esto tiene otra
implicancia: si estimamos que no hay una verdad objetiva,
independiente de nosotros, tampoco habrá un bien objetivo al cual
estemos ordenados; no solo la verdad sino también el bien descansará
y pondrá su acento en el hombre.
La verdad puesta en duda (escepticismo)
El escéptico frente
a la verdad objetiva experimenta una desconfianza, poniendo en duda
el valor de las cosas y la realidad del mismo ser. La realidad, para
el escéptico, se reduce a probabilidad (probabilismo) y a simple
apariencia (fenomenismo). Existe una aplicación en el orden moral
bastante difundida en el mundo de hoy: No existe formalmente ni el
bien ni el mal; no hay personas ni buenas ni malas, ni tampoco
conductas que puedan ser objetivamente calificadas como buenas o
malas. Por tanto, una Ética normativa, que se basa en
consideraciones objetivas o absolutas, es rechazada por el
escepticismo. La promiscuidad sexual, las adicciones (droga,
alcohol), la corrupción, no pueden ser valoradas por normas
objetivas, sino solo por la opinión consensuada de la mayoría
imperante. La verdad es «propiedad» de la mayoría (tiranía
del número y de las masas). Por lo mismo, tampoco pueden juzgarse
con plena certeza las costumbres de una sociedad, de un pueblo, de
una nación; ni puede distinguirse adecuadamente entre un individuo
bueno y honesto y otro que no lo es. Surge como consecuencia una
suerte de “igualación horizontal”, en virtud de la cual todos
somos tenidos por igual, juzgados por igual, valorados por igual,
sin atender a las capacidades de cada individuo, ni a sus méritos,
ni a su virtud.
La verdad “en manos del hombre” (el relativismo)
El relativismo
básicamente se caracteriza por negar que existan verdades absolutas.
También existe un “relativismo” moral que sostiene que nada
es bueno o malo absolutamente, sino que la bondad o maldad dependen
también de circunstancias, condiciones o momentos. En el relativismo
la verdad queda “reducida” a un aspecto de la realidad;
verdadero o falso, se dice con relación a un determinado campo de
cosas, el cual es tenido como única referencia válida, extensible a
todo. Así, para el pragmatismo, que es una forma de relativismo, la
verdad y la bondad son «relativas» a la utilidad. Una actitud
pragmática conduce a juzgar verdadero y bueno aquello que a cada uno
le conviene.
El ateísmo práctico
Dice Juan Pablo II:
«Cada vez que la libertad, queriendo emanciparse de cualquier
tradición y autoridad, se cierra a las evidencias primarias de una
verdad objetiva y común, fundamento de la vida personal y social, la
persona acaba por asumir como única e indiscutible referencia para
sus propias decisiones no ya la verdad sobre el bien o el mal, sino
sólo su opinión subjetiva y mudable o, incluso, su interés egoísta y
su capricho» (Evangelium vitae, nº 19). Por ello dice el Apóstol
San Juan: «... si andamos en tinieblas, mentimos, y no obramos la
verdad» (1 Juan, 1-6). El escepticismo y el relativismo,
conllevan el rechazo del orden creado y, por extensión derivan en un
ateísmo tanto teórico como práctico. Teórico, pues el mundo y el
hombre son observados al margen de Dios, negándolo o ignorándolo
como principio y fin de las cosas. Práctico, pues se vive y obra al
margen y en contra de los principios que Dios ha puesto en las cosas
(Las leyes de la naturaleza y del hombre. Ley eterna y ley natural,
respectivamente). Hoy día asistimos a numerosas expresiones de
ateísmo práctico: En algunas expresiones de las ciencias: (reduccionismo
fenoménico o fenomenismo). Verdadero es lo que las ciencias
determinan. Así, para algunos científicos un embrión antes de la
anidación en el útero de la madre, no es hombre; por lo tanto es
legítimo manipularlo o extirparlo (aborto). En economía: (Economicismo.
La Economía es vista como la medida de todas las cosas). Algunos
economistas, por ejemplo, defienden teorías económicas y
financieras que no toman en cuenta el impacto que provocarán en
distintos sectores de la población; olvidan, de este modo, que la
Economía debe estar al servicio del hombre y no al revés. En
política: desvirtuándose a esta de su finalidad propia ya que su
ejercicio no queda ordenado al bien común de la comunidad, sino al
interés personal del gobernante. De una actitud de servicio, se muda
a una actitud utilitaria y egoísta. El criterio de verdad queda
determinado por el Estado. En lo social y cultural: La verdad no es
considerada como conformidad del espíritu con lo real, sino relativa
a la sociedad; la verdad coincide con la “creencia colectiva”
(inconsciente colectivo de Jung; sociología positiva en materia
moral)
La verdad: conformidad del intelecto con las cosas
Contrariamente, la
recta razón y la más genuina tradición histórica han coincidido en
señalar que la verdad es la conformidad (adecuación) del intelecto
con las cosas. El orden del mundo y del hombre no son porque
nosotros así lo pensemos o como nosotros lo queramos, sino que más
bien si los pensamos y conocemos rectamente que son así, es porque
las cosas son así. Esto es ser realista y no un «pragmático» que
afirma o niega según la utilidad que le reporte. En la medida que no
tergiversemos el recto orden que las cosas en sí mismas tienen, ni
pretendamos ignorar la verdad acerca del hombre (lo que el hombre es
y su fin propio) obraremos la verdad y esta verdad efectivamente nos
hará libres.
Esta guía resumen fue publicada en el
Boletín Semanal AICA Nº 2366 del 24 de abril de 2002
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