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LA VERDAD Y EL ERROR SOBRE EL PLURALISMO


Guía resumen  Nº 5 de los Ciclos de Cultura y Ética Social 2002
Expositor:
Dr. Gerardo Palacios Hardy  - 7 de mayo


El pluralismo de fines y medios

Hoy se ha convertido en un «test» democrático el ser pluralista. Más aún, desde el punto de vista sociológico se caracteriza a la sociedad contemporánea de «pluralista» en oposición a la sociedad del siglo XIX y, especialmente, a la medieval.

Así concebido el pluralismo, más allá de significar un modo de ser tolerante respecto de quien o quienes no piensan como uno, encubre una actitud escéptica que niega la posibilidad de que nuestra inteligencia pueda captar la verdad objetiva, salvo la verdad de esta afirmación de marras.

Para arribar a un sano y correcto pluralismo, es necesario hacer algunas reflexiones y distinciones:


Pluralismo de Fines
: En el orden práctico del obrar, el ser humano puede proponerse fines que no están de acuerdo con la naturaleza, por ejemplo: organizar una asociación para delinquir. Existen, en cambio, fines lícitos y convenientes, como el ayudar a los pobres, educar a los niños y jóvenes, la práctica privada y pública del culto a Dios. En el campo de la licitud hay variedad de fines y buenos propósitos. Es un deber respetar la libre iniciativa de las personas.


Pluralismo de medios:
Asimismo puede haber un solo fin pero varios caminos (medios) para llegar a él. Este pluralismo de medios, es lícito siempre y cuando el medio elegido sea también honesto, conforme con la naturaleza del hombre. Por ejemplo, es bueno y loable ayudar a los pobres, sin embargo no será lícito salir a robar para distribuir lo obtenido entre ellos.


Pluralismo de verdades

La consideración del tema se hace más acuciante cuando por «pluralismo» se entiende que no hay una verdad sobre un tema de grave importancia para la paz interior y exterior de las personas. Por ejemplo: si el aborto es lícito o no; si la vida es un derecho del individuo o de Dios; si el número (la mayoría) puede crear derechos y obligaciones como fuente última del Derecho y de la convivencia humana; si no hay una religión verdadera y todas son iguales, etc. En tal sentido a nuestras sociedades contemporáneas «democráticas» y «tolerantes», les parece inaceptables las ideas cristianas de un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios Padre, una Iglesia verdadera, una solo camino, verdad y vida. En lugar de ello, se sostiene una relativización de lo religioso. Por ello, cualquier forma en que el hombre (y, aún, cada hombre particular) elija para concebir a Dios y para comunicarse con El, es tenida por igual a otra e igualmente verdadera y eficaz. Los dogmas, deben ser reinterpretados de una manera más «abierta» y «tolerante», privándolos de su realidad sobrenatural.

Aceptar este «pluralismo» no solo es malsano para las personas y sociedades sino «fatal». La vida privada y pública se ve impelida por el «consenso», no por la verdad, de tal manera que lo que hoy es aceptado, por un nuevo consenso, mañana es derogado.

Así la metafísica, la teología y el Magisterio Auténtico de la Iglesia han sido relegados a un segundo y tercer planos. Más aún, se intenta introducir la práctica del «consenso» en cuestiones irrenunciables de la jerarquía eclesiástica.


Magisterio eclesiástico

Juan Pablo II, Veritatis Splendor, nº 4: «Partiendo de determinadas concepciones antropológicas y éticas, se pone en tela de juicio, de modo global y sistemático, el patrimonio moral. En la base se encuentra el influjo, más o menos velado, de corrientes de pensamiento que terminan por erradicar la libertad humana de su relación esencial y constitutiva con la verdad (...) Se podría tolerar en el ámbito moral un pluralismo de opiniones y de comportamientos, dejados al juicio de la conciencia subjetiva individual o a la diversidad de condiciones sociales y culturales»


Juan Pablo II, Fides et Ratio, nº 56:
«En definitiva, se nota una difundida desconfianza hacia las afirmaciones globales y absolutas, sobre todo por parte de quienes consideran que la verdad es el resultado del consenso y no de la adecuación del intelecto a la realidad objetiva.»

Esta guía resumen fue publicada en el
Boletín Semanal AICA Nº 2368 del 8 de mayo de 2002


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