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LA VERDAD Y EL ERROR SOBRE LA EDUCACIÓN
Guía resumen
Nº
10 de los Ciclos de Cultura y Ética Social 2002
Expositora:
Prof. Ana María Amarante
-
11 de junio
Educación sin principios ni maestros
Desde el punto de
vista de la comprensión pedagógica la conciencia de que es preciso
"descifrar" y "discernir" sobre las imágenes de hombre que animan
las corrientes educativas es un problema impostergable. De hecho, no
se da una visión pedagógica, teórica o práctica, sin una imagen de
hombre que la sustente, es por eso que aparecen publicaciones sobre
antropología pedagógica, responden a exigencias de la propia
comprensión del fenómeno educativo. Para la educación, el hecho de
una fundamentación en una antropología es clave, ninguna propuesta
educativa es ingenua a este fundamento. El concepto previo de lo que
el hombre es y la forma de perfección ideal de lo que debería ser
constituyen dos aspectos de una misma realidad. En estos tiempos se
hace presente con mucha agudeza la crisis de identidad del sujeto de
la educación y, por consiguiente, de la misma educación. Los
orígenes de la crisis han de situarse en profundos cambios
socio-políticos y en visiones parciales provenientes de las ciencias
del hombre en pleno crecimiento. Otro aspecto clave de
discernimiento hoy es el fundamento en una teoría del conocimiento:
La causalidad eficiente elemento principal del aprendizaje no es
otra sino el ejercicio de la inteligencia del alumno. Porque el
sujeto como potencia activa es quien percibe, piensa, imagina,
comprende ( Sto. Tomás, S. Th., I - II q 50 a 4 ad 1). Junto a ella
se posiciona otra causa, también eficiente pero secundaria, que es
la del Maestro. La tarea del Maestro no es, pues, creadora, sino
debeladora de los elementos que puedan obstaculizar el aprendizaje;
preparatoria del camino que recorrerá el sujeto y de los medios que
utilizará para la adquisición del saber concreto; estimuladora por
medio de su actitud, palabra, gesto, puesta en situación; directiva
del proceso en sus diversas etapas y ordenadora del mismo en función
de un contenido científico ya elaborado, aunque siempre abierto a
ulteriores desarrollos.
Educación y valores
Otro aspecto clave
es el Fin de la Educación, como recta configuración de la libertad,
rige todos los aspectos del proceso educativo. En la condición
Metafísica de persona radica la unidad del sujeto que se educa y
aprende. El fin de la educación, como meta de la tensión personal
hacia la madurez humana, coincide con las virtudes morales y el de
la prudencia como fin primordial. O lo que es lo mismo, con las
disposiciones y hábitos requeridos para hacer buen uso de la
libertad. "El docente es un maestro (...) Educa, según la antigua
imagen socrática, ayudando a descubrir y activar las capacidades y
los dones de cada uno; forma según la comprensión humanística, que
no reduce este término a la consecución, por lo demás necesaria, de
una competencia profesional, sino que la encuadra en una
construcción sólida y en una correlación transparente de
significados de vida." ( Juan Pablo II, Mensaje al VI encuentro
nacional italiano de profesores universitarios católicos). En
educación debemos afrontar las situaciones de cambio desde la
perspectiva de valores permanentes. El cambio debe ser pensado y
dirigido por el hombre, evitando el dominio del hombre por el
cambio. Puede afirmarse, por consiguiente, que lo permanente es algo
exigido por el cambio mismo. Todo aprendizaje debe llevar al ser
mismo del hombre para perfeccionarle. Conocer es: penetrar en la
realidad a través de las apariencias; descubrir la verdad y
distinguirla del error; aceptar la evi-dencia y tolerar la
incertidumbre; distinguir el bien del mal.
Educación y virtudes
El discernimiento
del bien y del mal lleva consigo una solicitación por parte del bien
y provoca naturalmente un rechazo del mal. Hacer eficaces la
solicitación y el rechazo impone un esfuerzo al ser humano. Esta es
la razón de la doble finalidad –criterio y esfuerzo– que se asigna
a la formación ética. Por criterio ético entendemos la posesión de
unas ideas acerca del bien y del mal, de lo bueno y de lo malo,
junto con la capacidad de transformarlas en normas para volcar
éticamente las situaciones y posibilidades de actuar de los hombres,
así como de aplicarlas en cada caso concreto. La formación del
criterio se puede entender como un proceso de doble vertiente: la
adquisición y fijación de un sistema de ideas morales y la capacidad
de utilizarlas adecuadamente para solucionar los problemas éticos
que la vida plantea y logre una conducta ética. El criterio ético
ejerce una influencia en el desarrollo de actitudes y hábitos. Un
hábito es una disposición adquirida y estable que tiende a
reproducir los mismos actos o a percibir las mismas influencias. El
concepto de actitud es menos preciso que el de hábito, es un estado
mental y neurológico de disposición organizado a través de una
experiencia y que ejerce un impulso dinámico y directivo sobre la
respuesta de la persona a todos los objetos y situaciones con que
se halla relacionado. Tanto las actitudes como los hábitos se
originan y fortalecen a través de la experiencia, razón por la cual
pueden ser objeto de educación. En una expresión sincera se ve con
claridad no sólo lo que se dice, sino cómo piensa y cómo siente el
que lo dice. El trabajo cooperativo es el mejor fundamento para el
desarrollo de las virtudes sociales como la justicia, generosidad.
Podemos ordenar cuatro grandes grupos de valores:
individuales-técnicos-sociales-religiosos. "Todos los hombres
desean saber y la verdad es el objeto propio de este
deseo. Incluso la vida diaria muestra cuán interesado está cada uno
en descubrir, más allá de lo conocido de oídas, cómo están
ver-daderamente las cosas. El hombre es el único ser, en toda la
creación visible, que no solo es capaz de saber, sino que sabe
también que sabe y, por eso, se interesa por la verdad real de lo
que se le presenta. Nadie puede permanecer sinceramente indiferente
a la verdad de su saber. Si descubre que es falso, lo rechaza; en
cambio, si puede confirmar su verdad, se siente satisfecho. Es la
lección de San Agustín cuando escribe: "He encontrado muchos que
querían engañar, pero ninguno que quisiera dejarse engañar". Con
razón se considera que una persona ha alcanzado la edad adulta
cuando puede discernir, con sus propios medios, entre lo que es
verdadero y lo que es falso, formándose un juicio propio sobre la
realidad objetiva de las cosas. Este es el motivo de tantas
investigaciones, particularmente en el campo de las ciencias, que
han llevado en los últimos siglos a resultados tan significativos,
favoreciendo un auténtico progreso de toda la humanidad".
Fides et Ratio Nº 25 p.38.
Esta guía resumen fue publicada en el
Boletín Semanal AICA Nº 2373 del 12 de junio de 2002
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