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LA VERDAD Y EL ERROR SOBRE
EL "AGGIORNAMIENTO"
Guía resumen
Nº
13 de los Ciclos de Cultura y Ética Social 2002
Expositor:
Dr. Gustavo A. H. Ferrari -
6 de agosto
I. Pueblo o masa
Según una falsa concepción de la democracia es “indecente ser
diferente”. Profesar una religión que propone dogmas es oponerse a
la conciencia masiva de un ecumenismo sin verdades infalibles; no
admitir que el hombre evoluciona con el tiempo y que las conductas
son buenas o malas, según la costumbre de los pueblos, es ser
retrógrado o nostálgico de un pasado que no volverá jamás.
Escribió Ortega y Gasset: “Hoy asistimos al triunfo de una
hiperdemocracia en que la masa actúa directamente sin ley, por medio
de materiales presiones, imponiendo sus aspiraciones y sus gustos”
(...) “lo característico del momento es que el alma vulgar,
sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la
vulgaridad y lo impone dondequiera. La masa arrolla todo lo
diferente, egregio, individual, calificado y selecto. Quien no sea
como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo, corre el
riesgo de ser eliminado. Y claro está que ese «Todo el mundo» era,
normalmente, la unidad compleja de masa y minorías discrepantes,
especiales. Ahora «Todo el mundo» es sólo la masa.” (“La rebelión de
las Masas”)
“Es que soy muy moderno” es la muletilla habitual que pretende
muchas veces justificar la afección a diferentes modalidades de vida
que se caracterizan por la presunta adaptación a todo aquello que se
presenta como innovador y, sobre todo, trasgresor. Es el
aggiornamento, “puesta al día” o “estar al día” en el lenguaje
diario.
Es verdad que siempre, a lo largo de la historia, existieron
personas y grupos que pretendieron transformar su modo de vida
situándolo lo más alejado posible de lo normal.
Así, antes que nada, debemos superar las elucubraciones de aquellos
filósofos y pensadores que se desvelaron por conocer las esencias,
el movimiento, la permanencia ... “Todo fluye y cambia, nadie se
baña dos veces en el mismo río” o “El ser permanece...” las formas y
las esencias, los accidentes, etc. que fueron y son intentos
honestos por llegar a la verdad –a la que algunos llegaron y otros
no pero a la que muchos contribuyeron- y que nada tienen que ver con
las posturas que criticaremos.
II. La costumbre
A lo largo del curso se han explicitado diferentes verdades y
errores sobre la religión, la política, la justicia, el fin del
mundo, la historia, la educación, etc. pero en verdad, lo que aquí
haremos, es referirla al concepto más habitual al que es aplicado el
“aggiornamento”: las costumbres.
Es en esto, a lo largo de los siglos, por donde se comenzó cada vez
que se pretendió modificar conductas con repercusión jurídica,
social, política, cultural, religiosa.
Siempre fue primero flexibilizar las costumbres, atenuar las
condenas sociales a un proceder, bajar las barreras morales para
admitir como habitual y permisible una conducta antes de que
aparecieran los innovadores del derecho para legitimarla.
Y así se adueñaron de la palabra “progresista”, “moderno”, -y eso es
“estar a la moda”- y con esto se consideran propietarios de la
respuesta a lo que aparece como querido por una mayoría muchas veces
ficticia pero impuesta por todas las formas posibles.
He aquí un elemento interesante, pues la mutación de los hábitos y
costumbres ya no es consecuencia de un proceso en el que intervienen
pensadores con ideas, libros y debates de por medio. No es
consecuencia de crisis políticas, cismas o reformas religiosas o
guerras, invasiones o revoluciones. Es resultado de la productora o
del conductor o conductora más o menos audaz de algún programa de
televisión o radio o de los guiones más o menos creativos de los
diferentes ciclos o novelas o de la dialéctica simplista pero
insistente de algún predicador de trasnoche, o de revistas, músicas
o películas. Es decir, medios de comunicación que hoy se han
convertido en los transformadores de la realidad y eficaces
instrumentos para movilizar las “masas” humanas.
Entonces, las modas son cada vez más efímeras y las relaciones
humanas más express, los compromisos más inestables y las
anormalidades más normales.
III. Algunos ejemplos
Baste hablar del tratamiento matrimonial a las uniones de igual
sexo, de la pretensión de adopción para esas uniones, de las
manipulaciones genéticas elevadas al absurdo de crear vida por
deporte, de permitir que la delincuencia se enseñoree ante la casi
imposibilidad de resultar detenido, enjuiciado o condenado, que la
policía tenga temor de intervenir ante la casi segura severidad con
la que será juzgado su proceder cuando detenga a un delincuente o a
un manifestante, las relaciones entre padres e hijos: “Tú no me
entiendes, eres de otra generación”, que los políticos continúen sin
presentar opciones de cambio envueltos en ambiciones disfrazadas de
democracia.
Así nos sumimos en un presente en el que todo es eso, presente,
donde la temporalidad de la sociedad globalizada se fue
transformando paulatinamente por la temporalidad que rige regido a
la moda: otra vez, el presente.
En palabras de Lipovetsky: “Nuestra sociedad-moda ha liquidado
definitivamente el poder del pasado que se encarnaba en el poder de
la tradición, e igualmente ha modificado la inversión respecto al
futuro que caracterizaba la época escatológica de las ideologías.
Vivimos inmersos en programas breves, en el perpetuo cambio de las
normas y en el estímulo de vivir al instante: el presente se ha
erigido en el eje principal de la temporalidad social”.
Se ha eclipsado la conciencia del “hombre - eterno” (Chesterton).
La gente quiere estar «al día», quiere poseer «lo último», con el
paradójico resultado, de que cuando adquirió lo «último», lo «nuevo»
ya salió al mercado. Es el ritmo vertiginoso de la reproducción del
capital que impuso a la dinámica de la vida colectiva, los rigores
de lo instantáneo, de lo efímero y de lo virtual. (Jorge Jiménez,
“La obsolescencia simbólica como ritual posmoderno”).
Mientras tanto, en la vereda de enfrente, muy cerca, con sólo cruzar
la calle del “vivir el presente” y la esclavitud de lo relativo,
está el Camino, la Verdad y la Vida, que no sólo es presente sino,
fundamentalmente, futuro.
Esta
guía resumen fue
publicada en el
Boletín Semanal AICA Nº 2381 del 7 de agosto de 2002
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