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LA VERDAD Y EL ERROR SOBRE
LO ESPIRITUAL Y LO MATERIAL
Guía resumen
Nº
17 de los Ciclos de Cultura y Ética Social 2002
Expositor:
Dr. Miguel Angel Mirabella -
3 de setiembre
El compromiso conceptual acerca de lo espiritual y de lo material no
sería tal, si el pecado original, que siempre nos acompaña, no fuese
tan pernicioso para nuestra vida cultural. El error y la mentira,
que disuelven la sociedad humana, generan penosas confusiones que
conducen a nuevos y más graves desaciertos. A pesar de todo,
seguimos guardando la esperanza de conocer la verdad, porque el ser
y la verdad son convertibles. Sin embargo, servir a la verdad y
serle fiel, exige sabiduría y humildad.
La mayor dificultad
en el camino del saber, no está en la coherente naturaleza de lo
creado sino en su conflictiva coexistencia con el hombre, siempre
interpuesto entre el mundo natural que acuna la verdad y el mundo
humano que depende de su descubrimiento. Por tanto, determinar la
verdad y el error acerca de lo material y lo espiritual, exige
asumir nuestra condición de sujetos comprometidos con el mundo
sensible, que nos acuna y con el mundo espiritual, desde el cual
juzgamos y valoramos ambas dimensiones.
En primer lugar,
en el mundo material lo determinado no puede ser razón de lo
diverso, luego la materia es sólo un principio pasivo de
individuación numeral de aquello que la diversifica formalmente, sea
como estructura funcional, en el mundo físico, sea como función
estructural, en el mundo biológico. Luego, la forma es principio de
diversidad substancial o accidental de lo homogéneo y la diversidad
del mundo sensible, se funda en la definición formal de lo material.
Esto explica porqué nunca existió el caos sino el cosmos, ya que
sólo se desordena lo que es diverso.
En segundo lugar,
la confusión de lo real con lo material tiene su punto de partida en
la falsa reducción de lo real al acontecer sensible. De esta forma,
no sólo quedan fuera del horizonte intelectual las preguntas acerca
de lo espiritual, sino también las preguntas fundamentales acerca
del origen, naturaleza y sentido de aquello que es y además,
acontece sensiblemente. A partir de esa situación, es lógico esperar
que, para muchos, lo real y lo sensible resulten ser la misma cosa.
Más todavía, si el pensamiento científico no se libera del lenguaje
vulgar y utiliza sus mismos términos, sólo sirve para acentuar los
mismos errores y equivocidades.
La respuesta a tanta
injusticia conceptual es relativamente sencilla. En primer lugar,
irreal es lo absurdo o contradictorio, porque no es ni puede ser. Lo
concreto existe o puede existir fuera de mi mente, lo abstracto
existe o puede existir sólo en mi mente. Lo material es aquello que
tiene dimensión sensible, lo espiritual es aquello que no tiene
dimensión sensible. El concepto que define una realidad concreta,
material o espiritual, es de orden abstracto y una ciencia, como
sistema conceptual, es una realidad abstracta. Dios es realidad
concreta, de orden espiritual, pero el concepto que tenemos de Él es
abstracto. Un hombre es una realidad concreta de orden espiritual y
material. De esta forma, una realidad material es aquella que
está afectada por razones lógicas, llamadas físicas por los efectos
que producen y una realidad espiritual es aquella que no está
afectada por leyes físicas.
En el mundo
material podemos incluir al hombre, pero el hombre es aquel modo
de ser que vive en su intimidad y desde ella, asume su acto de
naturaleza. Según su naturaleza el hombre tiene dimensión física,
dimensión biológica y definición racional. En virtud de esa
definición racional, el hombre es un sujeto en intimidad
reflexiva, realidad concreta que lleva el título de
persona.
En el mundo
espiritual podemos incluir todas las formas o espíritus puros,
que admiten composición metafísica de esencia y ser, pero no tienen
composición física de materia y forma. En nuestro lenguaje vulgar
los llamamos ángeles. En este orden, nada impide afirmar que
el hombre, por la naturaleza espiritual de su alma, se instale en
los límites del mundo espiritual y gracias a esta situación, pueda
aspirar a un destino trascendente, ordenando su tiempo histórico a
la ineludible y comprometida vocación de ser en el Ser.
Según lo dicho,
queda clara la diversidad de lo existente en la unidad de la
Creación, toda vez que lo material y lo espiritual no son mundos
opuestos ni separados sino distintos, con un título universal que es
la contingencia, es decir, el don gratuito de una creación
inmerecida. En ambos casos estamos hablando de una diversidad
ordenada, existencia real, concreta, espiritual y material, que
mantiene la jerarquía, en su admirable diversidad. De esta manera
queda clausurado el error de confundir lo real con lo concreto y lo
concreto con lo material.
Esta
guía resumen fue
publicada en el
Boletín Semanal AICA Nº 2385 del 4 de setiembre de 2002 |