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LA VERDAD Y EL ERROR SOBRE EL CUERPO HUMANO
Guía resumen
Nº
18 de los Ciclos de Cultura y Ética Social 2002
Expositor:
Pbro.
Dr. Hugo Obiglio
-
10 de setiembre
Con la incorporación de las técnicas de fecundación in vitro hace ya
casi un cuarto de siglo los Dres. R. G. Edwards y P. G. Steptoe, de
Cambridge, no sólo ofrecen al mundo científico el cómo y el
cuándo hacer un nuevo ser sino que abren definitivamente la puerta a
la praxis de la genética humana. En su oportunidad el habernos
adentrado en la manipulación del embrión facilitó sin duda alguna el
llegar primero a conocer, y luego manipular a través de la
ingeniería genética el genoma humano. Esta irrupción irracional de
la ciencia y la tecnología en el campo del inicio de la vida
humana, ha traído como consecuencia una serie de cuestionamientos,
en primer lugar en el plano moral y luego en aquellas áreas del
conocimiento cercanas al respeto y a la dignidad de la persona como
son la justicia, la economía, las ciencias de la salud.
La vida humana no
puede ser manipulada indiscriminadamente. La réplica de los sin voz
que sufren intervenciones desde los estadios iniciales de vida hasta
el alumbramiento, identifica hoy, a aquellos que ignorándolos, se
olvidan a veces por soberbia, otras por poder y las más por un
criterio mercantilista lo que significa el obrar mal. Ya J. Lejeune,
cinco años antes de la aparición de Louise Brown la primera bebé de
probeta, decía: “La genética moderna se resume en un credo elemental
que es este: En el principio hay un mensaje, este mensaje está en la
vida y este mensaje es la vida. Este credo, verdadera paráfrasis del
inicio de un viejo libro que ustedes conocen bien, es también el
credo del médico genetista más materialista que pueda existir. ¿Por
qué? Porque sabemos con certeza que toda la información que definirá
a un individuo, que le dictará no sólo su desarrollo, sino también
su conducta ulterior, sabemos que todas esas características están
escritas en la primera célula.”...
“La desacralización”
de la vida humana tiene su expresión diaria en la fallida relación
médico-paciente. Si nosotros, como ha ocurrido a fines del siglo XX
y comienzos del presente, cosificamos la vida humana perdiendo así
el respeto por la dignidad intrínseca del ser humano, jamás podremos
alcanzar una verdadera “humanización” de la medicina.
Estoy seguro y
esperanzado al mismo tiempo, que el cambio de esta materialización
que vive hoy, entre otros, el área de la atención de la salud,
comenzará a cambiar si ponemos toda nuestra voluntad en educar desde
la más temprana etapa de la vida y en forma continua en un respeto
creciente por las virtudes, comenzando por la de la prudencia.
Recordemos que una
mala praxis médica es una expresión más de la naturaleza caída del
hombre identificada en esta oportunidad con el equipo de salud.
Magisterio de la Iglesia
Sagrada
Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración sobre el aborto,
nº 17: «Los progresos de la ciencia abren y abrirán cada vez
más a la técnica la posibilidad de intervenciones refinadas, cuyas
consecuencias pueden ser muy graves, tanto para bien como para mal.
Se trata de conquistas, en sí mismas admirables, del espíritu
humano. Pero la técnica no podrá sustraerse del juicio de la moral,
porque está hecha para el hombre y debe respetar sus finalidades.
Así como no hay derecho a utilizar para un fin cualquiera la energía
nuclear, tampoco existe autorización para manipular la vida humana
de la forma que sea: el progreso de la ciencia debe estar a su
servicio, para asegurar mejor el juego de sus capacidades normales
para prevenir o curar enfermedades, para colaborar al mejor
desarrollo del hombre.»
Santa Sede: Carta de los derechos de la familia, articulo 4:
«La vida humana debe ser respetada y protegida absolutamente desde
el momento de la concepción.
a) El aborto es una
directa violación del derecho fundamental a la vida del ser humano.
b) El respeto por la
dignidad del ser humano excluye toda manipulación experimental o
explotación del embrión humano.
c) Todas las
intervenciones sobre el patrimonio genético de la persona humana que
no están orientadas a corregir las anomalías constituyen una
violación del derecho a la integridad física y están en contraste
con el bien de la familia.
d) Los niños, tanto
antes como después del nacimiento, tienen derecho a una especial
protección y asistencia, al igual que sus madres durante la
gestación y durante un período razonable después del alumbramiento.
Juan Pablo II, Evangelium vitae, nº 72: «Las
leyes que, como el aborto y la eutanasia, legitiman la eliminación
directa de seres humanos inocentes están en total e insuperable
contradicción con el derecho inviolable a la vida inherente a todos
los hombres, y niegan, por tanto, la igualdad de todos ante la ley».
Esta
guía resumen fue
publicada en el
Boletín Semanal AICA Nº 2386 del 11 de setiembre de 2002 |