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CORRUPCIÓN Y GLOBALIZACIÓN
Guía-resumen
Nº 2 de los Ciclos de Cultura y
Ética Social 2003
Expositor:
Dr. Joaquin Rafael Ledesma -
30 de abril
GLOBALIZACIÓN: ASPECTOS POSITIVOS Y NEGATIVOS
La globalización,
como todo fenómeno social, tiene aspectos positivos y negativos. En
términos económicos, la ambivalencia es evidente: por un lado, se
han multiplicado inmensamente las capacidades productivas de la
humanidad pero, al mismo tiempo, existen, y con frecuencia
profundizadas agudas desigualdades entre los hombres (Amartya Sen).
Subrayemos un solo dato, accesible para toda la aldea global,
disponible para el examen atento de todos: la mitad de la población
mundial vive en situación de pobreza. ¿Cómo se entiende y resuelve
este dilema? ¿Quiénes quieren resolverlo? La globalización potencia
las oportunidades de corrupción, en la medida en que desregionaliza
la práctica y la instituye en el mapa mundial de los intereses
económicos interconectados. Pero por lo general, la literatura
moderna se detiene en el análisis del ingreso per cápita, en las
diferencias en los estándares de vida y de las posibilidades de
acceso a los bienes y servicios de la era posmoderna. Al hacer esto,
la crítica es reabsorbida en un insalvable círculo vicioso, por lo
que causa la crítica: la economía o más precisamente el sistema
capitalista de producción dominante en el mundo. El enfoque es
relevante, por supuesto, pero insuficiente. Para entender su alcance
debemos despertar las silenciosas premisas que orientan la vida en
cada uno de nosotros. La justicia distributiva, que pregonamos,
exige otro comportamiento individual. Supera lo contractual; es
moral. Hay que decidir si son más importantes nuestros bienes que la
vida de nuestro prójimo. Hay que decidir si es más importante vivir
para los ingresos o utilizar los recursos para la vida. Solo en esta
última posición podremos superar la teoría de los dos carriles.
El grave problema de la globalización es justamente que no tiene un
gerente del bien común, como es -o debiera ser- el Estado nacional.
No hay un Estado mundial. No existe un gerente o garante del bien
común institucionalizado para todo el globo. Los Estados no son
iguales en las organizaciones internacionales. Su participación está
en función de su protagonismo económico. Hay una economía
globalizada. Imperan en ella los intereses de los mercados
internacionales. La decisión se encuentra en los principales países
industrializados, el célebre grupo de los ocho (G-8). Pero en su
agenda, por desgracia, no figura la necesidad de pensar una ética
para la globalización. El efecto de la corrupción política en este
nivel es de efectos globalizantes. Y este es el problema
fundamental. Además del rechazo ético a la corrupción entendemos que
existe una correlación directa entre pobreza y costo social de la
corrupción política. Esta última, cuando existe pobreza, es
criminal. Provoca la muerte. Un claro ejemplo es la corrupción
política en momentos de alta tasa de mortalidad infantil por
desnutrición. Para tener una idea de la magnitud en la Argentina,
uno de los candidatos piensa que la principal fuente para crecer y
eliminar el desempleo y la pobreza es retener los ingresos públicos
que se desvían a manos particulares por actos de corrupción.
UN EJEMPLO DE CORRUPCIÓN: LO POLÍTICO
No basta que dos fenómenos coexistan en el mismo tiempo y en el
mismo espacio para asegurar que guardan entre sí alguna relación
específica y mucho menos causal. Antes que nada debemos
conceptualizar esos fenómenos coexistentes e incorporarlos a algún
sistema o modo de comprensión preciso para poder definir las
relaciones que los ligan. El caso del vínculo entre corrupción
política y globalización socioeconómica y cultural no es excepción a
esta regla. Nuestro propósito es, ahora, abordar un tipo, que no es
el único, de corrupción social específica: la corrupción política.
La corrupción es una práctica. Y como tal, tiene una serie de
actores identificables y un acto definible en su centro. Sin ese
acto todo lo otro se desvanece en el aire. En un acto de corrupción
siempre debe haber, primero, un decisor, después, una
contraparte y, finalmente, el acto, es decir, una
violación o desvío de la conducta legítima que desemboca en la
apropiación indebida de ingresos o beneficios. Una nota interesante
del ámbito de la corrupción política es que necesita una contraparte
que por lo general pertenece a la sociedad civil. Aquí estamos
algunos de nosotros. La corrupción política no es solamente
un fenómeno de ellos. La forma más eficaz de la praxis
corrumpere es o bien generar una adhesión retórica al sistema
normativo y, paralelamente, crear por otra vía oculta o simulada una
red de complicidad basada en el acuerdo expreso o tácito. A la
primera operación, la adhesión retórica a un discurso público,
Jeanne Becquart-Leclercq la llama «dimensión simbólica», y a la
segunda, al establecimiento de un diálogo inter pares -ese código y
canal alternos por donde circula la «verdad» del corrupto- lo llama
«dimensión operacional o estratégica». Nicolás Maquiavelo, en El
Príncipe, distinguía entre el carril del Principe o goberantes y
el carril del vulgo(gobernados). La moral era diferente según el
carril. Por supuesto la primera no tenía restricción alguna. Está
claro que el esquema de los dos carriles del pensador italiano se
adapta a una realidad histórica distinta de la nuestra. Sirve, no
obstante, para comprender la lógica de la corrupción en una
estructura vertical. No podía estar al tanto de los innumerables
caminos que la corrupción como correlato de la práctica de la
dominación política tendría en la democracia moderna. Él hablaba de
príncipe y de súbditos. Pero sin duda, entre los progresos que hemos
atesorado desde el siglo XVI, está el desarrollo de nuevas
estrategias y nuevos canales de corrupción. Con el desarrollo de la
esfera pública burguesa, la dimensión simbólica, el ámbito de la
imagen pública que el corrupto debe componer para perpetrar sus
actos tras una pantalla de silencio, se sofisticó, complicando más
la relación con la dimensión estratégica u operativa. Los medios de
comunicación de masas el periódico, la radio, la televisión,
internet, se transformaron paulatinamente en uno de los dominios
clave para la estructuración del discurso público en un mundo
globalizado. Un caso actual, alarmante, es el de la guerra.
MAGISTERIO DE
LA IGLESIA
Juan Pablo II, Ecclesia in America, nº 55:
«La Iglesia (...)
está llamada no sólo a promover una mayor integración entre las
naciones, contribuyendo de este modo a crear una verdadera cultura
globalizada de la solidaridad, sino también a colaborar con los
medios legítimos en la reducción de los efectos negativos de la
globalización, como son el dominio de los más fuertes sobre los más
débiles, especialmente en el campo económico, y la pérdida de los
valores de las culturas locales a favor de una mal entendida
homogeneización (...) En esta materia se apoya en las tres piedras
angulares fundamentales de la dignidad humana, la solidaridad y la
subsidiariedad»
Esta guía resumen fue publicada en el
Boletín Semanal AICA Nº 2419 del 30 de abril de 2003
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