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CORRUPCIÓN DE LA FAMILIA


Guía-resumen
 Nº 5 de los Ciclos de Cultura y Ética Social 2003
Expositor:
Lic. Mónica del Río - 21 de mayo


D
ivorcio

Si la ley de divorcio engendra o no más divorcios, es una especulación que formó parte del debate en todos los países que legislaron al respecto. Tras varios años de sanción de estas leyes, divorcistas y antidivorcistas siguen discutiendo, e intentando probar estadísticamente, cuál de las encontradas profecías se cumplió. Las cifras parecen, en muchos países –Argentina, por ejemplo–, darle la razón a los divorcistas. Salvando los picos inmediatos a la entrada en vigencia de las leyes, el número de divorcios en muchos países, se fue estabilizando y aún disminuyendo. ¿Falló la tesis antidivorcista que vaticinaba el incremento, fundado en el valor pedagógico de la ley? El error está en buscar una relación numérica directa, esperar lo lineal en un proceso que no es lineal. Decadencia moral, degradación legal y corrupción social se potencian y alternan integrándose en un círculo vicioso. La realidad muestra que los estragos provocados por la ley superaron incluso lo anunciado. La desvalorización del matrimonio fue tal, que cada vez son menos los que se casan y por ende los que se divorcian. Eso provoca la distorsión de los guarismos. El matrimonio disoluble, que merecería un nombre distinto porque no cumple con las exigencias naturales del mismo, con exceso de facilidades, le restó atractivo al matrimonio e impulsó el amor libre, es decir, el concubinato sin impedimento para contraer matrimonio con o sin vínculos anteriores –ahora disolubles–.  El matrimonio fue reemplazado por la constitución de una pareja que satisfaga apetitos sexuales. Al margen de los números, lo indiscutible es que el reconocimiento –social y jurídico– del divorcio, sentó las bases de la corrupción de la familia, tal como muestran sus efectos. Produjo: mayor cantidad de rupturas matrimoniales, aumento de las parejas de hecho, descenso de las tasas de nupcialidad, menor tasa de natalidad y por lo tanto envejecimiento poblacional, etc. Consecuentemente, más niños abandonados o descuidados y seguidamente: aumento de la delincuencia juvenil, aumento de las adicciones a la droga y al alcohol, aumento de las tasas de suicidios adolescentes, del número de chicos con trastornos en el aprendizaje escolar, iniciación precoz de las relaciones sexuales, etc.


Amor libre

El auténtico amor busca naturalmente el compromiso. Chesterton decía que aquello “a lo que se sentía más apegado era a la libertad de atarse”. En 1960 la oficina del censo de Estados Unidos contaba menos de 500.000 parejas no ca­sadas viviendo juntas, en el 2000 había 4.700.000 de hogares en cohabitación. La otra diferencia es que antes la mayoría de los que cohabitaban en un plazo no mayor de tres años se casaban, hoy, en igual período, se casa sólo la tercera parte. (Washington Times del 15/11/02). Las parejas que han cohabitado, cuando se casan, son más proclives a la ruptura matrimonial, contrariamente a lo que muchos esperan, las estadísticas muestran que la prueba previa no sólo no previene el ulterior fracaso matrimonial sino que lo favorece.

 
Unión de homosexuales

El periplo de la desvalorización matrimonial se ve coronado legalmente ahora, con el reconocimiento de las uniones homosexuales, que avanza en todo el mundo y en nuestro país comenzó con la ley de unión civil, sancionada por la Legislatura porteña en diciembre último. Ley también ilegítima, porque el matrimonio es una institución de derecho natural y los fines naturales del matrimonio –el bien de los esposos y la generación y educación de la prole– exigen que en él se unan una persona-hombre y una persona-mujer. Buenos Aires fue la primera ciudad latinoamericana que reconoció legalmente las uniones homosexuales, objetivo que la ley escondió en un marco más amplio –uniones civiles–; pero los heterosexuales que no han querido casarse –teniendo ley de divorcio– tampoco contraerán uniones civiles. Cabe destacar que las parejas homosexuales son infecundas –el bien por el que se protege jurídicamente al matrimonio son los hijos–, los beneficios sociales asociados a la ley importan, por lo tanto, una injusta discriminación para con otros convivientes. La ley se funda en la “perspectiva de género” y se encuadra en la reinterpretación de los “derechos humanos”, que hoy, contradictoriamente, contravienen la naturaleza humana.

 
Degradación de la procreación

Uno de los pilares en el plan de destrucción de la familia fue la corrupción, también globalizada, de la mujer, montada sobre la ideología feminista y centrada en la desvalorización de lo que en la mujer es connatural y específico: la maternidad. Para desligar a la mujer de la maternidad se promovió la maternidad sin sexo y el sexo sin maternidad.


Maternidad sin sexo
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Con las técnicas de fertilización artificial. En los países con un amplio acceso a esta tecnología, la mayoría de las mujeres inseminadas artificialmente son lesbianas. Estas técnicas acaban con la idea de filiación, y como en las telenovelas ya no se sabe quien es el padre o la madre. Hay bebés que al punto de nacer ya han tenido tres padres: el biológico, el legal y la pareja actual de la madre que hará en la práctica de padre.  En Inglaterra es frecuente inseminarse con semen del suegro cuando el marido es estéril, con lo que el bebé resulta hermanastro del padre. En el caso de reproducción por clonación el parentesco sería aún menos evidente, se tendería a considerar como una variable de la edad del clonado. Si se clona a un bebé el clon sería el hermano, si a un adulto el hijo y si a un anciano el nieto.


Sexo sin maternidad: Con relaciones homosexuales, con esterilizaciones, o echando mano de anticoncepción y aborto, que es lo que proveen las leyes de Salud Reproductiva, caballito de batalla de la legislación antifamilia en todo el mundo. En la Argentina se sancionó a nivel nacional el 30/10/02. La ley autoriza el suministro gratuito de anticonceptivos –incluidos los de carácter abortivo– a la población en general –aún a menores de edad sin el consentimiento de los padres–. El panorama hace imperioso el compromiso con el bien común. Sobreponiéndonos al estigma paralizante de la intolerancia y urgidos por la caridad, tendremos que redoblar esfuerzos para combatir con firmeza el error y el pecado, único modo de proteger a la familia del corrosivo ataque.

 
Esta guía resumen fue publicada en el
Boletín Semanal AICA Nº 2422 del 21 de mayo de 2003


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