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CORRUPCIÓN CULTURAL


Guía-resumen
 Nº 8 de los Ciclos de Cultura y Ética Social 2003
Expositor:
Dr. Luis Roldán - 10 de junio


Uno de los aspectos más graves de la corrupción actual, y que tal vez marca la diferencia con lo sucedido en otras épocas es el papel jugado por los medios de comunicación social.

Originariamente los periódicos, la radio y la televisión, son el resultado del avance tecnológico aplicado a mejorar y facilitar la comunicación entre los hombres. Es por las facilidades que pueden brindar en ese ámbito que los mismos se han legitimado en las sociedades. Pero un autor contemporáneo señala con agudeza que “la televisión ha desbordado el cometido social concreto que el orden social le atribuía en tanto que medio de comunicación” (1) Si bien es verdad que esta afirmación se refiere a la televisión, podemos analógicamente aplicarlo a los periódicos y a la radio al menos en parte y mucho más a Internet. El hecho notable de estos tiempos es que los medios escapan a la función de los críticos, a los límites de la legislación, incluso de alguna manera al deseo de sus dueños. Esta suerte de “liberación” de los medios de comunicación de cualquier forma de control, los convierte en una herramienta privilegiada de la corrupción de nuestras sociedades. Protegidos por una exhorbitada “libertad de prensa” son el único “poder” prácticamente sin contralor público. La “lógica del mercado” les exige a sus responsables no sólo obtener las legítimas ganancias de cualquier empresa sino obtener el máximo posible, y ello impacta sobre los contenidos que tienden inexorablemente a trivializarse, a simplificarse, a buscar siempre el golpe de efecto, la trasgresión sistemática de todo orden moral. Una pantalla saturada por los “reality shows”, los noticieros invasivos de toda privacidad, los “video clips” con un contenido inasequible a la inteligencia, son el menú con el que compiten por el “raiting”.

En general cuando se habla de la “corrupción en los medios o por los medios”, a la mayoría de las personas lo que les viene a la mente es aquella vinculada con la “revolución sexual” y ciertamente, este aspecto es muy grave.

Podríamos decir que ambas van juntas y que la “revolución sexual” no tendría el alcance y la profundidad que tiene si no contara con los medios masivos para difundirse.

El punto central de dicha “revolución” y su núcleo más corrosivo, es la idea más o menos implícita –o explícita a veces– de romper artificialmente el orden querido por Dios en la sexualidad humana. Este exige que el ejercicio humano del sexo se ordene a su fin natural que es la procreación humana. Hoy curiosamente se promociona el “sexo seguro”, es decir independizado de su aspecto reproductivo (anticoncepción, homosexualidad, “amor libre”, divorcio, etc.) en tal manera de no parar ni ante el crimen del aborto para hacerlo realmente “seguro”, al mismo tiempo se promueve una “reproducción” sin sexo (clonación, manipulaciones genéticas, fecundación in vitro, etc.). Las corrupciones en esta materia han existido desde la antigüedad (Sodoma y Gomorra, la decadencia de Roma, etc.) pero lo original de nuestra época es que aquí a la corrupción moral, hay que agregarle la corrupción intelectual, la difusión de una verdadera “ideología” en torno al sexo. De la difusión de esta ideología se pasa a pretender asegurar “derechos” tales como “derecho a las uniones del mismo sexo”, “derecho de la mujer a disponer de su cuerpo”, etc.

Como decía Pío XII, el drama de esta época no es que haya más pecado que en otras épocas, sino que los hombres han perdido el “sentido del pecado”. Y podemos agregar que han perdido este sentido porque han perdido el sentido de Quién es Dios. El resultado es una sociedad incapaz de respetar ni siquiera el orden natural. Si queremos salir de la corrupción de los medios y del sexo, hay que volver a plantear un catolicismo vigoroso que le devuelva a Dios Nuestro Señor el lugar que le corresponde en la vida personal, familiar, social, y política. Solo así saldremos de la corrupción.


Magisterio de la Iglesia

Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2493: «Dentro de la sociedad moderna, los medios de comunicación social, desempeñan un papel importante en la información, la promoción cultural y la formación. Su acción aumenta en importancia por razón de los progresos técnicos, de la amplitud y la diversidad de las noticias transmitidas, y la influencia ejercida sobre la opinión pública».

Juan Pablo II, Catequesis, L´Osservatore Romano, 21/12/1980: «El hombre que vive «según la carne» es el hombre dispuesto solamente a lo que viene del mundo: es el hombre de «los sentidos», el hombre de la triple concupiscencia. Lo confirman sus acciones».


Nota:
(1) Esparza, José Javier: “Informe sobre la televisión”, Ediciones Criterio Libros, España

 
Esta guía resumen fue publicada en el
Boletín Semanal AICA Nº 2425 del 11 de junio de 2003


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