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CORRUPCIÓN EN LAS EMPRESAS Y EN LOS
ESTADOS POR LA «CRISIS ACTUAL»
Guía-resumen
Nº 14 de los Ciclos de Cultura y
Ética Social 2003
Expositor:
Dr. Hugo Alconada Mon
- 19
de agosto
La corrupción
argentina consume 5.000 millones de pesos por año. Una cifra
equivalente al 10 por ciento del Presupuesto nacional ejecutado en
2002. O la partida necesaria para pagar 2,7 millones de planes Jefes
y Jefas de Hogar durante un año. Cabe, sin embargo, efectuar ciertas
salvedades. Algunas rozan con la obviedad, pero por lo común son
soslayadas.
La corrupción
nace de una relación espuria entre un funcionario dispuesto a ser
corrompido y un beneficiario potencial dispuesto a alcanzar su fin
sin objetar ningún medio a su alcance.
La corrupción
dista de equipararse al escándalo. Sólo un porcentaje mínimo de los
actos espurios salen a la luz. La inmensa mayoría, por el contrario,
se mantiene en las sombras.
Las
administraciones nacional, provinciales y municipales no son los
únicos, ni los mayores focos de corrupción en el país. Instituciones
y entidades privadas suelen mostrar opacos presentes: obras
sociales, sindicatos, fuerzas de seguridad, empresas.
A mayor debacle
económica, como ocurre con el advenimiento de crisis conocidas por
seudónimos -«tequila», «vodka» y «tango», entre
otros-, mayores riesgos y niveles de corrupción. Las pequeñas y
medianas empresas se suman al tradicional botín de la tangente:
las grandes compañías.
A menores
controles internos y externos, mayores riesgos y niveles de
corrupción. El paulatino debilitamiento de la Auditoría General, la
Sindicatura General y la Fiscalía de Investigaciones y
Administraciones, por sólo citar tres pilares de la Nación,
facilitan la ocurrencia de acuerdos nefastos para el interés. Una
dinámica similar ocurre en la órbita privada.
Los medios de
comunicación masivos distan de ser, en cualquier país, un «cuarto
poder», un perro guardián del Poder.
Ante la irrupción
de estas y otras variables, que pueden y deben analizarse a la luz
de ejemplos claros y patéticos de lo que ocurre cuando impera la
corrupción, surgen interrogantes certeros:
¿Qué medidas de
implementación rápida pueden resultar eficaces? ¿Puede un ente
corrupto sanar por sí sólo? ¿Puede una manzana limpia sanar al cajón
podrido? ¿Es posible pensar en una Argentina con mejores controles
sobre los ingresos, los gastos, la asignación de recursos no
estatales y el eficaz cumplimiento de los contratos?
La sanción de
reglas claras y transparentes es la primera clave para una economía
eficaz. Sólo la primera, de muchas.
Magisterio eclesiástico:
Juan Pablo II,
«Sollicitudo rei socialis», nº 16:
«No obstante, es
necesario denunciar la existencia de unos mecanismos económicos,
financieros y sociales, los cuales, aunque manejados por la voluntad
de los hombres, funcionan de modo casi automático, haciendo más
rígidas las situaciones de riqueza de los unos y de pobreza de los
otros. Estos mecanismos, maniobrados por los países más
desarrollados de modo directo o indirecto, favorecen a causa de su
mismo funcionamiento los intereses de los que los maniobran, y aun
terminan por sofocar o condicionar las economías de los países menos
desarrollados».
Esta guía resumen fue publicada en el
Boletín Semanal AICA Nº 2435 del 20 de agosto de 2003
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