Documentos  
 

NECESIDAD DE LA COSMOVISIÓN CRISTIANA «AGGIORNATA»


Guía-resumen
 Nº 15 de los Ciclos de Cultura y Ética Social 2003
Expositor:
Dr. Alberto Caturelli - 26 de agosto



El proceso de descomposición de Occidente

La corrupción de Occidente está bien simbolizada en la afirmación de Émile Cioran que proclamaba el vacío y el odio, seguido décadas más tarde por la “prohibición” de hablar del ser (Derrida), por la nada como lo “real” mismo (Baudrillard) o el “recuerdo” del olvido “del ser” (Vattimo). Esta hermenéutica sin ser (o “lógica” del absurdo) puede ser vista genéticamente, y lo he intentado en una tipificación de cuatro estadios que se implican en interpenetran.

Si contra el buen sentido (que sabe que algo existe y que lo puedo conocer) afirmamos que nada existe como distinto e intrínseco a los entes, sólo es posible conocer el singular sensible, se indistinguen sensación y pensamiento y lo dado es sólo un haz de apariencias (Nicolás de Autrecourt), entonces la experiencia sensible es el único criterio: lo “real” son los puros “hechos atómicos” y no es posible una proposición con contenido de verdad. Se implican en un denominado común Occam y Schilck, Carnap y Ryle, Wittgenstein y los neopositivistas de hoy. El pensar ha perdido su objeto (la no-filosofía) y se disuelve el mismo singular en la absolutización de la experiencia sensible.

Este proceso, en el fondo, prescinde de lo real y la razón no puede sino alcanzarse a sí misma; se vuelve “transeúnte” y “pone” lo real (la razón) como idéntica a Sí misma y el Absoluto se resuelve y disuelve en perpetua aniquilación. No sólo Dios “ha muerto” (de Hegel a Nietszche) sino que ha de morir el hombre un una suerte de dialéctica negativa (Adorno) o caer en el “vacío” de los posmodernos; tal es el resultado de la absolutización de la Razón. Es más lógico, por eso, “creer” que lo real en su “realidad” es sólo lo sensible y desde el “iluminismo” al actual pragmatismo asistimos a la absolutización de la Materia. Por fin, ni la experiencia sensible, ni la razón, ni la materia pueden fundarse a sí mismas y hemos de aceptar que “el ser del ser es la nada”, nada al principio y nada al fin; el hombre es apenas un “centinela de la Nada” y hoy, por eso, asistimos al funeral de la filosofía: absolutización de la Nada-nada como último fondo de la corrupción de Occidente.


El proceso posible de reconstrucción de Occidente

Esta negación (Nada-negativa) no puede, cuando niega, no suponer lo que existe, “esto”, es decir, lo que “tiene” el acto de existir, acto de todo acto que revela la creación ex nihilo y, a la vez, la inevitabilidad de la memoria perenne del ser. Esto explica porqué Santo Tomás, a referirse a la potencialidad extrema de la materia, diga de ella que “tiene ser” en cuanto creada, por eso, “cierta similitud con el ser divino”; el cuerpo sensible revela el acto creador y todo el mundo físico (Palabra participada) es semejanza y símbolo; el hombre está destinado a ser tutor, no depredador del cosmos.

Como se ve, el empirismo no es realista, pues el acto intencional de conocer lo sensible exige cierta abstracción que revela una inmaterialidad del mismo acto de sentir: así es posible recuperar en toda su riqueza el conocer y el hacer sensibles en el acto de la persona. Por fin, se abre el camino ya de la restauración de la metafísica, ya del verdadero humanismo. Respecto de la metafísica, es inevitable volver a afirmar que “lo primero que cae bajo la aprehensión de la inteligencia es el ser”, aunque este acto se efectúe a partir de la imagen sensible (experiencia inicial) nada es aprehendido sin el acto de ser (presencia inicial) de ahí que el ser (del ente) sea gratuidad pura y que el acto de conocer sea causado desde el objeto (realismo objetivo). Esta inteligencia inicial del ser funda e ilumina la razón y aparece la imposibilidad de la Nada-nada como lo abstractamente contrapuesto al ser. En cuanto al humanismo, es claro que el “lugar” de emergencia del acto de ser es el hombre en quien, como dice Santo Tomás “son presentes todas las cosas”, por eso, el Santo le llamó minor mundus (Cf. S.Th. I, 2,3; 96,2)


El proceso de instauración del humanismo católico

Como dice Santo Tomás, el hombre es “lo más perfecto que existe en toda la naturaleza” (S.Th., I, 29, 3) cuyo ser participado lo orienta a Dios Subsistente, tensión metafísica que supone su sensibilidad (experiencia sensible), todo el mundo de la materia y todo el ámbito del ser (objeto de la inteligencia) y del bien (objeto de la voluntad). A partir de la subsistencia y fundado en ella, la persona se comunica consigo, contigo y con Dios que le ha donado el ser y le sostiene en él. Se esboza así el humanismo pleno que, obediencialmente abierto a la Revelación, desmitificó la cultura antigua y la transfiguró permitiendo el progreso del saber natural y mostrando el acuerdo profundo entre la razón y la fe sobrenatural. Por eso hizo posible el desarrollo eminente de todo el hombre en el único humanismo pleno que es el humanismo católico. Impensable en el Vacío del Buda eterno disolvente del singular; impensable en el Kadar o pre-destinación del Islamismo; impensable por sí mismo en el ateísmo, en el pragmatismo o en el divorcio entre razón y fe del Protestantismo. El humanismo católico –la visión católica de lo real– es el único camino de solución que tiene el hombre de hoy. No hay otro.


Esta guía resumen fue publicada en el
Boletín Semanal AICA Nº 2436 del 27 de agosto de 2003


Agencia Informativa Católica Argentina
Bolívar 218, 3er. piso, 1066 Buenos Aires,
Tel. (011) 4343-4397 (líneas rotativas) - Fax: (011) 4334-4202
E-mail: info@aica.org - Sitio en Internet: www.aica.org

Copyright © 1996 / 2006 AICA. Todos los derechos reservados.