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CONTROLES NECESARIOS
Guía-resumen
Nº 20 de los Ciclos de Cultura y
Ética Social 2003
Expositor:
Dr. Alfredo Pérez Alfaro
- 30
de
setiembre
El
dilema ético empresarial
Santo Tomás de
Aquino sostiene que la corrupción de la justicia tiene dos causas:
la falsa prudencia del sabio y la violencia del poderoso: y ello es
aplicable también para la justicia económica. Aquí se advierte cuál
puede ser el camino intermedio entre el puritanismo y el
maquiavelismo en los negocios. Para el pensador cristiano tal vía
media no es otra que seguir la senda natural de la virtud de la
prudencia, y prolongarla sobrenaturalmente por el camino de la
virtud del amor. La moral empresarial, conciente de que sus
decisiones y acciones no pueden ignorar los motivos morales de su
obrar, que provienen de lo que el empresario puede y debe hacer,
habrá de definirse fundamentalmente como una ética de la
responsabilidad. Hay una distorsión en el pensamiento en torno a la
moral en los negocios, que proviene de pensar que el mundo de los
negocios es un mundo amoral, porque su ética solo busca obtener
beneficios personales. Entonces, la moral en los negocios sería una
moral individualista y egoísta. Como contrapartida, se identifica el
comportamiento ético como un comportamiento altruista, preocupado
por el bienestar del otro. Lo que aquí se confronta es la ética
egoísta de la economía con la ética altruista de la política,
aquella atendiendo al interés individual, esta al bien común. Pero
no debemos olvidar que la Economía nació subordinada a la ética, lo
útil subordinado a lo ético y a lo justo. Por eso no es de extrañar
que el padre de la ciencia económica moderna, Adam Smith, fuera
profesor de moral. Luego de su obra “Investigación sobre la
naturaleza y causa de la riqueza de las naciones” (1776),
escribió su “Teoría de los sentimientos morales” (1790). Ya
lo advierte Amartya Sen: “la naturaleza de la economía moderna se
ha visto empobrecida sustancialmente por el distanciamiento que
existe entre la economía y la ética”. El punto crítico de la
moral en los negocios es encontrar un equilibrio entre el desempeño
económico y la responsabilidad social de una empresa. Estas son las
dos caras de las obligaciones morales empresariales: la eficiencia y
la maximización de las utilidades, por un lado, y la solidaridad y
el sentido de justicia, por el otro. Hechas estas dos distinciones,
es posible comprender, cada una en su plano, la obligación moral de
ser eficientes y solidarios, de manera de maximizar las utilidades
siendo a la vez socialmente responsables. Como lo ha sostenido el
Dr. Cayetano Licciardo: “ser eficiente es un deber moral (pero) ser
eficiente no es meta. La meta no es la eficiencia, la meta es la
justicia: lo que pasa es que en economía no se puede ser justo si no
se es eficiente... La rentabilidad de la empresa es un deber ético,
porque la empresa que no gane está desperdiciando riqueza... (y) el
deber moral de la empresa es crear excedentes de bienes... la
creación de bienes necesarios, y no de cualquier bien. Porque la
creación del bien no es para la rentabilidad: la rentabilidad es
para la creación de bien”.
Empresa y orden natural
Según Tomás D.
Casares, cuando estudiamos instituciones humanas y conductas humanas
(la empresa puede caracterizarse como “un lugar de encuentro”), la
referencia al orden natural aparece como insoslayable, puesto que
cuando en todo emprendimiento interviene la voluntad libre del
hombre, su ejercicio comporta elecciones y decisiones cuya bondad,
rectitud y justicia se vinculan con la eventual conformidad a
normas, leyes u orden que están por encima del mero arbitrio. De las
exigencias del orden natural, en una consideración de la empresa,
nos interesa la de la sociabilidad. Tengamos en cuenta que la
sociedad general no es un conjunto de individuos, sino de núcleos
sociales menores, “intrasociales”, o sociedades intermedias. Y la
empresa es por naturaleza una sociedad intermedia. Dentro de la vida
económica, el orden social requiere como condición material una
medida asequible de riqueza que haga posible, en términos generales,
la satisfacción de las necesidades primordiales de toda la
humanidad. Y en cuanto a la empresa como comunidad de intereses,
como parte activa superlativa de la vida económica, ella ha asumido
y ocupado un lugar preponderante como una sociedad intermedia del
orden natural –por lo menos en las actuales condiciones– con
capacidad para asumir la consiguiente responsabilidad económica,
social y humana, y en positiva disposición de asumirla. La empresa
constituye un organismo económico social, y como tal tiende a ser
una comunidad de progresiva vida propia, donde el fin económico está
en disposición muy favorable para ordenarse al bien común general a
través de su propio bien común particular. Promueve en sus
intrarrelaciones la incorporación espontánea y natural de elementos
propios del régimen de sociedad. La empresa debe ser capaz de
superar las contradicciones y antagonismos entre los dos principales
elementos que la componen: el capital, organizado como poder
económico, y el trabajo, organizado como fuerza social. Una empresa
funcional al orden natural puede y debe encauzar una capacidad
propia, particular, para promover valores supraeconómicos. En ella,
empresarios y obreros cooperan en una obra común. No son
antagonistas inconciliables. Viven del beneficio común de la
economía nacional.
La ética integrando la visión
Un ingrediente
fundamental en el diseño de toda visión y de toda misión
condicionantes de un Plan de Negocios, será la consideración de
objetivos, pautas y respetos éticos básicos. Distinguir lo ético y
lo no ético en una organización a veces no resulta tan sencillo.
Como dijera Glenn Coleman, gerente de comunicación e instrucción
ética del Departamento de Ética de Texas Instruments: “es fácil
distinguir el rojo del verde, pero es la luz amarilla la que exige
tomar decisiones firmes”. Las siguientes son las preguntas que
plantea en Texas Instruments el llamado “Examen rápido de Ética”:
¿Es legal la operación? ¿Es compatible con los valores de la
empresa? Voy a sentirme mal si lo hago? La visión debiera incorporar
como valores muchos enunciados del Programa de Ética que no puede
faltar en ninguna organización, donde mínimamente deberán tenerse en
cuenta los siguientes puntos: 1) Verificar si los empleados
entienden la clase de dilemas éticos que plantea el negocio o la
actividad. 2) Relevar las relaciones más vulnerables a
transgresiones éticas y legales, y generar reglas de comportamiento
en tales casos. 3) Mantener un canal abierto de comunicación
relacionado con las cuestiones éticas. 4) Al enterarse de una
transgresión a la ética, hay que responder con acciones concretas.
5) Conservar registros escritos de la política, las normas y los
procedimientos ante una transgresión, como así también lo actuado en
casos anteriormente producidos.
Esta guía resumen fue publicada en el
Boletín Semanal AICA Nº 2441 del 1 de octubre de 2003
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