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DIGNIDAD
DE LA PERSONA
Intervención del Nuncio Apostólico, Mons. Santos Abril y
Castelló,
en la Audiencia Pública sobre «Dignidad de la Persona», promovida por
la Comisión Bicameral Jubileo 2000, efectuada el martes 4 de julio de
2000
en el salón Manuel Belgrano del anexo del Senado de la Nación.
Señor Presidente de la Comisión Bicameral Jubileo 2000:
1.
Permítame que en primer lugar le exprese mi agradecimiento por la honrosa
invitación que me cursara para participar, en calidad de disertante, en
esta Audiencia Pública sobre la Dignidad de la Persona Humana. Y que lo
hiciera en el ámbito del recinto parlamentario de la Nación Argentina,
encarnación de la soberanía de un pueblo y umbral de elaboración de las
normas legales dictadas para el bien común y para la convivencia en paz, en
armonía, en justicia y mutua solidaridad de todos los argentinos. En este
sentido le ruego acepte la expresión de mi máxima consideración a esta
alta Instancia y que reciba mis palabras como muestra del mayor respeto y
afecto hacia el pueblo aquí representado, por el que siento una gran
estima, como representante del Santo Padre, como hombre de Iglesia y como
Persona.
Querría a la vez felicitarle sinceramente por el hecho
de que el Parlamento Argentino haya constituido una Comisión Bicameral para
el Jubileo del Año 2000, y que quiera hacer objeto de especial atención
tres temas de vital importancia social para los legisladores de cualquier
militancia política, de cualquier confesión religiosa o de pertenencia al
más heterogéneo grupo de personas de buena voluntad, respetuosas de las
convicciones ajenas y amantes del bien solidario a tutelar.
Con este Encuentro - Debate de hoy y con otros pasados o
por venir quieren preparar el Jubileo de los Responsables de la Cosa
Pública a realizarse el próximo 5 de noviembre en Roma.
2.
Hoy queremos ocuparnos de la dignidad de la Persona Humana. Un tema de
trascendental importancia, porque todo el amplio e importante complejo de
los derechos humanos, en las cinco subdivisiones clásicas en las que suelen
clasificarse, tienen su base en la dignidad de la persona humana. Sin una
consideración ética y antropológica correctas, esos derechos carecerían
de fundamento y de posibilidad de legítima tutela. El solo pragmatismo no
ofrecería suficiente sostén.
Siendo el Representante de la Santa Sede e interviniendo
en un acto que hace referencia a un gran evento de la Iglesia Católica
Universal, a nadie extrañará que trate de recoger en esta intervención el
sentir de la Santa Sede y el de mis hermanos los Señores Obispos de la
Argentina. Es el pensamiento del que he hablado, también, con numerosos
Senadores y Diputados en encuentros individuales.
3.
Para la Iglesia, la Persona Humana -nombre o mujer sin distinción- es el
ser más alto que puebla la tierra. Es el custodio del mundo creado, que
debe respetar, cuidar y mejorar. Es un ser libre capaz de pensar, de buscar
la verdad, la belleza, de descubrir un universo ético de conducta, de crear
una familia y una sociedad, de realizar portentosos progresos científicos,
económicos, sociales, y de elevarse con su razón a descubrir el sentido de
la vida que "no puede encontrar solución sino es en el absoluto".
Un camino, éste, sostenido por un diálogo confiado y una amistad
sincera.1
Pero si es verdad que esa mirada filosófica sobre el ser
humano puede ser común a una amplia parte de pensadores, incluso no
cristianos o hasta no religiosos, es evidente que el horizonte se esclarece
y consolida con fundamentos mucho más sólidos cuando abrimos nuestra
reflexión a la luz de la fe.
4.
En efecto, Juan Pablo II, ya en su primera Encíclica Redemptor Hominis,
que evidenció muchas de sus reflexiones vividas antes del comienzo de su
Pontificado, resume de manera espléndida lo que iba a ser una de las
líneas maestras de su enseñanza como Papa, condensadas en su profundo,
claro y reiterado concepto del humanismo cristiano.
En él, el pensamiento sobre la dignidad de la persona
humana alcanza una verdadera altura de cimas expresivas. No es un
pensamiento ausente en sus Predecesores o en la reflexión eclesial, pero
sí halla intuiciones nuevas y delineamientos de nuevo plasticismo
filosófico - teológico.
El hombre, dirá por eso, recordando palabras del
Concilio Vaticano II, halla la cumbre de su dignidad en que
"mediante la encarnación el Hijo de Dios se ha unido en cierto
modo a todo hombre"2 . Por ello, la Iglesia trabaja
para "que todo hombre pueda encontrar a Cristo, para que Cristo
pueda recorrer con cada uno el camino de la vida, con la potencia de la
Verdad acerca del hombre y del mundo contenida en el misterio de la
Encarnación y de la Redención, con la potencia del amor que irradia de
ella".3
Jesucristo se hace así "el camino principal de
la Iglesia. El mismo es nuestro camino hacia la casa del Padre y es también
el camino hacia cada hombre...Esta es la experiencia del bien temporal y del
bien eterno del hombre".4 De este modo se logrará que
"la vida en el mundo sea más conforme a la eminente dignidad del
hombre" en todos sus aspectos, para hacerla "cada vez más
humana".5 En nombre de esa solicitud "la
Iglesia, que ...de ninguna manera se confunde con la comunidad política y
no está vinculada a ningún sistema político, es al mismo tiempo el signo
y la salvaguardia del carácter trascendente de la persona humana".6
El objeto de esta premura eclesial "es el hombre
en su única e irrepetible realidad humana, en la que permanece intacta la
imagen y semejanza con Dios mismo".7 Un hombre que "es
en la tierra la única creatura que Dios ha querido por sí misma"8 ,
que ha "elegido" eternamente destinándola a la gracia y a la
gloria eterna. Este es el hombre al que Jesucristo hace partícipe de su
misterio de amor "en cada uno de los cuatro mil millones [hoy
son seis mil] de hombres vivientes sobre nuestro planeta, desde el
momento en que es concebido en el seno de la madre".9
Estos son los fundamentos más sólidos de la eminente
dignidad del ser humano, hombre o mujer: ser amado por Dios, que en su Hijo
se hace hombre como los demás, excepto en el pecado. Ser que lleva en sí
la imagen de Cristo, el cual le acompañará en su camino terreno. Ser al
que Dios ama hasta dar a su Hijo para redimirlo. Ser llamado al amor de y
para con los demás. Ser que cuando es ayudado, Dios toma esa acción como
un servicio prestado a El mismo.10 Y ser destinado a una felicidad
eterna, herencia ofrecida a quienes considera como sus hijos11 . La
mente humana no podía soñar una tal altura para el ser humano, hombre o
mujer, grande o pequeño, sin distinción de color, etnia o condición. Eso
explica el antropocentrismo concreto del Papa y de la Iglesia.
5.
Lamentablemente, esta jerarquía de altos valores se ve con frecuencia
ofuscada en la práctica con la vigencia de no pocos antivalores, que hacen
ver las consecuencias trágicas de la falta de respeto a la dignidad de la
persona humana. Basta hacer una rápida visión panorámica, aunque sea
incompleta, sobre el gran teatro del mundo, para descubrir una sucesión
histórica de vida y de muerte, de amor solidario hasta el heroísmo,
frecuentemente, en nombre de la fe y también de envilecimiento del ser
humano.
Las continuas guerras, el afán por subyugar unos a
otros, el desarraigo violento de unos veinte millones de esclavos hecho por
países cristianos
-con la colaboración de jefes locales africanos- para trasplantarlos a
América, la explotación inhumana de los indios americanos, las cruzadas de
defensa propia y de no pocos abusos, las inquisiciones impositivas de
conductas forzadas por razones políticas, las divisiones religiosas con
trasfondos de prestigio humano o político y tantos otros tristes
fenómenos, son un cuadro demasiado amplio para esta intervención.
6.
Pero no podría dejar de aludir a algunos hechos de nuestros tiempos
recientes, que pueden servir de advertencia.
Hablando al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa
Sede, en enero pasado, el Papa Juan Pablo II hacía este balance del siglo
apenas acabado: "la memoria de las sangrientas guerras que han
aniquilado a millones de personas y provocado éxodos masivos, vergonzosos
genocidios [como el Holocausto y otros] que hieren nuestras memorias,
la carrera armamentista que alimenta desconfianza y temor, el terrorismo y
conflictos étnicos que han aniquilado pueblos que habían vivido juntos en
el mismo territorio, todo ello nos obliga a ser modestos y en muchos casos a
tener un espíritu penitente... La globalización, que ha
transformado profundamente los sistemas económicos, creando insospechadas
posibilidades de crecimiento, ha provocado también que muchos pueblos se
queden al margen del camino. De ahí, desempleo en los países más
desarrollados y extrema pobreza en demasiados países del hemisferio sur,
que continúan manteniendo a millones de mujeres y hombres lejos del
progreso y prosperidad..." Y, sin embargo "hoy más que
nunca no seremos felices ni estaremos en paz unos sin otros, mucho menos,
los unos contra los otros"12
A este punto no podemos olvidar tampoco el genocidio de
800.000 ruandeses y muchos burundeses pertenecientes a una etnia enemiga de
otra,13 las venganzas resultantes y los excesos más inaceptables en
países dominados por el tribalismo; las aberraciones, las violaciones y los
campos de muerte en la Europa Balcánica de nuestros días; los 215 millones
de refugiados y desplazados en el mundo y el millón y medio de refugiados
balcánicos de los que aún quedan unos 600.000 en la sola Yugoslavia; la
salida de casi un millón de pobladores del Kosovo -luego regresados,
mientras otros 200.000 partían- con su compañía de abusos, muerte y
destrucción.14 Y ello sin que a veces la misma ONU estuviera a la
altura debida, como reconocido por ella misma, por falta de tempestiva
intervención en Ruanda-Burundi, Srebrenica o Bosnia-Hercegovina
entera.15
Cómo no aludir también, al menos de paso, a los abusos
de tantas dictaduras, con su multitud de deportaciones por motivos
ideológicos o religiosos (los llamados "enemigos del pueblo") con
sus justicias dudosamente imparciales, con sus desaparecidos, a veces
niños, sin que se haya logrado el consuelo de una respuesta?
Cómo no mencionar, asimismo, las tantas guerras
"olvidadas" o no que en diverso grado están ensangrentando a
varios Países del mundo? Ahí están Sudán, Angola, Argelia, Iraq,
Chechenia, con miles de civiles muertos. Ahí están los tantos lugares
donde fundamentalismos radicales, que explotan falsos motivos religiosos,
crean discriminación contra la mujer, quizá -ella- la mayor esperanza de
libertad futura. Ahí están los focos de intolerancia entre grupos sociales
y Países, los de quienes se erigen en árbitros de la cultura, en policías
de un presunto orden divino, o los que se erigen en dueños de la vida. Se
pretende ignorar que la vida es sagrada, que hombre o mujer tienen los
mismos derechos y que -como dijo muy acertadamente el Papa actual-
"nadie puede pretender matar en nombre de Dios". En ese contexto
intransigente, poseer para uso privado una Biblia, libro de amor, puede
conducir a la cárcel o a peores condenas. Es la negación simple de la
dignidad libre de la persona.
7.
A veces, al lado de matanzas aparecen intereses políticos, económicos,
hegemónicos, que no son los proclamados por las potentes campañas
mediáticas que a veces decantan hacia un lado u otro el resultado de una
guerra. Aparecen absurdos de venta de armas, como en Medio Oriente y otros
lugares, a la parte no precisamente amiga o a ambas partes beligerantes. O
se entregan barcos de artefactos bélicos que rompen equilibrios pactados. O
se prolongan luchas que se apagaban, porque gobiernos o potentes industrias
de armamentos han de mantener el triste equilibrio entre fabricación
abundante (que produce ingentes ganancias), necesidad del rápido uso de
armas (para que no queden obsoletas ni acumuladas) y mayor perfeccionamiento
técnico de nuevas armas (que facilite dominio y mayores ganancias).
A veces se dan prontas reacciones en lugares donde hay
ciertos intereses, mientras se olvidan situaciones no menos graves de
violación de los derechos humanos, cuando las conveniencias sugieren una
indulgente, interesada mirada.
Pensando en el primer derecho del ser humano, el derecho
a la vida, impresiona, por ejemplo, que en el Estado de Illinois se
suspendan sólo ahora las ejecuciones capitales -como se hizo en
Pennsylvania- porque se constató que en 23 años se había ejecutado a 12
inocentes y que de 300 condenas a muerte dictadas, 260 tuvieron que ser
anuladas por graves irregularidades. Y hablamos de Países de tradición
democrática.
8.
Frente a la violación repetida de la justicia y de los legítimos derechos
del ser humano, la humanidad ha sentido la necesidad de defenderse con
adecuados instrumentos jurídicos.
Hoy vivimos en gran parte de la legalidad que la
comunidad internacional se dio, por consenso, tras el shock terrible de la
segunda guerra mundial y de las atrocidades del nazismo y de sus aliados.
La conciencia ética mundial no podía permitir que
crímenes de tal magnitud quedaran impunes. La respuesta fue el Tribunal de
Nuremberg. Y para ordenar la situación y evitar que aquellos horrores se
repitieran, se creó la Organización de Naciones Unidas con su Carta
Fundamental, el Consejo de Seguridad y otros Organismos, la Declaración
Universal de Derechos Humanos de 1948, las Convenciones I a IV de Ginebra,
llamadas Derecho Internacional Convencional Humanitario, la Convención para
la Prevención y Sanción del delito de Genocidio, y la Convención sobre la
Imprescriptibilidad de Crímenes de Guerra y de Lesa Humanidad.16
9.
Ese conjunto legal reseñado (con otros documentos que no cito) sientan un
principio claro: la violación masiva y repetida de los derechos humanos no
es crimen de jurisdicción exclusiva de cada Estado, sino también
internacional, que abre el paso al complejo problema de la injerencia
humanitaria.
Lógicamente, ello puede plantear problemas serios de
incompatibilidad entre dos principios de derecho internacional: el derecho
de soberanía, que es igual para cada Estado, y el derecho - deber de hacer
justicia. Sobre todo en caso de crímenes de lesa humanidad.17
Ahí se entremezclan tres aspectos: el moral, el legal,
el político. Eso crea situaciones complejas, con argumentos para posiciones
diversas.
Es verdad que no sería tampoco aceptable la injerencia
de "Estados gendarmes" aislados, ni se puede admitir esa
intervención al margen de la legalidad internacional representada por el
Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, como sucedió en el caso del
Kosovo. Aunque si se dan violaciones masivas y crímenes contra la humanidad
surgen delicadas preguntas de no fácil respuesta en el estado actual del
derecho internacional.18
10.
La respuesta eficaz puede venir de
una Corte Penal Internacional, ya creada y ratificada por muchos Países,
pero lamentablemente no por otros que reconocen su necesidad, pero quieren
mantener su competencia en materias que debieran someterse a una legalidad
imparcial y universal. La de dicha Corte.
En su Mensaje para la Jornada de la Paz de este año
2000, el Papa se pronunció con rotunda claridad: "quien viola los
derechos humanos, ofende la conciencia humana en cuanto tal y ofende a la
humanidad misma. El deber de tutelar tales derechos trasciende, pues, los
confines geográficos y políticos dentro de los que son conculcados. Los
crímenes contra la humanidad no pueden ser considerados asuntos internos de
una Nación. En este sentido, la puesta en marcha de la institución de una
Corte Penal que los juzgue es un paso importante. Tenemos que dar gracias a
Dios de que siga creciendo, en la conciencia de los Pueblos y de las
Naciones, la convicción de que los derechos humanos, universales e
indivisibles, no tienen fronteras".19 Palabras que pueden
hacer reflexionar, porque la ley justa obliga a todos.
11.
Entre esos derechos a proteger están los del niño y los de la mujer,
objeto de Convenciones especializadas, que forman parte de la Carta
Fundamental de Naciones Unidas.
Los millones de niños -20 sólo en América, 250 en todo
el mundo- obligados a trabajar en minas, campos y trabajos duros desde
tierna edad -mano de obra barata y explotada porque no protesta, cuyos dedos
pequeños pueden tejer alfombras y objetos más cotizados en el mercado- son
una afrenta para la humanidad.
Niños reclutados sin escrúpulo alguno para la guerra
-más de 300.000 en todo el mundo- envenenados en su espíritu por el odio,
traumatizados prematuramente. Niños "meninos da rua" delincuentes
para sobrevivir, cazados en redadas organizadas. Hoy se está pidiendo que
los adolescentes no puedan ser contratados para ciertos empleos antes de los
18 años, desde los 15 que marcan ciertos textos legales actuales. Una
legalidad a perfeccionar, para proteger mejor.
Niñas vendidas -o niños- en una prostitución exótica
de ricos de países ricos y "civilizados", que quieren evitar el
sida, aunque sea atropellando la infancia y la indefensión de la pobreza.
Mujeres objeto de violencia hasta en casa -lo vemos con
excesiva frecuencia en TV- sometidas a normas no iguales que el hombre,
temerosas de denunciar su trágica situación. Mujeres explotadas sin
escrúpulo por bandas mafiosas. Mujeres mutiladas física y síquicamente
-hasta 6 millones en Africa y otras partes- en nombre de prejuicios seudo -
religiosos y de costumbres ancestrales que practican la excisión.
Son cuadros que requieren la aplicación y ajuste de la
legalidad actual para que el abuso y el crimen encuentren un dique eficaz.
Sin olvidar nunca el aspecto moral de la vida y de la ley, la de los Diez
Mandamientos de Dios -que como lo recordó el Papa al visitar hacer poco el
Sinaí- "son la ley de la libertad: no la libertad de seguir las
ciegas pasiones, sino la libertad de amar, de elegir el bien".20
Así, a la sombra de Dios, se respetará más eficazmente la dignidad de
todo ser humano.
12. En
este marco amplio que he querido esbozar para presentar los fundamentos de
la dignidad de la persona, así como el reverso del mismo problema que es la
exigencia de respeto a sus derechos, hay dos puntos que creería oportuno
precisar mejor en el contexto concreto argentino: son la dignidad de la
mujer y de la vida humana incipiente, así como las circunstancias
ambientales en las que esa vida surge.
En la Carta Apostólica
Mulieris dignitatem, un
canto a la dignidad de la mujer, que halla su paradigma máximo en la Virgen
María, Madre del Hijo de Dios encarnado, Juan Pablo II dice refiriéndose
al hombre y a la mujer que "ambos son seres humanos en el mismo
grado, tanto el hombre como la mujer; ambos fueron creados a imagen de
Dios".21 Pero va mucho más lejos cuando afirma:
"la fuerza moral de la mujer, su fuerza espiritual, se une a la
conciencia de que Dios le confía de un modo especial al hombre, es decir,
al ser humano"22 .
13.
Sin embargo, en la práctica queda mucho por hacer para alcanzar esa
igualdad. Es un campo en el que la Iglesia debe mostrar todo su compromiso.
Por ello, además de cuanto expuse antes, es urgente procurar con todos los
medios prácticos y legales que cese toda discriminación contra la mujer y
la madre: "hay que alcanzar en todas partes la efectiva
igualdad de los derechos de la persona y, por tanto, igualdad de
salario respecto a igualdad de trabajo, tutela de la trabajadora - madre,
justas promociones en la carrera, igualdad de las esposas en los derechos de
familia, reconocimiento de todo lo que va unido a los derechos y deberes del
ciudadano en un régimen democrático. Se trata de un acto de justicia";23
"en definitiva, por la dignidad misma de su ser"24
Ahí estará también la defensa contra toda forma de
violencia sexual, la lucha contra la cultura hedonística y comercial que
explota a la mujer, contra toda forma de machismo social agresivo,
favoreciendo el real acceso de la mujer a la cultura, a la igualdad de
oportunidades para su inserción en todos los niveles de la
sociedad.25 Además, como reconocido ya en Copenhague, se debería dar
el reconocimiento adecuado al trabajo, hoy no remunerado, de la mujer que
trabaja en casa y que tiene su particular valor social.26 Todas estas
son metas prioritarias, altas y urgentes en la sociedad.
14.
Pero al mismo tiempo la Santa Sede y los Obispos argentinos seguirán
enseñando, como guía del pueblo católico, que no se puede favorecer -por
conveniencia no sólo ética sino igualmente social- un
ambiente sobrecargado de erotismo y promiscuidad, de imposición,
prevalentemente a la mujer, de métodos de control de natalidad cuya
nocividad para su salud no es frecuentemente expuesta con claridad. Y
serían mucho menos aceptables, tales métodos si son la puerta a la
práctica real de la eliminación de un ser humano mediante el aborto,
aunque se usen eufemismos como "interrupción del embarazo",
"salud reproductiva sana" u otros. El pretendido
"derecho" permisivo de la madre, de la sociedad y del Estado cesan
frente al derecho seguro de otra vida humana que no puede ser suprimida
impunemente. Tanto más que es la de un ser inocente e indefenso,
que la ley debe proteger.
Y no se quiera pretender que la vida incipiente no es la
de una persona plenamente humana. La genética moderna es clara en sus
conclusiones. Por ello, entre otros muchos organismos altamente cualificados
del mundo científico más solvente, la Academia Nacional de Medicina y la
Comisión Nacional de Etica Biomédica han dictaminado con su autoridad
"que la vida humana comienza su existencia desde el momento de la
unión de los dos gametos, masculino y femenino, esto es, del espermatozoide
con el óvulo".27 Ello figura en la Constitución
Nacional.28
15. A
los que tienen experiencia en la materia a causa de estudios hechos, suele
causar una cierta sorpresa constatar que cuando se discuten estos temas en
foros públicos se repiten ciertas constantes: el bloqueo de voces discordes
en determinados medios de comunicación social, la presentación de cifras
exageradas de los males existentes, la promesa de solucionar esos males,
aunque las cifras ofrecidas por organismos objetivos e independientes
muestren que ciertas pretendidas soluciones aumentan el número de los casos
a solucionar, etc.
Ciertamente hay que ofrecer a la juventud una correcta
información sexual para prevenir graves males y enfermedades. Pero no se
podría excluir en ese terreno la función moralizadora ni la información
que corresponde a la familia y a otras instancias responsables. La
atribución prioritaria de esa responsabilidad a la autoridad pública,
sería una violación y usurpación de funciones que son subsidiarias -no
únicas- del Estado o de la autoridad pública. Lo contrario pudiera quizá
tocar hasta principios constitucionales. Como lo sería la falta de respeto
a la libertad de conciencia de los agentes médicos que podrían
legítimamente sentirse avasallados por normas y métodos poco
democráticos.
16.
Y no se diga que la Iglesia, al exponer sus reflexiones morales y sus
reservas sobre comportamiento sexual y sobre ciertos sistemas de limitación
de natalidad, procede de modo irresponsable proponiendo como ideal cualquier
número de hijos que puedan tenerse.
La Iglesia, acepta y enseña una paternidad
responsable, decidida sin imposiciones coactivas externas o que puedan
llegar a inaceptables regulaciones logradas con prácticas mutilatorias o
establecidas por países o consorcios que mueven ingentes capitales.
Es por ello un tanto extraño que mientras se asegura
querer ayudar a los más pobres, ofreciéndoles incentivos que constituyen
una presión o distribuyendo productos que presentan no pocos límites y aun
riesgos, no se hable ni se quiera propagar en las debidas condiciones los métodos
naturales, que no presentan peligro alguno para la salud, que son en la
práctica tan seguros y más que los otros difusamente propuestos y que,
además, no son tan costosos. Habría que examinar las motivaciones de fondo
de tales conductas.
17.
Señor Presidente:
En unión con los Obispos argentinos he expuesto algunas
líneas principales, no todas, sobre la dignidad de la persona humana en
concordancia con el pensamiento de la Iglesia y del respeto de los derechos
humanos, también en una situación concreta.
Consciente de que ciertos países no sólo no proceden en
ese sentido que lamentan males no menores después de aplicar medidas que no
han resuelto problemas que aquí se debaten ahora, la Iglesia hace una
llamada a la nivelación moral hacia arriba, no hacia abajo. La norma
moral y los principios que la Argentina ha defendido, ayer y hoy, pueden ser
un ejemplo para otros, incluso para quienes recurren, quizá, a presiones
poco respetuosas de la personalidad de un pueblo que quiera ser él mismo.
Con la ayuda y esfuerzo de sus dirigentes y de todos, con
el respeto de ideales éticos altos, hay que luchar por disminuir
eficazmente, lo más posible, los males sociales existentes y ayudar a sus
víctimas. Con comprensión y sentido solidario, con la máxima atención
por quien más sufra y con la mirada puesta también en Dios, fuerza e
inspiración para elevar la dignidad de la persona y de los pueblos.
Notas
(1)
Fides et ratio, 28, 33 y nota 28; 34 y nota 29, 35, 50, 51, 68, 78,
80, 81, 82
(2)
Gaudium et Spes, 22
(3)
Redemptor Hominis, 13
(4)
ibi
(5)
ibi; Gaudium et Spes, 91, 38.
(6)
ibi, 76
(7)
Gen 1, 27
(8)
Gaudium et Spes, 24
(9)
Redemptor Hominis, 13
(10)
Mt. 25, 40, 45
(11)
Mt. 25, 34; Ej. 1, 5, 11, 14
(12)
L´Osservatore Romano, 10 enero 2000.
(13)
ABC, 12.11.1999
(14)
Le Monde, 12.11.1999
(15)
ABC, 12.11.1999
(16)
C.López Dawson, "Impunidad y Justicia" en
"Diplomacia":, abril - junio 1999, Santiago de Chile, pp. 21-33; R.
Abril Stoffels, "La asistencia humanitaria y los
principios jurídicos recogidos en el D.I.Humanitario." en
"Rev.de la Facultad de Derecho Universidad Complutense de Madrid",
n89(1997)pp. 23-24; M.del C. Márquez Carrasco, "En qué
condiciones es legítima la Intervención Humanitaria?"en
"Crítica", nov.1999, pp. 36-39.
(17)
C. López Dawson, ibi, p.27-32; M.del Carmen Carrasco, ibi,
38; Kofi Annan "Deux concepts de la souveraineté. Le Monde
22.09.1999
(18)
Kofi Annan, ibi.
(19)
Juan Pablo II, "Mensaje para la celebración de la Jornada de la
Paz", 1 enero 2000, n.7
(20)
Vatican Information Service, 26.02.200
(21)
Mulieris dignitatem, n.6
(22)
ibi, 30
(23)
Carta de Juan Pablo II a la Mujeres, 29 junio 1995; cf. Carta de
las Naciones Unidas, preámbulo, apartado 2.
(24)
ibi, 3
(25)
ibi, 5, 6, 8, 9, 12; Mensaje de Juan Pablo II a la Secretaria de
la Conferencia de Pekín, 26 de marzo de 1995, 5.
(26)
Informe sobre la posición de la Santa Sede en la Conferencia de Pekín,
20 de junio 1995
(27)
Reunión del 30 de septiembre de 1999
(28)
artículo 75, inc. 22
Este
documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2273, del 12 de julio de 2000
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