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DIPLOMACIA DE LA SANTA SEDE, UNA DIPLOMACIA PARA LA PAZ


Conferencia pronunciada por el Nuncio Apostólico en la Argentina, monseñor Santos Abril y Castelló, el 16 de noviembre de 2000 en el CARI 
(Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales)


1.
Deseo agradecer ante todo a la directiva del CARI , y en especial al Sr. Presidente Dr. Carlos Manuel Muñiz, la honrosa invitación que me enviara para pronunciar una conferencia en esta prestigiosa institución.

Quiero agradecer asimismo al Dr. Angel Centeno la amable y benévola presentación que ha hecho de mi persona.

El tema de mi disertación versará sobre la diplomacia de la Santa Sede como un servicio a la paz en el mundo. Aludiré al Oriente Medio y a América Latina, con referencia específica a la Argentina.


2. Identificación de esa diplomacia

La diplomacia (1) de la Iglesia ha recibido a lo largo de los tiempos diversos nombres: diplomacia papal, pontificia, eclesial, vaticana, de la Santa Sede o servicio diplomático papal. Muchos autores han escrito sobre ello (2) .

Todos esos nombres indican la misma realidad en sus varias facetas y ninguno de ellos, si se toma separadamente, presenta con total precisión el instituto complejo del que tratamos.

Este abarca varios extremos que deben ser tenidos en cuenta. En efecto, en ese conjunto entran en juego varios elementos:

  • La personalidad jurídica internacional de la Iglesia católica,

  • La misma personalidad de la Santa Sede como órgano supremo de gobierno de la Iglesia

  • La autoridad soberana que dirige ambas, el Papa,

  • La personalidad jurídica internacional del diminuto Estado soberano de la Ciudad del Vaticano, que nace para el servicio de la otra entidad jurídica que existe antes que él y que interviene en su creación, la Santa Sede. Caso único en su género: "Estado vasallo":

  • finalmente, los organismos diplomáticos y personas que operan al servicio de esa diplomacia.

Se comprende, tras esta simple alusión a los temas indicados, que la diplomacia en cuestión haya recibido diversos nombres. Sin embargo, teniendo en cuenta que se trata de una diplomacia verdadera, pero que tiene la especificidad de unos fines espirituales, morales y humanitarios, no políticos o de orden temporal, creo que el término menos adecuado para designarla es el de diplomacia vaticana - aunque el nombre es de uso cómodo- y que sea el más apropiado el de diplomacia de la Santa Sede.

Así se refleja el prevalente carácter religioso-moral de esa labor del ente de gobierno de la Iglesia Católica que tiene su cabeza en el Papa, el cual une a la vez en su persona la soberanía de un pequeño Estado.


3. Trazos de la formación histórica de esa diplomacia

Al presentar sólo algunos elementos históricos, querría señalar la connotación religiosa y la orientación pacificadora.

a) Desde los primeros siglos de la Iglesia aparecen los Legados de los Papas a los Sínodos y Concilios. Los Papas solían presidir los Concilios romanos, mientras que se hacían representar por sus Legados en las otras reuniones conciliares (3).

Para los ocho primeros Concilios ecuménicos, celebrados en Oriente, fue costumbre que el Papa no asistiera y que estuviera representado por sus Legados (4). En el Concilio de Sardes (343-344) se reconoce el derecho del Papa de hacerse representar por Legados que actúen en su nombre, aunque los Concilios pudieran haber sido convocados por los Emperadores (5). La historia de las importantes Legaciones papales a los Concilios comienza con el Concilio de Efeso (431) y continúa en los siguientes (6). Ello dura hasta principios del siglo VIII (7) .

b) Con el Papa S. Dámaso aparece en el 380 otra figura nueva de Delegados de la Sede Romana: los Vicarios Apostólicos, que no tenían ya una misión temporal sino permanente. Se confiaba a Obispos de ciertas sedes importantes y tenían amplios poderes delegados en toda una provincia o región. Al contrario de lo ocurrido antes, los Vicarios son siempre Obispos (8). Fueron particularmente importantes los de Tesalónica, perteneciente al Patriarcado de Occidente (9), de Aries, Reims y Vienne (Francia) (10), Sevilla (en 482), Tarragona (517), aunque desde el año 681 pasó el primado a Toledo, con poderes incluso de elegir los Obispos de España (11). Otros Vicarios fueron los de Canterbury y Sicilia (12).

Todos representaban al Obispo de la sede de Roma y actuaban en su nombre, le informaban, mantenían la paz entre las diócesis y dirimían las cuestiones provinciales que no requirieran la intervención de Roma. Esos Vicariatos duran como norma hasta el siglo XI (13).

c) Una figura especial de Vicarios Apostólicos fueron los Vicarios o enviados misioneros, como S. Bonifacio en Alemania y Francia, Ansgario en los Países Nórdicos, Adalberto en Europa Central, Agustín en Bretaña, Metodio, apóstol de los eslavos (14).

d) Desde el siglo V aparece otra figura interesante de comunión eclesial y de representación papal: los apocrisarios o "responsales", que eran procuradores o representantes ante otra autoridad eclesial o civil. Al principio tienen carácter transitorio y luego permanente.(15)  Para nosotros ofrecen especial interés los apocrisarios pontificios ante los patriarcas de Oriente, ante la Corte imperial de Bizancio y menos, ante la corte carolingia (16).

Dada la poca distinción que había entre las esferas religiosa y civil, y las interferencias de los Emperadores de Oriente, era importante la presencia del apocrisario papal ante la Corte, para buscar la defensa y unidad de la fe. Ahí tuvieron un importante papel esos representantes permanentes de la Sede Apostólica a partir de Justiniano. Eran hombres de gran prestigio e influjo, como lo prueba el hecho de que 6 entre 13, fueran elegidos Papas. Este tipo de representación pontificia selecta termina con la controversia del periodo iconoclasta en 726.(17) 

e) Una nueva forma de representación aparece con los Legados enviados directamente desde Roma con autoridad de la Santa Sede para misiones importantes. Comienzan en el siglo IX. Se buscaba con ello que tuvieran mayor independencia frente a las autoridades civiles y ante los mismos obispos, que siendo en virtud de la importancia de la sede ocupada "Legados permanentes" o "natos" (entre ellos el de Toledo), oponían a veces resistencia. Viniendo de Roma se les llamó "e latere", "ex latere nostro" como "e familia pontificia" (18).

Ellos eran enviados al Emperador o Reyes, son luego Cardenales y tienen gran poder, pues durante su misión pierden sus derechos los otros Legados. El último de ellos es el enviado en 1801 con motivo de la firma del Concordato con Napoleón (19).

Así, con pasos adelante y retrocesos, se llega a las Nunciaturas y Nuncios permanentes en el siglo XV, cuando surgen los grandes estados nacionales (Francia, España, Polonia). Primero la Santa Sede recibe enviados de otros Estados. Luego manda sus propios agentes diplomáticos, que progresivamente van consolidando la institución (20).

La nueva figura del Nuncio (aunque otros hubieran llevado antes ese nombre en virtud del significado originario de la palabra latina "nuntius" o "nuntiare") era el resultado del acumulo de vanas funciones (Legado, representante, enviado, collector, etc) exigidas por la tradicional misión recibida,. por las necesidades de los Estados Pontificios, la defensa contra el peligro turco y contra los otros Estados Italianos, en especial Venecia. Los Papas Alejandro VI y Julio II fueron los impulsores de la creación de los Nuncios laicos, con competencias civiles. Poco después se añaden las religiosas. Así serán "Un peu moins diplomates, mais beaucoup plus théologiens" (21). Aquella diplomacia de los tiempos de Alejandro VI, Julio II, León X, etc. había ejercido funciones políticas, si no en favor de familias (la de los Borja, de La Rovere, Medici, etc) y poco religiosas, aunque éstas estaban también presentes de algún modo. Paulo III y Gregorio XIII les dan el carácter definitivo espiritual-eclesiástico con el nombre exclusivo de Nuncios (22).

Los poderes que recibían fueron amplios, pero a veces eran reducidos en la práctica por las intervenciones de carácter galicano y cesaropapista que creaba no pocos problemas. Así se llega hasta la reforma de Trento (1545-1563) en que se acomete la renovación de la Iglesia. La decadencia de la autoridad del Papa se hacia sentir y se reflejaba inevitablemente en su diplomacia. Esta es entonces puesta al servicio de la actuación del Concilio Tridentino, con una neta orientación religiosa que favoreciera la unión del mundo católico contra la amenaza del Islam (23).

Me parece interesante señalar aquí que, contra lo que pudiera parecer, en ese período hay instrucciones precisas dadas a los Nuncios, en las que el aspecto relacionado de algún modo con los Estados Pontificios está en lugar absolutamente secundario, mientras se hace hincapié en la difusión de la fe, aplicación del Concilio, libertad de la Iglesia, adecuada elección de los obispos, consolidación de la paz y unión entre los príncipes cristianos (24).

Después de la paz de Westfalia (1648) y con el nuevo mapa de las Naciones europeas surgidas, desaparece el fuerte peso político - hoy inconcebible con la nueva visión jurídica y teológico- canónica- del Papado durante la "Res publica christianarum gentium", y se entra en las luchas con el galicanismo e iluminismo, pasando por la revolución francesa. Al interior mismo de la Iglesia no faltan críticas al derecho de legación de la Iglesia (25).

En ese momento delicado para la diplomacia de la Santa Sede, es curioso y significativo que en el Congreso de Viena del 1814 - 1815, gracias a la labor del gran maestro de la diplomacia de la Santa Sede, el Cardenal Consalvi, se codificara como principio la norma de Derecho consuetudinario internacional de que el Nuncio pudiera continuar siendo, donde ya lo era o se deseara, el decano del Cuerpo Diplomático. Además se aclaró que esa excepción no se hacía atendiendo al poder político de los Estados Pontificios (entonces en manos de las grandes potencias) sino en virtud de la eminente posición del jefe de la Iglesia Católica, es decir, por su condición religiosa y moral. Era una nueva visión de la realidad de la Santa Sede y de su presencia en campo internacional, bien lejos de los presupuestos jurídicos de la "Res publica christianarum gentium". Esa concepción quedará luego en el Derecho Público Eclesiástico e Internacional y en la praxis, aun después de la desaparición de los Estados Pontificios en 1870. (26)


4. Una diplomacia particular

Quisiera poner de relieve algunos aspectos específicos de la diplomacia de la Santa Sede, que no significan supervaloración de la misma, sino expresión de lo que con frecuencia ha sido llamado "caso atípico" o "sui generis".

En efecto, la diplomacia de la Santa Sede tiene todos los requisitos de ciencia y arte de ese género de interrelación. Tiene también algún mérito reconocido. Pero está al servicio de una Institución, la Iglesia, que no es un Estado, sino un ente religioso y sobrenatural aunque a la vez social, dotado de autonomía e independencia desde su origen, con medios propios suficientes para su misión de salvación, con su propio ordenamiento jurídico y gobierno interno, con capacidad de relación internacional, con amplio reconocimiento internacional como sujeto, persona u ordenamiento jurídico primario (27).

Sin embargo, esas notas no son idénticas a las de los Estados, ya que hay diferencias en el origen, en los medios, en las finalidades, en el tipo de población a las que afectan, en el territorio. Por eso, la personalidad jurídica internacional de la Iglesia, que es verdadera, tiene muchos elementos que son especiales, atípicos, "sui generis" o en cierto modo analógicos, según los Autores (28).

Una diplomacia compuesta, además, por eclesiásticos, ha de reflejar en su labor tales características. Ello se advierte sobre todo en los contactos en campo económico, político y más aún en la relación, de pura cortesía, con los exponentes de los partidos políticos de una sociedad, si no se trata de tocar los principios morales que rigen toda la esfera de la vida del ser humano.

Dichos rasgos eran subrayados por el Papa Pablo VI a los diplomáticos acreditados ante la Santa Sede, cuando les decía en 1970 que la diplomacia eclesial y la de ellos mismos en Roma era diferente de la ejercida en cualquier Estado (29).

Idéntica realidad de fondo diplomático - pastoral ha sido expuesta reiteradamente por todos los últimos Papas y por Juan Pablo II, desde el principio de su pontificado, en sus discursos y encuentros con los alumnos de la Pontificia Academia Eclesiástica, que prepara los futuros miembros del servicio diplomático de la Santa Sede.(30)


5. Los medios usados por la diplomacia de la Santa Sede

Aludiré a algunos de los medios que la diplomacia eclesial ha empleado o emplea como vías hacia la creación de espacios de paz en el ámbito religioso y civil. Me referiré a los siguientes:

a) el funcionamiento de las propias estructuras diplomáticas, b) la función de arbitraje o mediación, c) Los Concordatos y acuerdos, d) el ecumenismo, e) la participación en los organismos internacionales gubernativos o no gubernativos.

a) Las estructuras diplomáticas eclesiales tienen bien en cuenta que su función se basa no sólo en principios humanos, sino teológico- jurídicos que derivan de la doctrina de la Iglesia, del Primado del Papa y de su posición como cabeza del cuerpo religioso-social que se relaciona con las Iglesias particulares y con la sociedad internacional.

Parte de esa función es ejercida, de manera eminente, por los altos Organismos que en lenguaje diplomático técnico pratican la llamada diplomacia central (31). Un papel de excepción por sus repercusiones sociales tiene la obra - aunque sea directamente de orden pastoral- llevada a cabo por los Papas con sus documentos, discursos y encuentros. No se pueden olvidar los de los Papas precedentes y sobre todo los 92 viajes internacionales, recorriendo más de un millón de kms. del Papa actual, sus encuentros con jefes de Estado, de gobierno, ministros, diplomáticos, responsables de organismos internacionales. Y desearía resaltar aquí los reiterados encuentros con responsables de otras confesiones religiosas, en búsqueda del acercamiento, testimonio en común y de la promoción del benéfico influjo del factor ético religioso en el mundo pluralista de hoy. En esta tarea participan activamente los Organismos centrales de gobierno de la Santa Sede, en particular las dos Secciones de la Secretaría de Estado, bajo la guía del Cardenal Secretario de Estado.

Pero es natural que, aunque esa labor directa desde el centro cobre creciente influjo con la inmediatez actual de las comunicaciones, la labor ordinaria continúa desarrollándose desde las Nunciaturas.

En el momento actual la Santa Sede tiene 102 Nunciaturas permanentes que cubren 173 países, 10 son Delegaciones Apostólicas (Representaciones sin carácter diplomático) y participa en 10 Organizaciones internacionales gubernativas, con presencia también en otras 10 Organizaciones internacionales no gubernativas. Por su parte, el Estado de la Ciudad del Vaticano forma parte de 7 Organizaciones internacionales gubernativas y 5 no gubernativa (32).

Recíprocamente, mantienen relaciones oficiales con la Santa Sede 168 Países (de los 193 independientes que creo existen hasta hoy en el mundo) (33). Entre ellos hay unos 40 con población prevalentemente católica, 26 islámicos, unos 25 de prevalente confesión cristiana, unos 15 mixtos o de las grandes confesiones asiáticas, uno hebreo y otros de difícil clasificación. Como se ve, el derecho de legación activa y pasiva es ejercido ampliamente en este caso, de manera bilateral y multilateral.

b) La función de arbitraje o de mediación es otra de las formas de presencia diplomática de la Santa Sede. Muchas fueron las intervenciones, quizá excesivas, pero normales en la mentalidad de la época, durante los tiempos en los que el Papado era la potestad aglutinadora e inspiradora entre los príncipes de la Cristiandad. Luego, en el curso de la historia se reconocen 14 intervenciones más importantes del Papa en este terreno, que van desde la mediación en la guerra franco-prusiana del 1870 a la más reciente sobre el Canal de Beagle entre Argentina y Chile en 1978- 1984.(34) 

A este propósito quiero resaltar aquí la altura de visión y la competencia técnica de los Jefes y miembros de las dos delegaciones de Argentina y Chile, con los que tuve el placer de encontrarme frecuentemente. Ellos, frente a gobiernos y responsables - entre quienes no faltaba quizá un marcado sentido del interés o, acaso también, si no más, una percepción muy sensible del pundonor- supieron transmitir y crear la convicción de que unos kilómetros de tierra árida, sin reservas de valor, podían ser una efímera ganancia incierta, a cambio de un seguro desastre para las Partes en causa y quizá más allá de ellas mismas.

Por eso, no puedo menos de rendir aquí homenaje a la valentía del Papa, que prefería perder una mediación a perder la paz sin intentar preservarla. Homenaje también a la labor paciente, clarividente y persuasiva del Cardenal Samoré y de cuantos en diversas formas y lugares, la secundaron.

Fue siempre una voz respetuosa, amiga, imparcial, que supo llamar o no perder lo más importante: la paz y la colaboración entre dos pueblos hermanos, sin envenenar los ánimos de generaciones, arruinando además los beneficios, aun económicos. de la solidaridad y de la confianza. Así, nadie perdió una guerra, todos ganaron la paz que hoy bendicen. Al fin, no es tierra lo que falta a la Argentina y a Chile.

Acabo de regresar de una visita pastoral a la zona, donde recorrí el canal que tantos recuerdos me traía. Allí, un alto Oficial me decía que ninguna de las dos Marinas quedó totalmente satisfecha con el resultado. Es lógico que todos quisieran más, pero las actuales visitas mutuas de miembros de ambas Marinas y de sus familiares, los intercambios que se están dando, las posibilidades comerciales, la venta de gas, los proyectos turísticos de interés común y la desaparición de tensiones, hacen que lo que pudo ser el canal de la inútil y miope confrontación, podría hoy cambiar el nombre por el de canal de la paz.

Esa actividad más vistosa no quiere desconocer otras muchas intervenciones de carácter menos aparente, llevadas a cabo con esfuerzos de persuasión a nivel central y también por conductos diplomáticos en las Nunciaturas. Muchos Nuncios podrían dar abundantes testimonios de ello, particularmente en América Latina. Siempre se encuentra ahí un factor determinante: la autoridad moral de la Santa Sede y de sus Representantes por la posición ventajosa e independiente en la que les coloca el hecho de no tener intereses económicos, comerciales o militares que defender (35).

c) Los Concordatos y Acuerdos son otra forma de relación diplomática al máximo nivel, con los que dos entes soberanos regulan, mediante instrumento de carácter internacional, materias en las que ambos tienen competencias comunes, para asegurar mejor la concordia en las esferas religiosa y social.

La Santa Sede firmó Concordatos con bastantes países a lo largo de la historia. Pero tratándose de fórmulas rígidas que obligan a las dos partes a respetar el contenido sin límite de tiempo, creaban a veces problemas, cuando nuevas circunstancias pedían un cambio en algunos puntos desfasados (36).

En los últimos tiempos la Santa Sede ha firmado un Concordato con Polonia en 1993, que fue ratificado el 23 de febrero de1998. Otros precedentes no están ya en vigor. Y algunos sólo parcialmente (37).

En la actualidad se suele recurrir al sistema de Acuerdos parciales sobre puntos determinados (marco jurídico, acuerdos sobre escuelas, vicariatos castrenses, patrimonio artístico, etc.). Esa fórmula permite una mayor flexibilidad. Hay bastantes Acuerdos de ese tipo que están en vigor. Nada impide que se pueda recurrir todavía a la firma de Concordatos, deseados aún por algunos Países.

Otro tipo interesante de delicada actividad diplomática, que requería por ello especial tacto, fue la desplegada por la Santa Sede en los Acuerdos estipulados con dos Países entonces bajo régimen comunista y otro con uno islámico. A ello dediqué mi atención personal en un breve estudio consagrado al "modus vivendi" firmado con Túnez en 1964, al semejante acuerdo con Hungría de 1964 y al protocolo estipulado con Yugoslavia en 1966. En esas circunstancias, y en general en la relación con Países de minoría católica la diplomacia de la Santa Sede ha tenido que dar prueba de creatividad e ingenio para dialogar mediante fórmulas nuevas con autoridades no siempre bien dispuestas hacia la Iglesia, porque partían de posiciones ideológicas o religiosas muy distantes o contrapuestas (38).

d) La labor ecuménica, tarea específica de la Iglesia, de la Santa Sede y de las Nunciaturas, etc., es un punto que nos interesa especialmente, porque ello es un factor de paz interreligioso y social. Es claro que el esfuerzo de convergencia debe ser de todos y no sólo de una u otra parte.

Hay que reconocer que durante largo tiempo los planteamientos doctrinales, que propugnaban la solución interna de los problemas de cada confesión cristiana, no favorecían ese tipo de actividad, lo que provocó una cierta ausencia de la Iglesia Católica en el campo ecuménico.

La actitud y algunos gestos del Papa Juan XXIII y las decisiones tomadas en el Concilio Vaticano II despertaron un nuevo dinamismo, recogido plenamente por Pablo VI e intensificado por Juan Pablo II. (39)

En ese camino pueden señalarse como hitos más significativos las visitas mutuas entre Pablo VI y Atenágoras, repetidas por sus sucesores; los encuentros con otros Patriarcas y con guías del anglicanismo o de otras confesiones cristianas; el decreto conciliar sobre el ecumenismo, la creación de los Secretariados (hoy Consejos Pontificios) para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y para el Diálogo Interreligioso, con sus Comisiones para las relaciones con el Hebraísmo y con los Musulmanes; las visitas papales a la Sinagoga de Roma; los contactos con el Consejo Mundial de las Iglesias; los encuentros con los principales jefes religiosos en todas las visitas papales al exterior de Italia, la declaración luterano-católica y la Exhortación Apostólica de Juan Pablo II Ut unum Sint, una fuerte invitación hacia la unidad de los cristianos y a la colaboración con todas las otras confesiones religiosas, en primer lugar con el Hebraísmo y el Islam. A los miembros de esta confesión religiosa, la Santa Sede manda cada año un mensaje de saludo al final del Ramadán.

Quedaría aquí una grave laguna, si no hiciera referencia al Medio Oriente, una zona sensible del mundo desde hace siglos, y a la que la diplomacia de la Santa Sede ha dedicado tanta atención. Trato el tema dentro del capítulo del esfuerzo ecuménico, porque deseo hablar sobre todo de la cuestión de Jerusalén, lugar privilegiado de encuentro y de conflicto para los seguidores de las tres grandes religiones monoteístas que nacieron en esa área geográfica: judaísmo, cristianismo e islamismo.

Como en ninguna otra parte, el factor religioso (y más recientemente los intereses políticos y económicos) han sido fuente de conflictos, de guerras sangrientas vistas como guerras santas - como si la guerra pudiera ser alguna vez santa -, llámense luchas de conquista, cruzadas o guerras santas en nombre de supuestos ideales religiosos, que pretendieron a veces justificar aun lo injustificable o avasallador. Me llevaría demasiado lejos hacer un examen detallado de situaciones con tantas sombras y complejidad, en un tiempo de poco ilustradas ideas religiosas y de ausencia de conceptos claros sobre los derechos del hombre.

Las discusiones y cismas habían transformado la vida de la Iglesia, sobre todo tras la caída del Imperio de Oriente, y se abre una nueva etapa. Sigue una no fácil presencia eclesial en determinados lugares, al lado de repúblicas o países cristianos de Occidente, con sus representantes o a veces defensores ante la Sublime Puerta.

Después de un largo intervalo, la diplomacia de la Iglesia reaparece con nuevas formas en el momento en que las Naciones Unidas establecen su presencia en el área. Así, en 1948 se crea la Delegación Apostólica para la Palestina, que continúa hoy. En contacto con el mundo diplomático, ella sigue la cuestión de los Santos Lugares, aunque no tuviera carácter diplomático.

Cuando en 1967 es ocupada la parte árabe de Jerusalén, se crea un nuevo y difícil problema entre el mundo árabe e Israel. La Santa Sede, que desde hacía años había mostrado su punto de vista sobre la cuestión palestina, insiste en que se resuelva el conflicto mediante negociaciones equitativas y de acuerdo con los presupuestos morales que atañen a la situación, como son el derecho de los pueblos a la autodeterminación, a preservar su identidad, a ser iguales ante la ley o en la distribución de los recursos, a no ser discriminados por motivos étnicos o religiosos.

Entre tanto la Santa Sede mantiene la misma posición de la Comunidad internacional, que con la Resolución 478 del Consejo de Seguridad de la ONU declara nulos y sin valor la ocupación militar y la incorporación de aquellas tierras a una Jerusalén declarada unilateralmente capital de Israel. Los Embajadores eran invitados a abandonar Jerusalén y a establecerse en otro lugar.

Cuando la Santa Sede firma él "Fundamental Agreement" con Israel el 30 de diciembre 1993 y establece relaciones diplomáticas con el, se acepta el "status quo" de los Santos Lugares cristianos, una Nunciatura es abierta en Tel Aviv (1994), aunque continúa su misión la Delegación Apostólica en Jerusalén para toda la Palestina. Se nombra a la vez un Nuncio en Jordania y se abre la Oficina de la Organización para la Liberación de Palestina ante la Santa Sede (1995).

La Santa Sede había desplegado amplios esfuerzos para que la Ciudad disputada por dos pueblos (el árabe y el judío) y considerada sagrada por tres religiones, salvaguardara su carácter universal. Por ello la Santa Sede apoyó siempre la propuesta de internacionalización del territorio de Jerusalén, el "corpus separatum" señalado por la Resolución 181 de la Asamblea General de las Naciones Unidas - aceptada por Israel- del 29 de noviembre de 1947. Se veía en ello también un instrumento jurídico para evitar conflictos futuros.

Cuando los hechos posteriores demostraron que la internacionalización era prácticamente inalcanzable, los Papas y la diplomacia de la Santa Sede, sin entrar en la cuestión de la soberanía, continuaron insistiendo en la dimensión religiosa y en la preservación de la identidad de la ciudad mediante un instrumento jurídico internacional o un estatuto especial. La misma posición y reiterados esfuerzos han continuado después. Los documentos dedicados a ello, desde 1887 hasta hoy, son muchos y han sido publicados separadamente.(40) 

Dado que la ciudad es sagrada, porque comprende recuerdos tan entrañables para los judíos desde tiempos de David y Salomón, para los cristianos porque allí se desarrollaron los acontecimientos centrales de la vida de Cristo, y para los musulmanes porque tienen lugares sacros desde el principio del Islam y vivieron allí por espacio de más de 1.000 años casi ininterrumpidos, ese lugar es un verdadero "patrimonio de la humanidad", que lo considera sagrado igualmente, sin que pueda prevalecer el interés o aspiraciones de una u otra de las tres religiones.

Para la Santa Sede, Jerusalén es una realidad en su integridad y es universal por su sacralidad para las tres religiones. Por ello cree que deben ser garantizados sus aspectos históricos y materiales, sus características religiosas, la igualdad de derechos para las tres religiones en el contexto de su libertad religiosa, cultural, cívica y económica. Los Santos Lugares de la ciudad deben por ello ser preservados, junto con los derechos de libertad de religión y de culto, así como el libre acceso para residentes y peregrinos de dentro y fuera.

Por tanto no bastaría una simple extraterritorialidad para los Santos Lugares, con la seguridad de libre acceso a ellos, porque la identidad de la ciudad incluye un carácter sagrado que pertenece no sólo a los lugares, sino que abarca al conjunto, incluídos los derechos de las varias comunidades que allí viven y han construído el carácter especial de la ciudad con su vida y sus monumentos históricos sacros.

Los Acuerdos de Oslo entre israelíes y palestinos comprometen a una segunda fase, que incluye delicados aspectos del conjunto de la cuestión de Jerusalén. La Santa Sede mantiene su conocida posición, valora positivamente el compromiso adquirido por las partes de recurrir a negociaciones futuras –ya en curso– que deben ser un comienzo hasta lograr la solución final. La diplomacia eclesial creería oportuno ampliar la representación en la mesa negociadora, que se preserve desde luego la sacralidad y el carácter universal de la ciudad, con el apoyo de las tres religiones y algún tipo de presencia de la comunidad internacional.

Hay aspectos divisibles en toda negociación, pero no podría encontrarse solución política aceptable que no tenga en cuenta, en toda su extensión, las necesidades religiosas allí presentes. Es una exigencia de la historia y del derecho más elemental: el derecho a la libertad de religión y de conciencia, privada y colectivamente.

El Papa Juan Pablo II señalaba a los diplomáticos que no habría solución para el problema de los Santos Lugares, si éstos no estaban rodeados de comunidades judías, cristianas e islámicas conviviendo en plena libertad y desplegando todas sus actividades religiosas, educativas y sociales. Por ello concluía: "Confío en que la comunidad internacional ofrecerá a las partes políticas más directamente interesadas los instrumentos jurídicos y diplomáticos capaces de asegurar que Jerusalén, una y sagrada, pueda ser de veras una encrucijada de paz".(41)  Personalmente creo que el último viaje de Juan Pablo II a Tierra Santa –que quedará como uno de los momentos más altos de su Pontificado– ha sido una ocasión de acercamiento, de reconciliación y de paz entre pueblos y confesiones religiosas.

Paralelamente a este esfuerzo especial, que quiere ser creador de paz y entendimiento entre las tres grandes religiones monoteístas, hay muchas otras iniciativas y contactos ecuménicos a todos los niveles, entre ellos las relaciones frecuentes cultivadas por las Nunciaturas con las autoridades religiosas no católicas y miembros de las varias confesiones, o la defensa, cuando es posible, de miembros de sus jerarquías o fieles en situaciones difíciles.

Evidentemente, se han recorrido etapas importantes en el ecumenismo, pero queda un largo camino por hacer, para disipar recelos y acusaciones centenarias. Se va creando un clima nuevo, no sin avances y retrocesos, como se vio en la reunión ecuménica europea de Graz (Austria) del junio 1997. El triste legado dejado por el comunismo en varios aspectos no favorece esa actividad en ciertas zonas. Pero el compromiso decidido queda y debe intensificarse el esfuerzo de la Iglesia por estar a la cabeza del ecumenismo.

e) finalmente, la participación en las Organizaciones internacionales es uno de los medios importantes usados en su tarea diplomática por la Santa Sede, para hacer presente, también en ese vasto mundo, los principios y objetivos morales y humanistas que ella persigue, de acuerdo con su carácter propio.

Sin entrar en aspectos jurídico-teóricos sobre la presencia de la Santa Sede en ese campo (42), deseo precisar que la relación no se establece con el Estado de la Ciudad del Vaticano (43), sino entre la Santa Sede y la Comunidad internacional.

Es cierto que las primeras invitaciones de la Organización de las Naciones Unidas (44) se hicieron porque el Vaticano pertenecía a la Unión Postal Universal y a la Unión Internacional de Telecomunicaciones. Después de la primera imprecisión, el 16 y 29 de octubre de 1957, hubo un intercambio de Notas oficiales entre la Santa Sede y el Secretario General de la ONU, en las que se precisaba explícitamente que la relación se establecía con la Santa Sede. A este propósito el entonces Secretario General Dag Hammarskjold declaraba: "Cuando yo pido audiencia en el Vaticano, no voy a ver al Rey de la Ciudad del Vaticano, sino al jefe de la Iglesia Católica". (45)

Los objetivos por los que la Iglesia mantiene esa relación en campo internacional son siempre los mismos, es decir, los que están de acuerdo con su naturaleza y misión: favorecer la aplicación de los grandes principios religiosos, morales, culturales y humanitarios que promueven ha causa de la paz, de la justicia y solidaridad, creando un clima de respeto de los derechos del hombre y de los pueblos, desde una visión de humanismo integral. (46)

Con esos propósitos, en 1964 Pablo VI envió el primer Observador a Nueva York. En 1967 mandó otro a la oficina de las Naciones Unidas de Ginebra, y poco a poco a otros organismos o agencias especializadas: UNCTAD, UNDO, OIT, FAO, OMS, UNESCO, Refugiados,etc. A ellos hay que añadir el Observador Permanente ante la Organización de los Estados Americanos, y los representantes ante la AIEA y ante la OSCE. Cuando no hay Observadores propios, las Nunciaturas siguen las actividades de esas Organizaciones. Y la Secretaría de Estado coordina dicho trabajo, que se extiende asimismo a una parte del vastísimo sector de las Organizaciones internacionales no gubernativas. Hay que añadir una palabra sobre las Asociaciones internacionales católicas (47), que a veces tienen carácter consultivo o colaboran con Organizaciones no gubernativas de inspiración cristiana no católica, hebrea o islámica (como el Consejo Mundial de las Iglesias, el Consejo Islámico Mundial, etc.(48).

No voy a profundizar en ello, pero me parece necesaria una simple alusión a los contactos estrechos que la Santa Sede ha mantenido y mantiene con la Orden de Rodas, de S. Juan de Jerusalén o de Malta, hoy llamada Soberana Orden Militar de Malta. Los complejos acontecimientos históricos la llevaron a adquirir la soberanía que aún conserva, y que se manifiesta en la relación diplomática que mantiene con bastantes Países, y en los objetivos humanitarios que desarrolla en colaboración con Organizaciones internacionales que trabajan en esos sectores.

Baste también una simple alusión al encuentro tenido en el Vaticano el 9 y 10 de junio 1997, entre la Presidencia del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) y representantes del Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y Banco Interamericano para el Desarrollo, bajo la presidencia del Consejo Pontificio "Justicia y Paz". Allí se trató de los aspectos éticos y prácticos de la deuda del Tercer Mundo, sus causas y soluciones según la justicia social (49). Y no podría olvidar el encuentro del 5 del corriente mes entre el Papa y las delegaciones de políticos y responsable de la cosa pública con motivo del Jubileo del año 2000.

En el horizonte de las relaciones diplomáticas de la Santa Sede en campo internacional merecen especial atención sus contactos con los organismos de la Unión Europea.

Desde el principio, la Santa Sede ha alentado los esfuerzos hacia la unificación, a fin de superar las barreras provocadas por los enfrentamientos armados que han asolado a Europa por largo tiempo. Se quería con ello reforzar la conciencia de los vínculos que unen a los países del viejo continente y consolidar su presencia positiva en el mundo. Los últimos Papas han sido claros defensores de esa orientación, poniendo de relieve la vocación de Europa a partir de su cultura secular. Por ello, tras una fase de benévolo seguimiento del inicial proceso integrador, el 10 de noviembre de 1970 fue acreditado un Nuncio con plenos poderes ante las Comunidades Europeas en Bruselas. También se nombró un Enviado especial ante el Consejo de Europa en Estrasburgo y un Delegado ante el Consejo para la Cooperación Cultural, además de otro Representante Permanente ante la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en Viena (50).

No querría concluir este capítulo sin aludir a algo que tiene relación con nuestro tema como fruto de la colaboración entre la Nunciatura Apostólica en Bruselas y el Consejo para la Cooperación Cultural, bajo los auspicios del Consejo de Europa fue organizado en Lovaina en 1972 un Simposio dedicado al tema: La Religión en los textos escolares de historia en Europa. En él se quería analizar el influjo de la religión en la historia de la humanidad y cómo ella había sido propuesta en los textos de historia de las escuelas secundarias de Europa, a la vez que se deseaba hacer recomendaciones en esa materia que había sido causa de enfrentamientos en el pasado. Como se ve, a pesar de tener una orientación diversa, guarda un cierto paralelismo con nuestro tema. (51)

Dada su falta de actualidad, en esta conferencia sobre la diplomacia eclesial no quiero entrar en una forma complementaria o sustitutiva de la diplomacia, es decir, la relación consular, ejercida con mucha frecuencia por diplomáticos. Se recurrió a ella durante el tiempo de los Estados Pontificios, pero, con alguna rara excepción a causa de urgencias graves de guerra, no se usa hoy en nuestra diplomacia (52), aunque algunas pocas funciones sean ejercidas por las Nunciaturas.


6. Una diplomacia para la comunión, la paz y el servicio del hombre

Si el Concilio Vaticano I había sido un impulso para la acción de la diplomacia eclesial al subrayar la posición del Papa y su primado en la Iglesia, el Concilio Vaticano II supuso una obra de reforma y asentamiento, para colocarla en la perspectiva de colaboración en la misión pontificia, con los nuevos rasgos que el Concilio trazó en su visión de la Iglesia.

No faltaron críticas, se acentuó la colegialidad, el papel de las Iglesias locales y el de sus Pastores, se creó el Sínodo de los Obispos, se dio un fuerte impulso a la constitución de las Conferencias Episcopales, mientras la Iglesia era presentada en su prevalente elemento espiritual de Pueblo de Dios, y el principio de la libertad religiosa era proclamado con un nuevo vigor. Todo ello había de tener repercusiones jurídicas en los diversos campos de la labor eclesial. Fue un período de comprensible creatividad y reflexión en torno a esos diversos temas.(53)

Pero precisamente en esa nueva situación eclesial posconciliar menos centralizada aparece más fuerte que antes la necesidad del papel del Papa como principio de unidad para todas las Iglesias particulares. Y ahí cobra nuevo significado el Representante Pontificio y su labor, como vínculo entre el Papa y los Obispos, como promotor de unidad y Representante del Papa en medio a las comunidades cristianas, a la vez que sigue asegurando, en comunión con los Obispos, el contacto con los Estados y la Comunidad internacional.

Se crea así una diplomacia con mayor acento pastoral, y es normal ver a los Nuncios sintiéndose igualmente Pastores de la Iglesia cuando ejercen su misión espiritual que cuando usan su estatuto diplomático al servicio de la misma causa: el bien religioso - espiritual, la defensa de miembros de la Iglesia, el diálogo con las autoridades civiles y con el mundo internacional, la promoción de las grandes causas del respeto de los derechos humanos y de la dignidad de las personas o de los pueblos. Es la identidad de objetivos la que unifica su vida pastoral y diplomática.

Esa perspectiva es indudablemente favorecida por la desaparición de todo vestigio de poder temporal, ya que la pérdida de los Estados Pontificios ayuda a colocar la labor de la diplomacia eclesial en su propia esfera moral. El minúsculo Estado de la Ciudad del Vaticano es suficiente para ofrecer al Papa una base o garantía de independencia, sin que requiera una implicación en cuestiones temporales, comerciales o políticas. Por ello, y para hacer aun más clara su misión pastoral y moral, el Papa delegó en el Cardenal Secretario de Estado el ejercicio de las funciones soberanas en el Estado Ciudad del Vaticano que no son personales. Ello ha servido para reforzar la autoridad moral del Papa en el mundo y la obra de la Iglesia o de su diplomacia.

Esa posición de independencia y no alineamiento con un grupo u otro de Países ha permitido a la Santa Sede manifestar sus reservas, por motivos humanitarios, ante las sanciones internacionales impuestas a Irak tras la guerra del Golfo, a Yugoslavia o a Cuba, a causa de las cuales sufrían muchos inocentes. Como le permitió recientemente, contra los deseos de algunos, establecer relaciones diplomáticas con Libia, por motivos religiosos.

Tras el Concilio Vaticano II, Pablo VI publicó La Carta Apostólica Sollicitudo omnium Ecclesiarum (54) , en la que trazaba las nuevas líneas de la misión de los Representantes Pontificios. Con ligeras variantes tales disposiciones han quedado plasmadas en las normas del actual Código de Derecho Canónico del 1983.(55) 

De acuerdo con ellas, el Legado del Romano Pontífice le representa de modo estable, procura como función principal mantener la unidad entre la Sede Apostólica y las Iglesias particulares, informa sobre el estado de la Iglesia, mantiene contactos de colaboración con los Obispos y las Conferencias Episcopales, instruye el proceso para el nombramiento de Obispos, trata de promover iniciativas de paz, progreso y colaboración entre los pueblos, defiende todo lo relativo a la misión de la Iglesia y de la Santa Sede, y favorece las relaciones con otras Iglesias o con las religiones no cristianas.(56) 

En el aspecto diplomático los Nuncios promueven las buenas relaciones entre la Santa Sede y el Estado, tratan con éste las cuestiones referentes a las relaciones mutuas, en especial la negociación de Concordatos y otros acuerdos (57). Ahí tienen también su puesto una parte del esfuerzo de promoción de iniciativas de paz y cooperación entre los pueblos, y la labor ecuménica.

Vista la invitación contenida en el Código oficial de la Iglesia a promover iniciativas en favor de la paz, del progreso y colaboración entre los pueblos, desearía hacer ahora una breve alusión a algunos de los temas o aspectos principales en los que la diplomacia de la Santa Sede ha concentrado esa tarea en campo internacional en los años más recientes.

No cabe la menor duda de que el problema de la paz ha estado al centro de la actividad eclesial y de su diplomacia. Son conocidos los esfuerzos de Pío XII, de Juan XXIII, el autor de la "Pacem in terris", de Pablo VI, creador de la anual Jornada Mundial de la Paz, de Juan Pablo II, constante pregonero en todo el mundo de esa paz que deriva de un humanismo verdadero vivido a todos los niveles. La diplomacia eclesial, en especial desde la misión del Observador Permanente ante las Naciones Unidas, ha secundado siempre ese esfuerzo58, aun cuando tales esfuerzos no han sido comprendidos por todos.

En conexión con la construcción de la paz, muchas intervenciones han girado en torno a la guerra, los desastres que provoca, el absurdo de la carrera al armamento nuclear, y el desarme (59).

El problema del desarrollo ha ocupado otro puesto de honor en la actividad eclesial y diplomática, con especial acento en la necesidad de que sea integral y puesto al servicio de la dignidad de la persona humana. Ese desarrollo debe afrontar los problemas de un adecuado intercambio comercial y tecnológico entre Norte y Sur, el del hambre en el mundo actual, atacándola en las raíces del subdesarrollo cultural o del analfabetismo. Ahí está también el problema de la deuda del tercer mundo (60). Un tema puesto de actualidad en estos mismos días del año del Jubileo.

Un capítulo esencial que ha merecido especial interés es el de los derechos humanos y de los pueblos, su inviolabilidad , la necesidad de su absoluto respeto, incluído el respeto a la libertad religiosa y de conciencia (61).

Como últimos problemas que han ocupado la actividad diplomática de la Santa Sede estos años pasados señalo sólo el del medio ambiente (62), el de la población y el desarrollo (63), el de la situación de la mujer (64), el de los asentamientos humanos - Habitat II (65). Es de notar como dato de interés a nivel diplomático que, en la Conferencia de El Cairo, la Santa Sede no creyó oportuno dejar de firmar el Documento final, pero lo hizo señalando antes las reservas morales que tenia respecto de algunos puntos (66).

Y concluyo. He tratado de recoger algunos aspectos más importantes de la obra de la diplomacia de la Santa Sede, bien convencido de que no podía presentar aquí un cuadro completo. Sirva esta panorámica general para ofrecer algunos rasgos principales de una diplomacia que, por encima de los clichés de perfeccionismo o de maquiavelismo, desea cumplir con toda modestia, con aciertos y fallos humanos, una misión especial, inspirada en los grandes valores religiosos y morales, que promueven el entendimiento entre las religiones y entre los pueblos (67). Porque esa diplomacia no quiere olvidar que debe hacer obra concreta de paz en beneficio del hombre ya que ‘el hombre es el camino de la Iglesia" (68) .


Mons. Santos Abril y Castelló,
Nuncio Apostólico en la Argentina


Notas

(1)   Esta palabra la introdujo el Cardenal de Richelieu (1585-1642). El primero a usarla en inglés parece que fue Edmund Burke en 1796. I. Cardinale, The Holy See and the international order, Gerrards Cross, London 1976, p. 59.

(2)   D. Alvarez, The professionalization of the Papal Diplomatic Service, 1909-1967, in: TRISCO, R. The Catholic Historical Review, 75 (1989) 233-248; G. Audisio, Diplomazia Ecclesiastica, Roma 1864; G. Benelli, Validitá della diplomazia pontificia, in: La Civiltà Cattolica, 123 (1972, 11) 268-278; P. Brezzi, La Diplomazia Pontificia, Milano 1942; A. Canavero, La Diplomazia Vaticana e lo scoppio della II guerra mondiale, in: Vita e Pensiero, 72 (1989) 562-571; G.Caprile, La Diplomazia Pontificia e i suoi compiti, in: La Civiltà Cattolica, 123 (1972, II) 164-166; I. Cardinale, Le Saint-Siège et la Diplomatie. Apercu historique, iuridique et practique de la Diplomatie Pontificale, Paris-Tournai-Rome-New York 1962; F. Cavalli, Centocinque anni di diplomazia pontificia, in: La Civiltà Cattolica (1958.11) 502-507; Spiritualità di fini e di metodi della diplomazia pontificia, in: La Civiltà Cattolica 114 (1963, I) 131-144; P.Ciprotti, II Diritto Canonico nella Diplomazia Ecclesiastica, in: Jus populi Dei, miscellanea in honorem Raymundi Bidagor, 1 (1972) 167-195; A Dupuy, La Diplomatie du Saint Siège après le II e Concile du Vatican, le pontificat de Paul VI 1963- 1978, Paris 1980; M. Fernández Conde, La Diplomacia Pontificia, Madrid 1961; A Giobbio, Lezioni di Diplomazia Ecclesiastica, 1, Roma 1899; M Gorino-Causa, Diplomazia Pontificia, in: Novissimo Digesto Italiano, 5 (1960 ,Torino) 659-663; R. A. Graham, Vatican Diplomacy: a study on Church and State on the international plane, Princeton 1959; J. Hennesey, Papal Diplomacy and the Contemporary Church, in Thought, 46 (1971) 55-71; A.Martini, La diplomazia della Santa Sede e la Pontificia Accademia Ecclesiastica, in: La Civiltà Cattolica, 102 (1951-II) 372-386; G. Mucci, La diplomazia pontificia dopo il Concilio, in: La Civiltà Cattolica, 140 (1989-11) 535-546; G. Paro, The right of Papal Legation,, Washington 1947; G. Van den Brande, Il ruolo politico della diplomazia pontificia, in: Concilium 18 (1982 - VII) 67-75.

(3)   P. De Marca ( Balucio), De Concordia Sacerdotii et lmperii,Neapoli 1771, t.I1, Lib.V, cap III-XIV, pp.385-447; G. Paro, The right.. .,o.c., p. 1-58; M. Oliveri, Natura e funzioni dei Legati Pontifici nella storia e nel contesto ecclesiologico del Vaticano II, Ed. Vaticana, 1982, p 17; D.Stalta, Le Delegazioni Apostoliche, Roma-Parigi-Tournai-New York 1958, p.7, nota 17.

(4)   Migne, PL. t.54, Epist.XCIII, col 937; G. Paro, The right..., u.c.. p.51-54. L. de Echeverría, Funciones de los Legados del Romano Pontífice, in: Revista Española de Derecho Canónico, 1970, vol.24, n.72. p.589.

(5)   L. de Echeverría, Funciones...,o.c., p. 589; Migne, PL., t.50, Epist.XIX. CoI.51 1-512

(6)  G. Paro, The right...,o.c., p.54-ss; Migne, PL 1.50, Epist XI, col. 463; ivi. Epist.X.LII, vol. 483; ivi, t.54, Epist XXIX, cal 783; De Marca, De Concordia. . .,o.c., lib.V, cap III, pp. 396400; M. Oliveri, Natura e... o.c, pp 17-23.

(7)   M. Oliveri, Natura e... o.c., p 17, nota 2

(8)   I. Cardinale, The Holy See.. .,o c p 63, G. Paro, The right o.c., p.64-74; M. Oliveri, Natura e.. o.c. p244

(9)  De Marca, De Concordia ac., lib.V, cap.XX, pp.462-472; I . Duchesne, Eglises séparées. Paris 1896. pp. 229 ss.

(10) Migne, PL, t. 119, Epist. IV, cal. 779; M. Oliveri, Natura e o.c., p.25-27; I. Cardinale, The Holy see...o.c., p.63.

(11) Migne, PL, t.58, Epist.I, col.35; ivi, 1.63, Epist. XXVI, cal. 426; ivi, 1.84. col.47ss.; M. Oliveri, Natura e...,o.c., p. 52-54; B.N. Udaigwe, The office of the Papal Legate according to c. 363, par. 1, Roma 1994, p.65.

(12) I. Cardinale, The Holy See. ,oc., p.63

(13) I. Cardinale, The Holy See. ,oc., p.63

(14) M. Oliveri, Natura e o.c, p 5444; B.N. Udaigwe. The office...,o.c.. p. 65 S.

(15) L.Chevalier-J.C. Genin, Recherches sur les Aprocrisaires. Contribution à l’histoire de la représentation pontificale (V-VLll e s,) in: Studi in onore di Giuseppe Grasso, Torino 1970, III, pp. 359-461; (Ve: VIIIè s.) De Marca, De Concordia ...,o.c, LibV, cap XVI-XVIII, pp. 451-461; Pargoire, Apocrisaire, in: Dictionnaire d’Archéologie chrétienne et de Liturgie, 1924, Col.2537; G. Paro, The right....o.c., p. 72; B.N. Udaigwe, The office...,o.c.. p. 66; I. Cardinale, The Holy See ,o c., p 6344; M. Oliveri, Natura e...o.c., pp. 65-90.

(16) Estos parece que también fueron a veces, no siempre, "apocrisari apostolicae sedis in istis regionibus" Migne, PL., t.124, Epist. I, col. 861s.; Pargoire, Apocrisaire, o.c., col. 2553.

(17) Chevalier-Genin, Recherches. , a c., p.408, 418 - 425; M. Oliveri, Natura e...o.c, p.80- 86.

(18) Migne, PL, t.54, coi.1579s; ivi, Epist XXXII, col. 795s. Para ver los contactos con Carlos el Calvo y con el emperador Ludovico II, cf. Migne, Epist XXVIII. ccl. 799 y Epist. XIX, cal. 799 s.

(19) I. Cardinale, The Holy See... ,o c., p 66.

(20) H. Biaudet, Les Nonciatures apostoliques permanentes jusqu’en 1648. Helsinki 1910, p. l4s.; P. Richard,Les origines des Nunciatures permanentes (1450 - 1530) in: Revue d ‘Histoire Ecclesiastique, VII (1906)52-70; 317-338; G.Paro, The right....o.c.. p. III- 127.

(21) H. Biaudet, Les Nunciatures...,o.c., p. 21.

(22) ivi, p.41; D.Staffa, Le Delegazioni,... o. c.. p.28, nota 103; L. Pastor, Storia dei Papi, Roma 1925, vol. 9, pp 46-50 El primer Nuncio en cuanto a las atribuciones recibidas puede ser D. Francisco de Prats, Protonotario y luego Cardenal, enviado a España por Alejandro VI, con todas las atribuciones pero no se decía explícitamente que su nombramiento tenía carácter permanente. Sus funciones eran sobre todo seculares. Sí tenía los rasgos propios del cargo de un Nuncio el mandado a Venecia en 1500 por Alejandro VI. I. Cardinale, The Holy See..., o.c., p.68.

(23) H. Biaudet, Les Nunciatures.. .,o.c., p. 22-23.

(24) Cf. A. Cauchie- R. Maere, Recueil des Instructions generales aux Nonces de Flandre (1596 - 1635). Bruxelles 1904. Dichas normas se aplicaban en otros países también.

(25) A ellos contesta la "Responsio super Nunciaturis de Pio VI, en 1789. cf. R.A. Graham, Vatican Diplomacy...,o.c., pp.222- 246; G. Paro, The right. ..,o.c., pp. 159ss. La discusión suscitada servirá para que se aclare el concepto de la Iglesia como sociedad no sólo espiritual. sino visible, con poder supremo en su campo, no sometida en ello al poder civil y con derecho de legación. cf. también G.B. Montini, Responsio super Nunciaturis di Pio VI, Roma 1936-1937.

(26) R. A. Graham, Vatican Diplomacy.. ,o.c., pp.164-172; I. Rinieri, Corrispondenza inedita dei Cardinali Consalvi e Pacca nel tempo del Congresso di Vienna (1814-1815), documentos del archivo secreto vaticano, Torino, 1903; M. Oliveri, Natura e...,O.C., p.133-135; A. Maresca Teoria e tecnica del Diritto Diplomatico, Giuffré, Milano 1986, p.128 nota 3; cf. Reglamento anexo al Acta final del Congreso de Viena del 9 de junio 1815, art. IV.

(27) No puedo entrar en la exposición de cada uno de esos puntos a los que se han dedicado tantos estudios y sobre los que hay una extensa bibliografía de origen eclesiástico y civil. Basten a modo de ejemplo estas breves referencias: "II piú antico soggetto di diritto diplomatico -quello che già esisteva nella titolarità e nell’ assiduo esercizio di tutte le capacità giuridico-diplomatiche, quando gli Stati piú potenti, che oggi occupano e dominano la scena politica, ancora non si erano affaciati alla storia- è la Santa Sede" (A.Maresca, Teoria e tecnica o. c., p. 128. (Habría que precisar algún concepto). Aunque el reconocimiento de la personalidad jurídica de la Iglesia y de la Santa Sede es amplísimo, como veremos, el mundo internacional reconoce explícitamente a la Santa Sede e implícitamente a la Iglesia. G. Lajolo, I Concordati moderni. La natura giuridica internazionale dei concordati alla luce di recente prassi diplomatica, Brescia1968. p.141.

(28) J.M. Castaño, Nueva perspectiva de la Iglesia como sujeto de Personalidad Internacional", in: Angelicum. 47 (1970) 2, pp. 137-175, M. Oliveri, Natura e...,o.c., pp.231-250; B.N. Udaigwe, The office...,o.c.. pp.163-207.

(29) Pablo VI, Alocución al Cuerpo Diplomático, in: L ‘Osservatore Romano 12-13 enero 1970. Idéntica idea era desarrollada por un calificado testigo y buen conocedor de La Santa Sede, el Cardenal G. Benelli, Validitá della Diplomazia Pontificia, Conferencia en la sede de "Approdo Romano", in: La Civiltà Cattolica 123 (1972, II) pp. 268-278. cf. También su Alocución al Cuerpo Diplomático, 14 febrero 1972. Un texto de particular claridad en ese punto.

(30) Juan Pablo II, Primer discurso a los alumnos de la P.A.E., in L ‘Osservatore Romano 18 marzo 1979 G.B. Montini, La Pontificia Accademia Ecclesiastica, 1701-1951, tip. Vaticana 1951; G. Montalvo: Conferencia en el "Circolo Romano" de Roma, 26 junio 1996. El autor fue Presidente de dicha Academia. M. Flick, La Pontificia Accademia Ecclesiastica nel rinnovamento conciliare, in: La Civiltá Cattolica 119 (1968. 1) p.526-534.

(31) cf. A. Maresca, Teoria e...,o.c., C.XXII, Le forme tipiche della diplomazia , p. 236-237.

(32) cf. Annuario Pontificio 2000, pp.1399-1430. Todas las Nunciaturas están ahora dirigidas por Nuncios, dado que desaparecieron los Internuncios y no se nombran ya Pro-Nuncios, nombre que no parecía a muchos el más adecuado.

(33) Cf. Annuario Pontificio 2000, pp. 1431-1457.

(34) Mediación en la guerra franco-prusiana (1870), arbitraje entre Alemania y España sobre las Islas Carolinas (1885), intervención en la controversia entre Inglaterra y Portugal sobre fronteras del Congo (1890), arbitraje entre Perú y Ecuador sobre fronteras (1893), mediación propuesta par Inglaterra y Venezuela sobre las fronteras de la Guayana (1894), arbitraje en el conflicto fronterizo entre Haiti y la República Dominicana (1895), llamada del Papa al Emperador Menelik de Etíopia sobre los prisioneros italianos de guerra (1896), intervención papal para evitar la guerra entre España y EE.UU par la cuestión de Cuba (1898), arbitraje en la disputa argentino-chilena sobre fronteras (1900-1903), acuerdo entre Colombia y Perú para someter a arbitraje papal sus disputas internas (1905), arbitraje entre Colombia y Ecuador sobre fronteras (1906 ), arbitraje sobre posesión de depósitos de oro en la disputa entre Brasil y Bolivia y entre Brasil v Perú (1909-1910), arbitraje ofrecido a Argentina, Brasil y Chile (1914), mediación en la disputa chileno-argentina sobre el canal de Beagle (1978-1984). cf I. Cardinale, The Holy See... ,o.c., p.89 nota 26; Juan Pablo II, Discurso a la Curia Romana, 22 dicembre 1978. La declaración conjunta de paz chileno-argentina es firmada en el Vaticano el 23 enero 1984

(35) G. Benelli, Validità.. .,o.c., p.278; Alocución al Cuerpo Diplomatico, 14 febrerol972. p.8.;A. Casaroli, AIocución aI Club diplomático en Ginevra, 21 febrero 1989, p.4

(36) cf. Actas de la Semana sobre La institución concordataria en la actualidad, Salamanca 1971; G.Lajolo, I Concordati moderni.,o.c.; H. Wagnon, Concordats et Droit international,. Gernbloux 1935; S. Corral y otros, Concordatos vigentes, I y II, Madrid 1981; A. de Jong, Concordats and International Law, in: Concilium 6, (1970, VII), pp. 104-112.

(37) En Alsacia-Lorena y en Alemania con algunos "lander". El Concordato con Italia fue modificado profundamente el 18 de febrero de 1984.

(38) S. Abril, Los Acuerdos de la Santa Sede con Países de minoría no católica, en: La institución concordataria en la actualidad. Salamanca 1971, pp.373-383. Sobre esos Acuerdos el Cardenal Agostino Casaroli, que dedicó a la llamada "Ost Politik’ muchos esfuerzos previsores, observaba con precisión: "Il s’ agit d’ ententes "de facto" mais certaines d’ entre elles sont formalisées par des instruments diplomatiques de natures différentes et inédites". cf Alocuc ión al Club diplomático. Ginevra 21 febrero 1989. p.6.; cf. También: M. Barkat, Church-State relations in an ideological islamic state, in: Church and .State. Opening a new ecumenical discussion (World council of churches), Geneva 1978.

(39) En la declaración anglicano- católica firmada por Pablo VI y el Arzobispo de Canterbury, Ramsey, en 1966 se afirma oportunamente que la marcha hacia la unidad favorecerá la paz en el mundo: Attività della Santa Sede, 1966, p. 187; Juan Pablo II, Redemptoris Mater, 55-57; Tertio MilIenio adveniente, 52-53: Consejo Pontificio para el Diálogo Interrreligioso y Congregación para la Evangelización de los Pueblos: Diálogo y Anuncio; Comisión Teológica Internacional, El cristianismo y las religiones, ed. Vaticana. Ciudad del Vaticano 1997.

(40) E. Farhat, Jerusalem in Papal Documents from 1887 to 1984, Rome 1987. A ellos habrá que añadir otros. Me limito a señalar el Discurso de Juan Pablo 11 al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, del 13 de enero 1996; cf. G.E.Irani, Santa Sede e Medio Oriente. II ruolo del Papato nella controversia arabo-israeliana 1962-1988. Milano 1990.

(41) Discurso al Cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, 13 de enero 1996.

(42) Cf. Bachelet y otros, La Chiesa e il mondo contemporaneo, Costituzione Pastorale "Gaudium et Spes" Roma, 1966; J.F. Castaño, La Iglesia ante la sociedad politica, in: Angelicum 43 (1966) 21-56; J.A. Coriden, Diplomatic recognition of the Holy See, in: The Jurist 48 (1988) 483-498; E. Gallina, Le Organizzazioni internazionali e la Chiesa Cattolica, Roma 1967; J. Krukowski, The juridical personality of the Church in relation to the State, in: Studia Canonica, 14 (1980) 377-389; J. Puente, La presencia de la Iglesia en las relaciones internacionales, in: Iglesia viva, 22 (1969) 357-371; G. Rulli, La Santa Sede e l’ONU, in: La Civiltà Cattolica, 140 (1989- III) 154-158.

(43) G.W. Schulz, Lo Stato della Città del Vaticano e la Santa Sede: alcune rifiessioni intorno al loro rapporto giuridico, in: Apollinaris, 51(1978) 661-674; el Card. Benelli escribía que el poder temporal representado por el Estado del Vaticano "é del tutto ignorato dalla diplomazia pontificia", Validitá...o .C. p 26

(44) Sobre la Sociedad de las Naciones la Santa Sede tenía sus reservas. Por ello no mantuvo relaciones oficiales, aunque sí contactos indirectos a través de una organización católica. Italia no deseaba que se establecieran relaciones normales debido a la situación pendiente con la Santa Sede.

(45) I. Cardinale, The Holy See...o . c., p.256, nota 33; 231.

(46) Los Papas han hablado frecuentemente de ello. Durante las visitas al Vaticano de Secretarios Generales de la ONU, en la Encíclica "Pacem in Terris" de Juan XXIII (Discorsi, Messaggi, ecc. Vol. V. p.558); en las visitas a la ONU de Pab1oVI el l4 de Octubre de 1965 y de Juan Pablo II el 2 de octubre de l979 y el l5 de octubre de 1995; cf. J.L. Tauran, La doctrine pontificale des relations internationales d’après les discours du Pape Jean-Paul II au Corps diplomatique, in: Le Saint Siège dans les relations internationales, bajo la dirección de J. B. d’Onofrio, Le Cerf, Paris 1989, pp.73-85.

(47) Estas no representan a la Santa Sede. Actúan como miembros de la comunidad católica y forman parte de la Conferencia de Presidentes de Organizaciones Internacionales Católicas, registrada de acuerdo con la ley suiza en 1953. En una línea semejante de esfuerzo pacificador que no es de la Santa Sede, sino autónomo, se sitúan otras iniciativas de entidades católicas, como la Comunidad de S. Egidio de Roma.

(48) cf. G. dalla Torre, Organizzazioni Internazionali Religiose, in: Enciclopedia di Diritto 31 (198 1-Milano) 427434; H. de Riedmatten, The part played by the Holy See in International Organizations, in: Concilium, 6(1970 - VIII) 74-93; P.V. Pinto, Rilevanza giuridica della Chiesa Cattolica e del Consiglio Ecumenico di Ginevra nell’ordinamento internazionale, in: Apollinaris 46 (1973) 180-207; 495-527.

(49) cf. Comunicado de la Sala de Prensa de la Santa Sede, 11 junio 1997.

(50) Anmuario Pontificio 2000, pp.1424-1427

(51) I. Cardinale, The Holy See...o.c.. p. 263 nota 39.

(52) Cf sobre ello A. Maresca, Le relazioni consolari, Milano 1966; I. Cardinale, The Holy See...o.c.. pp. 275-288; Convención sobre relaciones consulares, Viena 1963.

(53) Señalo sólo algunos estudios: M. Adamczyk, Ufficio dei Legati Pontifici come strumento di comunione tra il Romano Pontefice ed i Vescovi, alIa luce della legislazione attuale, Roma 1993; A. Anton, Unità e diversità nella Chiesa secondo il Vaticano II, in: La Civiltà Cattolica 120 (1969-LV) 23-35; V. Bachelet y otros. La Chiesa e il mondo contemporaneo - Costituzione Pastorale "Gaudium et Spes, Roma 1966. P. Braida, L’ ufficio dei Rappresentanti del Romano Pontefice, in: Apollinaris, 52 (1979) 175-199; M. Cabreros de Anta, Las relaciones de los Legados Pontificios con los Obispos, in: Salmanticenses, XVII 2 (1970) 419423; Y. Congar, Sinodo, Primato e Collegialità Episcopale, in Fagiolo V. y Concetti G., La Collegialità episcopale per il futuro della Chiesa. Firenze 1969; H. de Lubach, Les Eglises particulières dans I ‘Eglise Universelle, Paris 1971; I. Gordon, De Curia Romana renovata, in: Periodica de re morali, canonica et liturgica, 58 (1969) 97-100; G. Lajolo, Funzione ecclesiale delle Rappresentanze Pontificie, in: La Scuola Cattolica, 97 (1969) 205-231; G. Mucci, La diplomazia pontificia dopo il Concilio, in: La Civiltà Cattolica. 140 (1987-1) 535-546; J.C Murray, La Déclaration sur la Liberté Religieuse, in: Nouvelle Revue Theologique, 88 (1966) 41-67; A. Talamanca, I Rappresentanti Pontifici nella nuova normativa canonistica, in: W.Schulz y G. Feliciani: Vitam impendere vero. Studi in onore di Pio Ciprotti, Roma 1986, pp.277-295.

(54) del 24 junio 1969

(55) Cánones 362-367. cf. R. Austin, The particular Church and universal Church in the 1983 Code of Canon Law, in: Studia Canonica, 22 (1988) 3 39-357; D. le Tourneau, Les Légats Pontificaux dans le Code de 1983, vingt ans après la constitution (sic) apostolique "Sollicitudo Omnium Ecclesiarun, in: Année canonique, 32 (1989) 229-260; B.N. Udaiwe, The office..., o.c.. Roma 1994.

(56) Canon 364

(57) Canon 365

(58) Ante la imposibilidad de recoger en este trabajo un material tan vasto, me limito a señalar el resumen documental recogido en la obra: Paths to Peace. A contribución. Documents of the Holy See to the International Community. The Permanent Observer Mission of the HoIy See to the United Nations. New York 1987, pp.612-614.

(59) Paths to peace..., o .c., pp.538-539; 570-571; 652-653.

(60) Paths to peace..., o. c., pp. 566-567:609; 593-594; 563.

(61) Paths to peace...,o.c. pp. 628-630 585-586. Ahí se coloca en especial la participación de la Santa Sede en la Conferencia de Helsinki, cf Documento de clausura. Viena 1989, Documento sobre la dimension humana de la CSCE. Copenhagen 1990.

(62) Paths to peace o.c., pp.52 cf Aide-memoire a la Conferencia de Río de Janeiro, 14 junio 1992. Posición de la Santa Sede; Declaración del Observador de la Santa Sede, 6 noviembre 1992, in: L ‘Osservatore Romano del 9.11. 1992.

(63) cf. Intervención del Jefe de la Delegación de la Santa Sede en la Conferencia de El Cairo (5-13 septiembre 1994) in: L ‘Osservatore Romano, ed. semanal en inglés, 14.9.1994; R. Martino, Dal Cairo ad Istambul: la demografia nelle Conferenze delle Nazioni Unite, in: Familia et Vita, 1 (1997) pp.74-82; Paths to peace...o.c., pp. 618-619; Conferencia Beijing +5, etc.

(64) Mensaje de Juan Pablo II a la Conferencia de Pekín (septiembre 1995), in: L ‘Osservatore Romano. ed. semanal en inglés, 9.3.1995; Paths to peace....o.c., pp.654-655.

(65) cf Declaración oficial del Jefe de la Delegación Pontificia a la Conferencia de Estambul (3-14 Junio 1996) in: L’ Osservatore Romano, ed. semanal en inglés, 20.6.1996; Paths to peace... ,o.c. p. 577.

(66) L ‘Osservatore Romano, ed. en inglés, 14.9.1997, p.7.

(67) G. Lajolo, Funzione.... o.c., pp.205-231.

(68) Redemptor hominis, A.A.S. LXXI (1979) 285.


Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2293, del 29 de noviembre de 2000


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