Los Obispos de la Región NOA, reunidos en Jujuy, en
el año Jubilar, coincidiendo con el histórico viaje apostólico de Juan Pablo II a
Tierra Santa, nos sentimos espiritualmente unidos a esta peregrinación a las fuentes de
la fe y los inicios de la predicación apostólica.
En un clima fraterno hemos compartido dificultades y
logros, debilidades y fortalezas, desalientos y esperanzas que queremos comunicar, con el
deseo de promover rectificaciones y cambios, que para nosotros los cristianos significan
un camino de conversión y penitencia: «Conviértanse y crean en el Evangelio»
(Mc. 1, 15)
1. Realidad
socio-económica
Constatamos el severo contraste de la riqueza
potencial de la tierra frente a la pobreza de nuestra gente, con amplias zonas sin
industrias o industrias devastadas, con consecuencias sociales graves, como el desempleo y
la migración de pobladores. Esta realidad se intenta paliar con planes de trabajo y
ayudas, que terminan siendo dádivas y ámbitos de corrupción, que comprometen a la gente
más noble y sencilla.
Como pastores de la Iglesia opinamos modestamente
que la realidad del MERCOSUR, que se presenta como la solución de tantos problemas,
pareciera ser en esta zona del noroeste argentino una causa de postergación aún mayor, y
convierte a la región en un corredor de la riqueza ajena.
En este marco de necesidad, puntualizamos una vez
más el problema sanitario de nuestra región que padece falencias desde la prevención
hasta la curación, entre las cuales destacamos: el desabastecimiento de medicamentos,
reactivos y vacunas, el aumento de profesionales desalentados, de hospitales precarizados
con una franja importante de población, especialmente los ancianos sin ninguna
posibilidad de ayuda comunitaria, y una insuficiente educación sanitaria.
Valoramos el esfuerzo de los agentes sanitarios y
voluntarios que con su esfuerzo tratan de superar esta situación, y no siempre tienen el
reconocimiento merecido.
Respecto al ámbito educativo: notamos que la
reforma educativa no siempre ha tenido en cuenta situaciones locales. Ha desmontado
servicios educativos que eran eficientes para la zona, sin ofrecer alternativas similares
que los sustituyan, lo que provoca una marginalidad nueva en los adolescentes y jóvenes.
El ajuste y reordenamiento de las finanzas
provinciales no debe llevar a un achique de los presupuestos educativos ni de los salarios
docentes, que en muchos casos podría tener hasta visos de ilegalidad. Destacamos con
alegría el inicio de las clases en varias de nuestras jurisdicciones y reconocemos y
alentamos la buena voluntad de directivos y docentes.
2. Instituciones
políticas
Nuestro modesto análisis nos permite opinar que la
situación económico-social tiene un fuerte condicionante en la debilidad institucional
de los gobiernos provinciales por estas falencias:
a) Un personalismo exagerado, con partidos
políticos que no son escuela de educación cívica y promoción de jóvenes dirigentes
con vocación de servicio al bien común, sino de servicio personal o sectorial. b)
Nuestros cuerpos legislativos (provinciales y municipales) no siempre son foros de
discusión de proyectos que hagan al bien común, sino lugar de trueque de intereses
personales, partidarios o corporativos. c) Recogemos un estado de ánimo en la gente que
juzga que el poder judicial es ineficiente, lento, dependiente de otros poderes y que no
garantiza una confiable administración de la justicia.
Estas deficiencias no nos hacen dudar del sistema
democrático como tal. Ratificamos su valor como lo hizo en su momento el Episcopado
argentino en el documento «Iglesia y Comunidad Nacional». Este sistema político
y su división de poderes, se basa en la igualdad, en el encuentro y la participación
mediante el diálogo, que supone escucha, exige rectificación y busca consenso para la
realización de la justicia.
3. La Iglesia
En esta reflexión no podía faltar el examen de
conciencia sobre nuestra responsabilidad de pastores y de cada católico respecto de la
situación que vivimos. En un pueblo de bautizados con una fuerte raigambre religiosa, nos
proponemos insistir pastoralmente sobre:
a) Una catequesis que nos lleve a la coherencia
entre verdad y vida y que forme un laicado y una dirigencia que no separe el compromiso
temporal del Evangelio. b) Una educación católica en todos sus niveles (colegios,
profesorados y universidades) que lleve a conformar hábitos sociales que configuren a la
persona con los valores cristianos. c) Una predicación que vaya acompañada del
testimonio y entusiasme con las exigencias del amor cristiano. d) Una actitud de
sensibilidad y de solidaridad para dar una respuesta a los pobres, débiles y sufrientes.
Desde ya reconocemos el testimonio de tantos
sacerdotes, consagrados y consagradas, agentes de pastoral y voluntarios que con su
trabajo cotidiano, esfuerzo y actitudes evangélicas de servicio, acompañan a paliar la
situación actual y contribuyen a construir el Reino de Dios. Gracias a ellos fue y es
posible atender en este momento a los hermanos que padecen la tragedia de la desastrosa
inundación en nuestra región.
«Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor
Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos reconforta en
todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos dar a los que sufren el mismo
consuelo que recibimos de Dios». (2 Cor. 1, 3-4)
Que María, fuente de todo consuelo y firme
esperanza del pueblo de Dios que peregrina, nos acompañe en este momento.
San Salvador de Jujuy, 23 de marzo de 2000.
Firman: Arzobispos: Mario
Cargnello, de Salta y
Héctor Luis Villalba, de Tucumán; obispos Bernardo Witte, de Concepción; Antonio
Baseotto, de Añatuya; Juan Carlos Maccarone, de Santiago del Estero; Elmar Osmar
Miani,
de Catamarca; Cipriano García Fernández, de Cafayate; Jorge Lugones, de Orán; Pedro
Olmedo, de Humahuaca; y Marcelo Palentini, de Jujuy.