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Carta a los cristianos del NOA


Documento de los diez obispos del Noroeste Argentino (NOA), 
dado el 23 de marzo de 2000, al término de su habitual reunión anual,
celebrada este año en Jujuy


«En cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica,
acompañada de acción de gracias para presentar sus peticiones a Dios».


Los Obispos de la Región NOA, reunidos en Jujuy, en el año Jubilar, coincidiendo con el histórico viaje apostólico de Juan Pablo II a Tierra Santa, nos sentimos espiritualmente unidos a esta peregrinación a las fuentes de la fe y los inicios de la predicación apostólica.

En un clima fraterno hemos compartido dificultades y logros, debilidades y fortalezas, desalientos y esperanzas que queremos comunicar, con el deseo de promover rectificaciones y cambios, que para nosotros los cristianos significan un camino de conversión y penitencia: «Conviértanse y crean en el Evangelio» (Mc. 1, 15)


1. Realidad socio-económica

Constatamos el severo contraste de la riqueza potencial de la tierra frente a la pobreza de nuestra gente, con amplias zonas sin industrias o industrias devastadas, con consecuencias sociales graves, como el desempleo y la migración de pobladores. Esta realidad se intenta paliar con planes de trabajo y ayudas, que terminan siendo dádivas y ámbitos de corrupción, que comprometen a la gente más noble y sencilla.

Como pastores de la Iglesia opinamos modestamente que la realidad del MERCOSUR, que se presenta como la solución de tantos problemas, pareciera ser en esta zona del noroeste argentino una causa de postergación aún mayor, y convierte a la región en un corredor de la riqueza ajena.

En este marco de necesidad, puntualizamos una vez más el problema sanitario de nuestra región que padece falencias desde la prevención hasta la curación, entre las cuales destacamos: el desabastecimiento de medicamentos, reactivos y vacunas, el aumento de profesionales desalentados, de hospitales precarizados con una franja importante de población, especialmente los ancianos sin ninguna posibilidad de ayuda comunitaria, y una insuficiente educación sanitaria.

Valoramos el esfuerzo de los agentes sanitarios y voluntarios que con su esfuerzo tratan de superar esta situación, y no siempre tienen el reconocimiento merecido.

Respecto al ámbito educativo: notamos que la reforma educativa no siempre ha tenido en cuenta situaciones locales. Ha desmontado servicios educativos que eran eficientes para la zona, sin ofrecer alternativas similares que los sustituyan, lo que provoca una marginalidad nueva en los adolescentes y jóvenes.

El ajuste y reordenamiento de las finanzas provinciales no debe llevar a un achique de los presupuestos educativos ni de los salarios docentes, que en muchos casos podría tener hasta visos de ilegalidad. Destacamos con alegría el inicio de las clases en varias de nuestras jurisdicciones y reconocemos y alentamos la buena voluntad de directivos y docentes.


2. Instituciones políticas

Nuestro modesto análisis nos permite opinar que la situación económico-social tiene un fuerte condicionante en la debilidad institucional de los gobiernos provinciales por estas falencias:

a) Un personalismo exagerado, con partidos políticos que no son escuela de educación cívica y promoción de jóvenes dirigentes con vocación de servicio al bien común, sino de servicio personal o sectorial. b) Nuestros cuerpos legislativos (provinciales y municipales) no siempre son foros de discusión de proyectos que hagan al bien común, sino lugar de trueque de intereses personales, partidarios o corporativos. c) Recogemos un estado de ánimo en la gente que juzga que el poder judicial es ineficiente, lento, dependiente de otros poderes y que no garantiza una confiable administración de la justicia.

Estas deficiencias no nos hacen dudar del sistema democrático como tal. Ratificamos su valor como lo hizo en su momento el Episcopado argentino en el documento «Iglesia y Comunidad Nacional». Este sistema político y su división de poderes, se basa en la igualdad, en el encuentro y la participación mediante el diálogo, que supone escucha, exige rectificación y busca consenso para la realización de la justicia.


3. La Iglesia

En esta reflexión no podía faltar el examen de conciencia sobre nuestra responsabilidad de pastores y de cada católico respecto de la situación que vivimos. En un pueblo de bautizados con una fuerte raigambre religiosa, nos proponemos insistir pastoralmente sobre:

a) Una catequesis que nos lleve a la coherencia entre verdad y vida y que forme un laicado y una dirigencia que no separe el compromiso temporal del Evangelio. b) Una educación católica en todos sus niveles (colegios, profesorados y universidades) que lleve a conformar hábitos sociales que configuren a la persona con los valores cristianos. c) Una predicación que vaya acompañada del testimonio y entusiasme con las exigencias del amor cristiano. d) Una actitud de sensibilidad y de solidaridad para dar una respuesta a los pobres, débiles y sufrientes.

Desde ya reconocemos el testimonio de tantos sacerdotes, consagrados y consagradas, agentes de pastoral y voluntarios que con su trabajo cotidiano, esfuerzo y actitudes evangélicas de servicio, acompañan a paliar la situación actual y contribuyen a construir el Reino de Dios. Gracias a ellos fue y es posible atender en este momento a los hermanos que padecen la tragedia de la desastrosa inundación en nuestra región.

«Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos reconforta en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos dar a los que sufren el mismo consuelo que recibimos de Dios». (2 Cor. 1, 3-4)

Que María, fuente de todo consuelo y firme esperanza del pueblo de Dios que peregrina, nos acompañe en este momento.


San Salvador de Jujuy, 23 de marzo de 2000.

Firman: Arzobispos: Mario Cargnello, de Salta y Héctor Luis Villalba, de Tucumán; obispos Bernardo Witte, de Concepción; Antonio Baseotto, de Añatuya; Juan Carlos Maccarone, de Santiago del Estero; Elmar Osmar Miani, de Catamarca; Cipriano García Fernández, de Cafayate; Jorge Lugones, de Orán; Pedro Olmedo, de Humahuaca; y Marcelo Palentini, de Jujuy.


Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2262, del 26 de abril de 2000


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