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LOS "NUEVOS DERECHOS"
IGNORAN EL DERECHO A LA VIDA
Mensaje del arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer con motivo
de la celebración del Día del Niño por Nacer (25 de marzo de 2004)
Nuestro calendario ha multiplicado los aniversarios, las
conmemoraciones y los “días”: oficios, profesiones, situaciones y
estados de vida, realidades espirituales y materiales cuentan con el
suyo, con un día destinado a reconocer y enaltecer su significado y
valor. La celebración de cada uno de ellos queda, por lo general,
limitada al gremio, grupo, sector de la sociedad o ámbito de interés
correspondiente.
El 25 de marzo,
Día del niño por nacer, incumbe con propiedad a toda mujer y
a todo hombre, porque ha sido instituido para recordar y afirmar el
derecho a la vida de aquellos, los más pequeños e indefensos, que
van siendo plasmados en el seno de sus madres. Se los suele llamar,
por lo tanto, “nascituros” (latinismo que significa “los que van a
nacer”).
Resulta asombroso
que en nombre de otros derechos, de presuntos nuevos derechos, se
pretenda desconocer el derecho fundamental a la vida del niño por
nacer. Éste es el primero de los derechos humanos, cuya negación
conlleva la caída de todos los otros.
En la Argentina
de hoy se lo desconoce en nombre de los derechos sexuales y
reproductivos de la mujer, uno de los “nuevos derechos” promovidos
por las organizaciones feministas. Se dice, por ejemplo, que “la
mujer tiene la necesidad y el derecho de decidir sobre su propio
cuerpo”, olvidando que el feto o embrión que lleva en su seno no es
una porción de su organismo, sino un nuevo ser humano, con un
patrimonio genético propio que define su identidad personal. En el
caso del aborto la mujer no dispone de su cuerpo, sino que ejerce un
dominio arbitrario sobre una vida ajena.
También se
esgrime un supuesto “derecho a no nacer” como respuesta ante una
eventual colisión de valores, entre la vida del embrión o del feto y
la libertad y autodeterminación de la madre. ¿Quién sería el titular
de semejante derecho? En una nueva aplicación del principio
eugenésico, se piensa que los padres podrían ejercer ese derecho
(¿en nombre de su hijo?) si, informados por el diagnóstico prenatal,
consideran un daño que el niño nazca en condiciones desfavorables.
El derecho
argentino protege la vida del niño por nacer desde el momento de la
concepción; sin embargo, crecen continuamente las presiones para
obtener un cambio en nuestro ordenamiento jurídico que permita
legitimar el aborto, siquiera en algunas circunstancias. Se afirma,
además, que el programa de “salud reproductiva” que se intenta
aplicar contribuye a la defensa de la vida y es el remedio más
eficaz contra el aborto. Lo contrario es la verdad: existe una
estrecha conexión entre la mentalidad abortista y la práctica de la
anticoncepción, y es sabido que se distribuyen y usan
anticonceptivos que, en realidad, actúan como abortivos en las
primerísimas fases de desarrollo de la vida del nuevo ser humano
(cf. Juan Pablo II, Encíclica Evangelium vitae, número 13).
La Argentina
necesita que nazcan muchos niños, hijos de esta tierra, y que puedan
ser criados y educados dignamente por sus familias. En esto se juega
el futuro de la Nación.
Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata
Este
documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2467 del 31 de marzo de 2004 |