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CUARESMA REMEDIO EFICAZ PARA EL CONSUMISMO
Reflexión del arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, en
el programa
“Claves para un mundo mejor”, en su emisión del sábado 19 de febrero
de 2005
Me gustaría hablar hoy, en este momento televisivo, sobre un tema
que me parece que tiene que ver con el actual tiempo de la Cuaresma: el consumismo.
El consumo es un
elemento fundamental del proceso económico, que esta relacionado con
la producción, con el comercio y con la acumulación de riquezas o su
distribución y su uso. Pero, entre consumo y consumismo hay una
diferencia. Ese “ismo” casi siempre indica un defecto por
sobreabundancia o hasta una patología.
El consumismo es
precisamente un comportamiento patológico que muestra como,
generalmente inducidos por la publicidad, se va imponiendo una
necesidad ficticia de tener ciertas cosas, de consumirlas, de
disfrutarlas y casi siempre el protagonista o los protagonistas no
lo advierten y eso se va convirtiendo en un estilo de vida.
Una definición
domestica de consumismo podría ser que es el impulso a comprar lo
que no se necesita, con el dinero que no se tiene. Frecuentemente
ese impulso puede llevar también a endeudarse y esto pasa en todos
los niveles sociales. Es muy curiosa esta situación. La publicidad
en esto tiene una buena responsabilidad y no quiero ir, al señalar
esto, contra la publicidad en general, pero muchas veces hasta con
malas artes se la usa para imponer determinados productos.
Esta realidad va
invadiendo la mentalidad de la gente. Se puede conceder que la gente
que tiene mucho dinero para gastar podrá darse el lujo de tener
cosas exquisitas o de comprar lo superfluo pero también la gente que
no tiene tanto y aun los más pobres están ilusionados con la ropa de
marca y con algunas otras cosas que creen que son de uso común en
una sociedad que corresponde a la dignidad de un ser humano.
Todo esto va
desencadenando, sin que se advierta, una serie de sentimientos que no
son los mejores en el ámbito sociológico del consumismo. Aparece con
frecuencia el egoísmo, la envidia, el deseo de poder, la
suplantación del ser por el tener.
Se puede precisar
que, en el fondo, la filosofía del consumismo es ésta: el tener es
lo que hace a la verdad, al honor, a la grandeza, a la dignidad de
alguien y no el SER, no a que la persona verdaderamente vale por lo
que es, por lo que sabe, sino por lo que tiene y especialmente por
lo que es capaz de ostentar y consumir.
Por eso la
“patología consumista” se piensa no sólo en el estado individual
sino como ámbito de una comunidad o como estilo de vida de una
sociedad. Al ser así se puede pensar que esa va a ser una sociedad
indiferente para con la suerte de los más pobres. Es una sociedad en
la cual no va a importar este contraste pavoroso que se repite hoy
en casi todo el mundo y que los argentinos sufrimos con una penosa
resignación entre aquella poca gente que tiene de todo y aquella
mucha gente que no tiene nada y que sin embargo también queda
cautivada por esta ilusión del consumismo.
La práctica
cuaresmal del ayuno puede ser un remedio eficaz cuando el ayuno es
entendido en su sentido espiritual no sólo como la privación de
alimentos sino la privación de lo superfluo, de lo que no
necesitamos y aún de cosas que necesitamos pero no son tan urgentes
ni esenciales y que podemos poner en común y servirnos para hacer el
bien, para ayudar a quienes necesitan mucho más que nosotros.
En este sentido
va el espíritu de la Cuaresma que no consiste en prácticas que no
tienen sentido sino en aquellas que son capaces de transformar
nuestro corazón y ponerlo al servicio de nuestros hermanos, en
especial los que más nos necesitan.
Mons. Héctor Aguer,
arzobispo de
La Plata
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