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Disgusto y preocupación por una amenaza


Reflexión del arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, en el programa “Claves para un mundo mejor”, en su emisión del sábado 3 de setiembre de 2004



Ustedes se han enterado, seguramente, que el martes pasado se recibió en el Arzobispado de La Plata una amenaza contra mi vida. Yo no estaba en ese momento allí cuando llamaron pues me encontraba en una parroquia de la periferia de La Plata haciendo una visita pastoral de toda la semana.

Estuve allí como es mi costumbre. Cuando hago una visita pastoral a una comunidad, por lo general, ocupo siete días  y trato de conversar con todos, recorrer la zona y entrar en contacto con las realidades que rodean a la comunidad cristiana. Eso me permite, por tanto, tener un conocimiento más adecuado de la situación pastoral y poder así acompañar la acción evangelizadora de la Iglesia.

Ahora claro, al recibir una amenaza de ese tipo uno se siente un poco disgustado y preocupado. He hicimos la denuncia correspondiente como nos han aconsejado.

Al parecer, alguien se ha molestado por alguna cosa que he dicho. En realidad, los mejores testigos de lo que digo son ustedes porque si bien tengo muchas ocasiones de predicar o de hacer comentarios es sobre todo en esta columna televisiva semanal, en “Claves para un Mundo Mejor”, donde vamos desgranando ciertos temas importantes y muchas veces son temas de actualidad.

Ustedes saben muy bien que en esos temas de actualidad yo me permito recordar principios permanentes del orden natural, proyectar  sobre los acontecimientos la luz de la doctrina cristiana, sugerir un discernimiento de los hechos a partir de la Doctrina Social de la Iglesia, y en el último tiempo he estado comentado el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia que recientemente ha aparecido.

Como ven, en general, es lo que hacen todos los obispos cuando tienen que referirse a las situaciones que vivimos y que importa iluminar desde la Palabra de Dios para, desde nuestra tarea pastoral, poder acompañar a los fieles y a todo el pueblo argentino en momentos que no son fáciles.

Por otra parte, siempre me he referido al destino de nuestra Nación y a las posibilidades extraordinarias que tiene nuestro país, gracias a la Providencia y me parece oportuno recordar algo: es necesario que todos tratemos de identificar aquellos puntos, temas, problemas fundamentales de interés común y que sean el centro muy objetivo de un debate de esclarecimiento.

Pensemos que tenemos que lograr acuerdos sobre esos temas fundamentales y luego promover seriamente la concordia. Nuestro país seriamente necesita que todos sus habitantes, que todos sus hijos, con verdadero interés  por el bien común y con espíritu de concordia, tiendan hacia ese futuro que debemos prometernos, porque seguramente ese es el proyecto de Dios sobre nosotros.

Hoy he querido comentar con ustedes estas cosas que ha sucedido. Me parece importante haberlas clarificado. No hice muchos comentarios sobre este asunto que es ciertamente desagradable y nos preocupa a todos pero he querido que lo supieran de modo directo que es lo que ocurrió, ya que sábado a sábado mantenemos este diálogo. Ahora, como siempre, seguimos adelante.


Mons. Héctor Aguer,
arzobispo de La Plata



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