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EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA ES EL PUNTO DE REFERENCIA


Reflexión del arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, en el programa “Claves para un mundo mejor”, en su emisión del sábado 17 de setiembre de 2004



Hoy se me ocurrió comentar algo que vengo pensando y tiene que ver con la necesidad de orientación en tiempos tan confusos como los que vivimos, porque, en realidad, en todo el mundo se vive un clima de gran confusión.

Por eso un católico, un cristiano o una persona de buena voluntad que quiere acercarse a un reparo firme o tener un punto serio de referencia: ¿cómo hace, cómo hacemos para guiarnos en medio de tanta confusión?”

La primera guía la tenemos en el orden de la verdad, en el orden de la inteligencia, de la comprensión de las cosas y allí, los católicos tenemos como punto de referencia el Magisterio de la Iglesia. Concretamente la enseñanza del Papa, y de los obispos en comunión con él.

La enseñanza de la Iglesia está sintetizada en instrumentos que hoy se encuentran al alcance de nuestra mano como el “Catecismo de la Iglesia Católica”, con el recientemente publicado Compendio del texto. También el “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia” donde aparece toda una concepción del hombre, de la sociedad, del Estado, de la vida económica, de las relaciones que tienen que entablarse en una comunidad.

Allí encontramos el reparo firme, el punto de referencia para la comprensión de las cosas e, incluso, de acontecimientos complejos desde la luz de la Verdad pero también necesitamos el ejemplo, el modelo, la experiencia de vida que nos sea trasmitida.

Es ese modelo que nos haga más fácil tomar posición, encarar las dificultades de la existencia, tener una respuesta a mano, o saber orientar nuestras fuerzas interiores, nuestra relación con los demás. Aquí me parece que es donde debemos mirar el ejemplo y el modelo de los santos.

Son los santos los que nos acercan y nos hacen más vecino el modelo de Jesús porque son réplicas perfectas del Señor. Son ellos quienes han vivido con coherencia y plenitud, sin desfallecimientos ni traiciones, el ideal del Evangelio que es el proyecto de vida que el Señor nos ha dejado.

Y es bueno ver que los santos no se han hecho santos de golpe sino que han ido llegando a esa cumbre de la perfección que consiste en la plenitud del amor a Dios y al prójimo a través de mucho esfuerzo, mucho sacrificio, muchas negaciones. Se han ido haciendo cargo de lo que el Señor nos dice en el Evangelio “si  alguien quiere ser mi discípulo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga".

Entonces es aquí donde tenemos el doble reparo al que podemos referirnos cuando la confusión de las cosas nos hace trastabillar, vacilar demasiado, cuando nos deja  perplejos: la enseñanza que la Iglesia nos dispensa a lo largo de los siglos como intérprete  de la Revelación que tenemos condensada en el Catecismo y los otros instrumentos que he mencionado, y luego el modelo permanente de todos los santos. Y de los santos de todas las épocas y de esa legión maravillosa de santos y de beatos que durante el Pontificado de Juan Pablo II han enriquecido el cielo luminoso de la Iglesia.


Mons. Héctor Aguer,
arzobispo de La Plata



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