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EL CULTO A SATANÁS
SE ESTÁ CONVIRTIENDO EN IDOLATRÍA
Reflexión del arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, en el
programa
“Claves para un mundo mejor”, en su emisión del sábado
24 de setiembre de 2005
El satanismo, que es el culto de Satanás, se está
convirtiendo en una idolatría, una perversión del sentido religioso
innato en el hombre. Estos fenómenos existen y en Europa es bastante
conocido el caso de clubes donde se practican perversiones sexuales y
una especie de cultura juvenil subterránea donde reina la “ola
tenebrosa” de una música pesada, donde se exhorta al encuentro con el
demonio y a todo aquello que puede destrozar la imagen de Dios en el
hombre, en la criatura humana hecha a semejanza de Dios.
Esto puede parecer cosa de otro tiempo pero es
una realidad actual, actualísima. El demonio está siempre activo
porque es el tentador desde el principio, es el que procura hacer que
el hombre se aparte de Dios y que, en el fondo, se aparte de su
verdadero destino que es estar con Dios, vivir en la eternidad con Él.
El mismo nombre lo señala porque Satanás
significa el acusador, el adversario y el nombre diablo significa
aquél que se atraviesa en el designio de Dios y en la obra redentora
cumplida en Cristo.
A nosotros nos asombran estas diabluras
mayúsculas que llegan a la sangre y a la muerte pero en realidad el
diablo no necesita disfrazarse de diablo para obrar y para hacer que
el hombre se aparte de Dios y caiga en el pecado.
Incluso se ha dicho, con razón, que la victoria
principal del demonio es hacer creer que no existe.
Y más allá de estos fenómenos satánicos, donde
vemos la existencia de un satanismo culto o refinado en círculos
ligados al ocultismo o a cosas por el estilo, creo que la presencia
del diablo debe ser contemplada, hoy, en esa obra indirecta que él
realiza manejando –por decirlo así– ciertos fenómenos colectivos.
¿Qué es lo que induce, hoy, a tanta gente a
pecar, a apartarse de Dios, a olvidarse de Él, a vivir entregada a los
placeres, a concebir los proyectos más alocados? Muchas veces son las
modas que se difunden globalmente, son esa difusión masiva del error o
la mentira que se impone con prepotencia, la confusión del bien y del
mal, el que se promuevan actitudes contrarias a la naturaleza humana.
Es todo eso lo que va sirviendo a los designios del diablo.
Más en general podemos decir que el
demonio en
su acción va ocupando sitios vacíos. Allí donde Cristo no está
presente allí se le ofrece campo abierto. Esta es la cuestión porque
el demonio no es omnipotente ni mucho menos y aquello que puede
detenerlo es Cristo, la Cruz de Cristo, su gracia y su amor.
Mons. Héctor Aguer,
arzobispo de La Plata
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