Hoy
comienza la gran Peregrinación Juvenil a pie a Luján que, el primer
fin de semana de octubre, convoca a una multitud que se encamina a
ese lugar que es uno de los polos marianos de la Argentina.
Es
notable comprobar que, en los últimos días, se ha dado un gran
movimiento de fervor mariano en el Milagro de Salta, en San Nicolás
y ahora hacia Luján donde se espera una multitud.
Es
interesante el caso de Luján porque allí se verifica algo muy
misterioso y muy bello que tiene que ver con la más pura
espiritualidad católica y que es el fenómeno de la peregrinación.
La
peregrinación es uno de los gestos penitenciales más antiguos que la
cristiandad ha repetido incesantemente. Al principio se peregrinaba
a los Santos Lugares de Jerusalén, después a los grandes Santuarios
que han ido jalonando la historia del cristianismo. Y aquí en la
Argentina tenemos también estos centros marianos como el Valle de
Catamarca, el Milagro de Salta, el de Itatí en Corrientes y Luján
aquí cerca de Buenos Aires.
La
peregrinación es un gesto penitencial porque no se trata simplemente
de hacer deporte y probar nuestro estado físico para ver si llegamos
y como llegamos a Luján sino que se trata de una marcha orientada
hacia Dios que quiere suplicar el perdón de nuestras faltas y la
gracia de un amor más creciente en nuestro corazón para vivir con
mayor fidelidad a Jesucristo.
Es
un gesto penitencial y la orientación a Dios nos está recordando que
nuestra vida es una peregrinación, un caminar hacia la Casa de Dios,
Nuestro Padre, por eso está marcha juvenil está polarizada por estos
valores profundamente cristianos.
Y en
este año creo que también debemos destacar el lema que se ha elegido
y que ruega “Madre, enséñanos a cuida la vida”, que es algo muy
oportuno en este tiempo.
¿Cuántas veces hemos hablado en este espacio televisivo de este
tema? El cuidado de la vida y, en especial, de la vida naciente.
Estamos continuamente sobre ascuas acerca de las posibilidades de
que avancen criterios abortistas que luego se conviertan en leyes.
Pero también es mirar la vida de los ancianos o de los enfermos
terminales pues allí también la sombra de la eutanasia muchas veces
se insinúa en los pasillos de nuestras legislaturas.
Pero
este pedido a la Virgen de Luján nos llama a pensar en la vida en
toda su dimensión: cuidar
la vida de los niños en las familias, cuidar la vida precaria de
aquellos que viven sumergidos en la pobreza y la marginalidad,
cuidar la vida de quienes no pueden recibir educación, el aprecio de
la vida porque el segmento más o menos breve de nuestra existencia
temporal está orientado hacia Dios y es como el receptáculo de una
vida más alta, de la gracia de la filiación adoptiva, de la gracia
de la comunicación que Dios nos hace de su propia vida.
¿Y
quien mejor para enseñarnos a cuidar la vida que la Madre de Dios,
aquella
que
recibió la vida de Dios, la guardó en su Purísima Entraña y la cuidó
para darnos la Vida?. La Santísima Virgen, Nuestra Señora de Luján,
cuidó la vida de Cristo, el Hijo de Dios hecho Hombre, para
dárnoslo, para que Él pudiera dársenos como víctima de
reconciliación por nuestros pecados para la salvación del mundo.
Por
todo esto quiero saludar a todos los peregrinos que hoy caminan
hacia Luján y pedirles a quienes se quedan en sus casas que los
acompañen con su oración. Que todos pidamos a la Virgen Santísima
que efectivamente nos enseñe y ayude a cuidar la vida y a ser
pregoneros de esa vida que tiene su origen en Dios y su fin también
está señalado en Dios.
Mons. Héctor Aguer,
arzobispo de La Plata