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UNA AUTÉNTICA EDUCACIÓN PARA LA VIDA SOCIAL


Reflexión del arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, en el programa
“Claves para un mundo mejor”, en su emisión del sábado 22 de octubre de 200
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Varias veces, en este espacio televisivo, hemos estado comentando pasajes del “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia” que ya está en uso frecuente entre nosotros. En este libro aparecen señalados cinco principios de nuestra enseñanza social: el principio de bien común, el destino universal de los bienes, el principio de subsidiariedad, la participación y la solidaridad.

Me gustaría detenerme hoy, ante el proceso electoral, en lo que el Compendio dice acerca de la participación que está referida a la participación en la vida social en todos sus órdenes. La describe diciendo que “se expresa esencialmente en una serie de actividades mediante las cuales el ciudadano como individuo o asociado a otros, directamente o por medio de sus representantes contribuye a la vida cultural, económica y social de la comunidad civil a la que pertenece.

Afirma que “la participación es un deber que todos han de cumplir concientemente, de modo responsable y con vistas al bien común”. En realidad estas afirmaciones tratan de lo que debiera ser la vida espontánea, natural, de cualquier comunidad civil sólo que, a veces, desgraciadamente, hay ciertos factores que hacen dificultosa esta participación.

Eso es lo que el Papa Juan Pablo II llamaba la “subjetividad de la sociedad” que es que la sociedad como conjunto sea sujeto de la vida social y no un objeto manipulable por el poder de turno. Surgen preguntas lógicas sobre cuales son esas dificultades y uno puede pensar, rápidamente, en la falta de educación o su decadencia, esos momentos en los cuales la cultura de una comunidad aparece como ofuscada, la marginalidad, la pobreza extrema, y otras que hacen difícil esa participación responsable.

Por eso es necesario estar muy atentos a estos fenómenos porque de ellos depende la calidad de vida de una comunidad determinada.

Por otra parte “El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia” hace notar también los defectos en la participación y sus consecuencias al señalar que “una consideración cuidadosa merece todas las posturas que llevan al ciudadano a formas de participación insuficientes e incorrectas” y destaca una que “es en los intentos de los ciudadanos de contratar con las instituciones las condiciones más ventajosas para sí mismos casi como si éstas estuviesen al servicio de las necesidades egoístas.

Aquí pareciera que un defecto de participación sería que los ciudadanos contraten con las instituciones beneficios egoístas, personales. Es la contraparte del clientelismo de lo cual se habló durante estos días con motivo de nuestras campañas electorales.

Una consecuencia inmediata de este fenómeno defectuoso –explica el “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia”– es el desinterés por la vida política”. A lo mejor hay participación en otros sectores de la vida civil pero hay un desinterés por la participación propiamente política. O bien que la participación se limite a la expresión de la opción electoral y muchos casos se llega a la abstención.

Este es un problema en la Argentina. Tal vez lo que se quiere decir es que aquí hay una especia de insatisfacción en un aspecto fundamental que tiene que ver con la plena realización de una comunidad. Me parece que el reclamo que se viene haciendo, desde hace varios años, de una reforma política auténtica no han sido debidamente satisfechos y por tanto sufren las instituciones de la República.

¿Cómo se restaura todo esto? No es fácil. No se puede dar una receta. Aquí tienen que iniciarse y sostenerse en el tiempo un camino de auténtica educación para la vida social.


Mons. Héctor Aguer,
arzobispo de La Plata


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