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GRAVE DENUNCIA DE MONS. AGUER SOBRE CORRUPCIÓN DE MENORES


Reflexión del arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, en el programa
“Claves para un mundo mejor”, en su emisión del sábado 29 de octubre de 200
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Ustedes recordarán que, hace un tiempo, cuando en el Congreso de la Nación y en algunas legislaturas provinciales, se discutían proyectos de ley de salud y educación sexual y procreación responsable y otros nombres por el estilo, nosotros manifestamos nuestra preocupación.

Hubo mucha gente que se preocupó de las consecuencias que podían seguir a ese marco legal. Las consecuencias están a la vista y pueden comprobarse frecuentemente y me gustaría, hoy, hacer mención a un caso que es paradigmático y que ustedes pueden multiplicarlo por cientos o por mil.

Es el caso de una escuela de gestión estatal, chicos de trece años y aparece una persona que representa o es enviada por alguna de esas instituciones o centros que se dedican a la prevención y educación en salud y sexualidad. Les habla a esos chicos presentándoles la sexualidad como un juego donde los chicos tienen que hacerse cargo de esa dimensión lúdica del sexo.

Hay que jugar con el sexo y desmitologizar las consecuencias que frecuentemente se le adhieren a esta realidad humana tan entrañable. Para eso, les dice a los chicos que  tienen que “vacunarse”…. ¿Y cuál es la vacuna? Lo que les propone como supuesta vacuna es para los varones el preservativo y la persona que da la clasecita, señalando que el sexo es un juego asimilable a otras funciones orgánicas, les reparte un preservativo a cada uno. No lo hace para que lo usen en ese momento pero sí para que lo estiren, lo inflen y se acostumbren a él.

A las chicas les presenta toda la gama de métodos anticonceptivos que existen y les dice que ellas tienen derecho a ir a un hospital y colocarse un dispositivo intrauterino sin necesidad de que sus padres se enteren.

¡Esto que les cuento está ocurriendo. No lo estoy inventando!... Me pregunto y les pregunto: ¿qué nombre hay que darle a eso? ¿Así es como se están preparando las futuras generaciones argentinas? En lugar de enseñarles a los chicos a dominar sus impulsos, a canalizarlos, a hacer una referencia a la sexualidad como aquello que le da pleno sentido que es el amor, la transmisión de la vida y, por tanto, la constitución de la familia mediante el matrimonio.

¡Esto no puede llamarse educación sexual porque de educación no tiene nada! Es sólo instrucción descaminada e inicios de corrupción. Habría que decir que se trata de una corrupción legal. Y digo legal porque existe un marco legal que, desgraciadamente, lo autoriza y se trata de una invasión intolerable de los derechos de los padres respecto de la educación de sus hijos. Les recuero que estoy hablando sobre el ejemplo de chicos y chicas de trece años.

Aquí se juega una cosa muy delicada y muy grave. Me parece que tenemos el derecho de hablar de corrupción porque aquí se está desviando la orientación de los chicos de una vida verdaderamente sana. Además se los está engañando haciéndoles creer que esta “vacuna” es válida cuando uno sabe perfectamente cuales son las consecuencias.

Aquí hay una incitación, dicho con palabras un tanto anticuadas, a la fornicación, a la lujuria, a la promiscuidad y a todo aquello que disuelve a la persona y, en definitiva, disuelve a la familia y a la sociedad.

Todo esto ocurre al amparo de las leyes. Los padres de familia que están escuchando y conocen todo esto tienen que hacer todo lo posible por enterarse que se enseña a sus hijos en los colegios. Y digo en todos los colegios no sólo en los estatales sino también en los de gestión privada y aún en aquellos del sistema educativo católico.

Al enterarse y ver de que se trata, si ven que pasan cosas como estas los padres tienen el derecho de presentar amparos ante la justicia porque no es posible que se obre de esta manera. Nadie dice estas cosas que suceden. Las leyes se aprobaron y, entonces, esto es lo que ocurre. Yo quiero llamar, otra vez, la atención sobre esto tan delicado que hace a la educación de nuestros chicos. Hasta el próximo sábado si Dios quiere.


Mons. Héctor Aguer,
arzobispo de La Plata


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