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LA FUNCIÓN
DE LOS LAICOS
es fuera de las sacristías
Entrevista
a monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, difundida por la
Universidad Católica de La Plata, con motivo del reciente Congreso de
Laicos 2005 - 2010 “Hacia la Argentina del Bicentenario”, que organizó
la Conferencia Episcopal Argentina del 7 al 10 octubre
de 2005
-¿Cree que la
dinámica de los laicos en la Iglesia ha retrocedido?
-En la historia
reciente, una participación activa del laicado en la vida de la
Iglesia es larga: Pío XI, con la creación de la Acción Católica, dio
un paso fundamental y la idea originaria, si no interpreto mal la
mente de Pío XI, era que la Iglesia preparara con profundidad a los
laicos para que estos, en su ambiente, fueran apóstoles que intentaran
llevar el mundo a Dios.
-¿Cuál era entonces el criterio de Pío XI?
-Intentaba
otorgarle capilaridad a la acción de los laicos en las distintas
estructuras sociales. Pensaba en un apostolado eminentemente
religioso, no en una presencia puramente social o política. Buscaba
una formación óptima del laicado para que este pudiera dar testimonio
de su condición cristiana también en esos órdenes, con extensión a la
vida empresaria, laboral, científica.
-¿Eso significó la ampliación de la Acción Católica?
-Efectivamente, se
bifurcó en ramas diversas. Hago esta referencia porque aquí, en la
Argentina, la Acción Católica tuvo un papel preponderante.
-Que ha decaído.
-Perdió ese papel,
pero surgieron otras instituciones de la Iglesia y otros movimientos
que se han ido desplegando, especialmente a partir del Concilio
Vaticano II, durante el pontificado de Juan Pablo II, que presentan un
arco notable de posibilidades de participación a los laicos.
-Pero esa participación tiene un ámbito.
-Así es. Me parece
que en muchos ambientes se ha pensado en una colaboración de los
laicos en funciones intraeclesiales: litúrgicas, misioneras,
apostólicas. Y eso es importante, pero creo e insisto de un modo muy
neto: el lugar del laico no es la sacristía sino el mundo.
-¿Tal vez la merma en las vocaciones sacerdotales haya causado la
búsqueda de laicos para funciones de reemplazo?
-Efectivamente.
Pero eso es una idea equivocada, porque el laico tiene su
participación en la vida de la Iglesia haya muchos o pocos sacerdotes.
Tanto el Concilio Vaticano II, como el Papa Juan Pablo II, han
insistido mucho en esto: Le corresponde a los laicos la gestión de los
asuntos temporales y es allí donde deben dar testimonio.
-¿Cuál es el camino?
-Me parece que el
laicado debe prepararse por sí –porque no se trata de adoptar
actitudes paternalistas– para hacer presente a
la Iglesia allí donde se gestan las nuevas vigencias culturales. Y
creo que en la Argentina ese es el problema capital. Este Congreso se
realiza en conmemoración de otro de valor histórico. Y si uno compara
ha habido épocas en que el laicado católico, con independencia de su
número, tuvo un papel importantísimo en la cultura nacional.
-¿José Manuel Estrada, por ejemplo?
-Sí, por ejemplo,
de los católicos del 80 en el siglo XIX. También en otra época se
produjo el auge de la Acción Católica Argentina, en los años 30, 40 y
50. Pienso en los Cursos de Cultura Católica que han sido, antes de
que existiera la Universidad Católica Argentina, el ámbito en el cual
los laicos se formaban con libertad, independencia y al mismo tiempo
producían, culturalmente hablando; influían en el pensamiento
político, en la orientación de las costumbres. Tenían presencia
pública.
-Como parte laica de un movimiento de fe.
-Sí, exactamente.
El movimiento de los laicos no puede ser arrastrado a enfrentamientos
de la política de coyuntura. Sería penoso que volviéramos a esas
dialécticas del pasado. El momento eclesial y el momento que vive el
país piden otra vez una unidad del laicado católico. Y no una unidad
que pueda ser concebida en términos unívocos, como unidad de
pensamiento sobre cuestiones contingentes, sino en cosas
fundamentales. No se trata, hoy día, de politizar al laicado, que
sería por otra parte imposible, sino de hacerle comprender el papel
que debe desempeñar en la cultura nacional. Cuando digo que al laico
le corresponde hacer presente la Iglesia allí donde están las nuevas
vigencias culturales, pienso que no existe ya un laicado católico
identificable en el mundo de la política, ni en el de la economía, ni
en el empresario, ni en la cultura universitaria a pesar de ciertas
mínimas excepciones.
-¿Qué espera usted de este Congreso de Laicos?
-Tal como se lo ha
preparado, no puede dar frutos inmediatos, sino orientar las cosas
hacia una clarificación del papel del laicado e ir hacia un diálogo
más fecundo que pueda ayudar al logro de una unidad. El Congreso se ha
puesto por meta reflexionar también acerca de la Argentina del
Bicentenario.
¿Qué importancia tiene eso?
-Aquí incurrimos
otra vez en el gran problema de la Argentina, que es pensarse a ella
misma.
¿Qué podemos
aportar nosotros en este momento de la vida nacional un futuro para la
Argentina? Será proyectándolo y poniendo los elementos para que ese
futuro se haga realidad.
-Pero no para un mañana del calendario.
-Desde ya. No
espero del Congreso frutos inmediatos. Creo que si en las diversas
áreas de reflexión o de discusión que se abran, se puede llegar a
identificar los auténticos problemas, se habrá logrado ya mucho.
Deberá determinar qué aportes netamente cristianos se pueden hacer a
favor del país.
-¿Cuál es el nudo de esto?
-La cuestión
fundamental está en que nos demos cuenta de que si bien existen laicos
católicos de óptima formación y que trabajan muy bien en distintos
ambientes e instituciones de la Iglesia, podemos decir que no existe
un laicado identificable.
-Diga un ejemplo.
-Veamos: décadas
atrás, ante un episodio importante de la vida pública, la Acción
Católica daba una declaración y eso tenía un peso notable; hoy no hay
nadie que pueda hacer lo mismo en el orden del laicado.
-Pero el contexto histórico ha cambiado.
-Si y por eso no sé
si lo que corresponde es recuperar aquel protagonismo. Pero hoy no
existe un laicado con una personalidad propia. Por eso desde La Plata,
hemos hecho lo posible para la participación y se han logrado cosas
muy positivas totalmente en manos de los laicos.
-¿Por ejemplo?
-A través de la
Pastoral Social, a la que le hemos dado la condición de trabajo
exclusivo de los laicos. De manera que el referente sea uno mismo. En
las Semanas Sociales procuramos suscitar reflexión sobre los grandes
problemas del país, a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia. Se
ha incorporado mucha gente a esta tarea de las Semanas Sociales y que
no pertenecen a instituciones de la Iglesia. Por ejemplo, programas
completos que están en curso: Manos Unidas, con préstamos a mujeres de
escasos recursos; los Centros de Atención Integral a la Familia que se
establecen ahora.
-Y usted espera lo mismo del Congreso Nacional.
-Si se trabaja así,
se lograrán cosas como estas. Se llegaría a una transversalidad, por
decirlo así, si el laicado católico de las distintas diócesis se
propone efectivamente que la Doctrina Social de la Iglesia pueda
concretarse en la vida nacional.
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