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GLOBALIZACIÓN: BENEFICIOS PERO TAMBIÉN MARGINALIDAD


Reflexión del arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, en el programa “Claves para un mundo mejor”, en su emisión del sábado 5 de noviembre de 2005

  

Pensando en la Cumbre de las Américas que se realiza en Mar del Plata se me ha ocurrido hablar sobre el tema de la globalización. Este tema ha dado mucho que hablar en estos años y es difícil definirlo con exactitud.

El proceso de globalización sería un proceso de interconexión financiera, económica, social, política y cultural acelerado en las últimas décadas a causa de la multiplicación de las comunicaciones y de la incorporación institucional de tecnologías de la comunicación. Al parecer el proceso de globalización lleva al mundo a una unidad y uno podría suponer que esa unificación de los pueblos puede favorecer relaciones más humanas y hasta promover la búsqueda acorde del desarrollo. Esto es prometer un futuro de justicia y de paz. Sin embargo las cosas no san tan así.

 Hay que reconocer que los cambios que se han ido produciendo han mostrado divisiones tremendas, conflictos que no se aplacan y algo hasta peor, diría, que tiene que ver con el hecho de la globalización, que es que existen globalizadores y globalizados.

 Hay quienes se han beneficiado con la globalización pero también se ha creado una enorme marginalidad que afecta a comunidades, regiones, culturas enteras. Hay pueblos enteros que ha quedado marginados fuera de esa globalización como si no existiera.

 Esta realidad hace que comprendamos que el proceso de globalización requiere un discernimiento muy cuidadoso para ver cuales son sus ventajas y cuales son sus problemas. Me parece que, pensándolo bien, sólo se puede entrar en ese proceso si se tienen las cosas más o menos clara.

 La fórmula de la globalización podría ser esta: Que seamos un mundo de patrias donde se respete la identidad de cada Nación y su soberanía integral porque resulta que junto con ese camino de unificación de todos los órdenes se da también la imposición de un modelo cultural profundamente inhumano.

 En cuanto a nosotros, argentinos, en los últimos años se nos ha hablado de que no podemos caernos del mundo, que debemos integrarnos en él y creo que es así pero la cuestión es que tengamos un proyecto nacional en el cual nos pongamos verdaderamente de acuerdo y que trabajemos en una integración regional con nuestros hermanos más cercanos de América Latina. Entonces sí podemos llegar a pensar que el proceso de globalización puede traernos algún bien. Son cosas que tienen que ser objeto de una muy cuidadosa reflexión.


Mons. Héctor Aguer,
arzobispo de La Plata


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