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VIVIMOS MOMENTOS DE ANGUSTIA SOCIAL
E INCERTIDUMBRE POLÍTICA


Invocación religiosa, pronunciada por el obispo de Mar del Plata, monseñor José María Arancedo, en el tedéum celebrado el 25 de mayo de 2001 en la catedral de los Santos Pedro y Cecilia.


1.
Al cumplirse un nuevo aniversario del nacimiento de nuestra Patria venimos a agradecerle a Dios el camino de nuestra historia, que con el esfuerzo y la grandeza de nuestros mayores, dio origen a nuestra comunidad nacional; pero venimos también a elevarle una plegaria y a renovar nuestro compromiso para recrear las condiciones que permitan acrecentar los lazos de solidaridad, que aseguren nuestra identidad de nación y el crecimiento equitativo de una comunidad de hombres libres e iguales en su dignidad y derechos. Este fue el sueño de nuestros ma-yores y es hoy un reclamo de nuestra Patria. Vivimos momentos de angustia social e incertidumbre política, que se expresa en la persistencia y extensión de la pobreza como en el desconcierto de la cla-se dirigente. En estos momentos de crisis se hace im-prescindible recordar que cuando la escala de valo-res pierde la fuerza vinculante de una exigencia mo-ral, tanto en lo que hace a la conducta personal como en el ejercicio de las instituciones, peligra la salud espiritual e integridad social de una comunidad.


2.
En el reciente documento del episcopado argentino, al analizar la realidad y preguntarnos acerca del proyecto de país que oriente y sostenga la esperanza de nuestro pueblo hacíamos un llamado, especialmente a los dirigentes, a asumir una actitud de grandeza y de conversión personal para evitar "el creciente divorcio con el pueblo" y revertir, con la urgencia de una política de Estado, la creciente brecha entre ricos y pobres, "dejando de lado, para siempre, la búsqueda de privilegios personales o sectoriales". Es importante recobrar el sentido de la autoridad como principio de unidad en la realización del bien común y la administración de la justicia, pero no debemos olvidar que sólo la autoridad cuando se la vive y ejerce como un servicio, se purifica de la tentación de la impunidad y da sentido ejemplar al ejercicio del poder. Es necesario además, concluíamos, "recrear la política como principal instrumento de gestión del bien común, de modo tal que sea ella la que dirija y encauce también a la economía en el marco de las instituciones republicanas vigentes". (San Miguel, 12 de mayo de 2001). Aquí cobra todo su valor moral y nobleza la política como expresión eminente de caridad social al servicio de una comunidad, que ha depositado en ella la esperanza de un proyecto que hace al crecimiento, la integridad y la paz de la República.


3.
Esta lectura de la realidad que nos duele como argentinos, tiene que ser hoy un desafío y una oportunidad de cambio. Lejos de todo enfrentamiento estéril debemos buscar espacios de encuentro que nos permitan crear las condiciones que posibiliten preservar la dignidad, la seguridad y el bienestar de todos los argentinos. Por ello es necesario rehacer nuestra cultura, recuperando los valores que nos dieron existencia como nación, para lograr un crecimiento sostenido y solidario que privilegie a los más necesitados. A la pobreza la podemos considerar como el número de una encuesta, pero el pobre es una persona que nos exige una respuesta. Por todo esto, Señor, al celebrar este nuevo aniversario de nuestra Patria, queremos pedir tu protección y tu luz para ser cada uno de nosotros y desde el lugar que ocupemos, testigos esperanzados y comprometidos en la construcción de una comunidad que crezca sobre la solidez de la verdad, el bien de la solidaridad y la equidad de la justicia, para rehacer así las bases morales que sostengan la identidad e integridad de nuestra nación.


Mar del Plata 25 de Mayo de 2001.

Mons. José María Arancedo, obispo de Mar del Plata


Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2320 del 6 de junio de 2001


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