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25 DE MAYO


Invocación religiosa de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, pronunciada durante la Liturgia de Acción de Gracias por la Patria el 25 de mayo de 2005 en la Catedral Metropolitana



1. Cada año nos convoca este día para celebrar un nuevo aniversario de nuestra Patria. Venimos a expresar nuestra gratitud a Dios y a fortalecer nuestros lazos de pertenencia como argentinos, pero también a revitalizar aquellos ideales que nos vieron nacer. Es nuestra historia la que nos convoca. Qué importante es recuperar el sentido de estas fechas patrias como acontecimientos que nos definen por encima de nuestras diferencias. Es necesario que valoremos el significado de ser una Nación como realidad que nos pertenece y expresa en la unidad, desde la rica e histórica diversidad de sus miembros e instituciones. Cuando decimos: "Queremos ser una Nación", miramos a esta realidad superior, estable y permanente, que no se identifica sino que trasciende la necesaria de función de gobierno en la conducción del Estado. El compromiso con esta verdad reclama el camino del diálogo sincero en el marco de nuestra Constitución y en el respeto de sus leyes e instituciones como de la ejemplaridad de toda su dirigencia que es un testimonio de docencia moral y cívica.   


2. Señor, desde nuestra ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz y en el ámbito religioso de la Iglesia Catedral, símbolos vivos de nuestra historia, nos hemos reunido para elevar nuestra oración de Acción de Gracias a Dios por el don de la Patria y expresar, al mismo tiempo, nuestra vocación y deseo de trabajar por su bien y unidad. Sabemos que todo don recibido es sólo una parte en la realización de una vocación, ella necesita para alcanzar su plenitud del compromiso con una misión asumida. No hay vocación de País sin el sentido de una misión común que nos involucre. Este recobrar la dimensión vocacional de País, desde el significado y la exigencia de una misión a cumplir en el marco de la democracia, es una tarea que nos urge y compromete a todos. La Patria no necesita solo de la fragilidad de triunfos inmediatos, sino de actitudes y proyectos que nos integren y aseguren la unidad de todos los argentinos, desde la propuesta de grandes objetivos que definan nuestro camino como Nación. Se trata de un desafío que requiere gestos de magnanimidad y sabiduría política para afianzar los lazos de pertenencia y amistad social.


3. Señor, en este año electoral te pedimos por nuestra Patria y por la responsabilidad cívica de todos sus ciudadanos. De modo especial por quienes se sienten  llamados, desde diferentes opciones partidarias, a ejercer las funciones de gobierno en el marco de nuestra Constitución. El bien de nuestra Patria reclama de ellos la austera conciencia de una vocación, que purifica y eleva el ejercicio del poder como servicio al bien común. Señor, ellos necesitan de Ti, porque Tú eres, como lo han confesado nuestros mayores: "la fuente de toda razón y justicia". Tu presencia es fundamento y garantía en nuestra tradición constitucional de los valores de la vida, de la justicia y de la paz. Te pedimos, también, por aquellos hermanos nuestros que aún hoy viven el dolor y  la injusticia de la pobreza; ellos necesitan de nuestra solidaridad y de la dignidad del trabajo, para integrarse y participar en los bienes de la sociedad y así fortalecer los vínculos de su familia, como primera escuela en la formación de nuestros niños, que son hoy la riqueza más frágil y amenazada en nuestra sociedad.


4. Señor, que este 25 de Mayo disponga nuestro espíritu para preparar la celebración del Bicentenario de nuestra Patria. Que el contemplar esta fecha, ya cercana, nos impulse a ir fijando metas que nos permitan alcanzar la madurez de una sociedad reconciliada, más equitativa y sin excluidos. Sabemos que Tú escuchas la oración de tus hijos, pero también sabemos que nos has creado libres y responsables, por ello es que dependemos de nuestra decisión y compromiso. Ayúdanos a descubrir nuestras debilidades y a valorar nuestras riquezas, para recrear juntos las condiciones que nos permitan avanzar en el desarrollo humano y espiritual de todos los hombres y mujeres de nuestra Patria. Danos humildad en el servicio, fortaleza en la adversidad y grandeza para encontrarnos desde el respeto por la diversidad que nos enriquece, en la unidad y en la certeza de sentirnos miembros y participar en una misma vocación de País. Amén.


Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz



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