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INVOCACIÓN RELIGIOSA
Invocación religiosa de monseñor José María Arancedo, arzobispo de
Santa Fe de la Vera Cruz, en la liturgia de acción de gracias por el
aniversario de la Independencia (Catedral Metropolitana de Santa Fe -
9 de julio de 2004)
Queridos
hermanos:
1.
Celebramos con gratitud un nuevo aniversario de nuestra Independencia.
Hoy se escuchó en Tucumán aquel: "Declaramos solemnemente a la faz de
la tierra que es voluntad unánime...investirse del alto carácter de
nación libre e independiente...". El acta de la Independencia
reconoce, en este día, una fecha que se convirtió en hito histórico, y
al cual siempre debemos volver; la nación, en cambio, nos habla de una
voluntad actual y de un futuro: somos una comunidad que siempre está
en camino de ser nación. Un pueblo crece cuando en él se perciben
valores y actitudes que expresan un sentido de pertenencia y una
responsabilidad de todos por el bien común. Hoy venimos a agradecer
nuestro nacimiento como nación y a comprometernos con su futuro.
2. Nuestra
Patria vive un año electoral. Qué importante es recobrar el
significado original de la palabra política, que proviene de "polis",
ciudad, nuestra ciudad y que dice, por lo mismo, una relación
inmediata con el hombre. Cuando la política se independiza de esta
raíz, cuando pierde contacto con este "humus" fecundante que es el
hombre y la ciudad, pierde no sólo su significado sino también su
nobleza. La política es construir la ciudad del hombre a la medida del
hombre. Cuando ella, en su justa diversidad partidaria, está al
servicio del hombre y de sus intereses alcanza un grado de compromiso
y de eficacia, que la preserva de esa pobre e infecunda gimnasia del
poder, para convertirse en un honesto y fecundo arte del bien común.
La ciudad tiene un alma que hay que saber escuchar; no siempre expresa
sus necesidades, heridas y temores por la palabra agresiva, o la
promesa hueca, muchas veces lo hace con sus silencios y preguntas,
sobretodo cuando presiente el deterioro en su calidad de vida y busca
defender la equidad social de sus miembros, esto exige una cercanía
cordial y solidaria para descubrir, sanar y acompañar sus legítimas
aspiraciones. Te pedimos, Señor, por nuestra clase dirigente para que
viva la urgencia de encontrar proyectos y políticas de estado que
eleven el nivel y calidad de vida.
3. La
cultura de un pueblo es un bien que debe ser tutelado, en toda
formulación legislativa o expresión jurídica, por aquellos principios
superiores que tienen un valor absoluto. Estoy pensando en el valor y
en la tutela de la vida que nace. Cuando la libertad se disocia de la
verdad y pretende constituirse en norma creadora de la moralidad la
cultura se empobrece y al hombre se lo debilita. Hay en la vida moral
una "relación esencial y constitutiva entre la libertad humana con la
verdad" (Veritatis Splendor, n. 8). Lo que está en crisis no es solo
el alcance de la pregunta moral: "que debo hacer", sino la fuente
constitutiva de la moralidad, que no depende solo de la apreciación
subjetiva, sino de la respuesta libre del hombre a las exigencias y
derechos de la verdad que lo trasciende. La vida pertenece al ámbito
de la verdad moral, sobre la cual no existe ningún derecho de dominio
ni de destrucción. Estamos ante un hecho que no es sólo religioso,
sino que hace a la verdad moral de todo hombre y que reclama la
responsabilidad tutelar de sus dirigentes.
4. Esto te
pedimos, Señor, desde nuestra amada ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz
al celebrar un nuevo aniversario de nuestra Independencia. Que Nuestra
Madre de Guadalupe nos acompañe para fortalecer nuestros lazos de
amistad social y compromiso con nuestra comunidad a la cual debemos
servir. Amén.
Mons. José
María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz |