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EL
MARAVILLOSO DON DE LA VIDA
Declaración de los Obispos de la región de Cuyo
(3 de marzo de 2005)
La vida es un don precioso de Dios y el primero de los Derechos
Humanos. Un cristiano de verdad, un argentino de ley o cualquier
hombre o mujer de buena voluntad, han de ser siempre defensores de
esta primordial dignidad de la persona humana. Atentar contra la vida
significa despreciar de lleno su dignidad y todos sus derechos.
El
mandamiento de “no matar”, expresado en la ley de Dios, es muy claro.
El hombre también lo descubre grabado en su propia conciencia.
Asimismo, desde el antiguo juramento hipocrático de los profesionales
de la salud, hasta el sentido común del hombre sencillo, dan
testimonio del valor de toda vida humana y del cuidado que ella
merece. Nuestro propio orden jurídico es expresión de una clara opción
por la vida. A su vez, los datos de la ciencia recuerdan que, desde el
instante de la concepción, el nuevo ser ya posee su propio documento
genético de identidad –el ADN– distinto del de la madre o del padre.
Atentar contra esa vida es procurar la muerte de un ser humano: el más
indefenso e inocente de todos.
La
reciente propuesta de “despenalizar” el aborto debe entenderse como lo
que es: autorizar la matanza de niños inocentes que aún no han visto
la luz del sol. Este es el punto central de la cuestión, aunque haya
quienes procuren desviar frívola o intencionadamente la atención hacia
otros aspectos. Nos parece muy grave para el país, que algunos
encargados de velar por la implementación de las políticas de
protección de la salud y de la vida, en el ámbito nacional, propongan
legalizar el homicidio de los más indefensos.
Ante esta
situación, los Obispos de Cuyo queremos reafirmar la enseñanza de la
Iglesia Católica a favor de toda vida humana. Entre los delitos contra
la vida, el aborto procurado tiene un carácter particularmente grave.
A veces, la defensa de la vida trae como respuesta agresiones y
ataques, que no nos harán cambiar de actitud frente a una cuestión tan
fundamental para la dignidad humana.
Queremos
alentar a los cristianos y a los hombres de buena voluntad a apostar
por la dignidad de toda vida humana, aunque algunos gobernantes
prefieran rebajarse ante las presiones de poderosos organismos
mundiales, que tanto daño han hecho con sus propuestas de una cultura
que no es de vida sino de muerte. Seamos valientes a la hora de
defender el maravilloso don de la vida.
San Juan, 3 de marzo de 2005.
Mons.
José María Arancibia,
arzobispo de Mendoza
Mons.
Alfonso Delgado,
arzobispo de San Juan
Mons.
Fabriciano Sigampa,
obispo de La Rioja
Mons.
Jorge Lona,
obispo de San Luis
Mons.
Eduardo María Taussig,
obispo de San Rafael |